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Miércoles, 21 de Febrero de 2018
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La crónica de hoy: El puro brincadero

Los tiempos se llegaron, y los funcionarios del gabinete estatal, con aspiraciones de novillero, tienen que renunciar ya a sus cargos, pues así lo marca la ley electoral.

Al momento de mandar esta columna a la redacción el gobernador, que había anunciado que los cambios se darían a conocer a las siete de la mañana del lunes, cambió de opinión y prefirió hacerlo a las siete de la noche, por tanto nada de lo que aquí le digo es oficial, aunque sí muy posible.

El secretario de Educación, Adolfo Mota Hernández, deja la SEV y en su lugar entra Flavino Ríos Alvarado. El exsecretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón, que se había venido desempeñando como titular de la SIOP, regresa al puesto que lo vio nacer en el seno del priísmo, es decir, otra vez será secretario de Gobernación.  El coordinador de Comunicación Social, Alberto Silva Ramos, deja su cargo para contender por un puesto de elección popular y, si lo gana, poder aspirar a la gubernatura (la forma hay que cuidarla ante todo), en su lugar llegará Juan Octavio Pavón, quien estaba al frente de la radio y la televisión de los veracruzanos, el canal RTV. La Secretaría de Desarrollo Social también cambia de titular, ahí entrará Gabriel Deantes en sustitución de Jorge Carvallo Delfín.

Habrá otros cambios, pero se ha especulado tanto con ellos que prefiero no opinar al respecto, pues no sea que no resulten ciertas mis predicciones.

Lo que sí es un hecho es que nomás se ve el brincadero por donde quiera y eso, créame, no le hace bien al estado de Veracruz, ni a los que en él habitamos, pues todo cambio supone un reinicio de alguna manera y si ya de por sí se nota la falta de continuidad en los programas de gobierno, con tanto cambio aún más. Porque no nomás cambia el titular, sino también los mandos que le siguen, pues el que llega trae a “su” gente, y ésta a su vez a la suya y así, en una sucesión de cambios en donde nomás la tropa rasa se queda y los jefes se van, rompiendo toda continuidad con los programas y planes de trabajo que se tenían.

A nuestro código electoral, sin duda, le falta una reforma que impida la vieja y socorrida  práctica del chapulinismo político, pues pareciera que la función pública se basa en un reducido grupo de prohombres que no pueden ser sustituidos por nadie, razón por la cual hoy son secretarios de gabinete y mañana diputados o alcaldes, o senadores, o gobernadores, etcétera.

En esa misma reforma debería de incluirse un periodo de “gracia” entre un cargo público y otro, pues los chapulines de la política se la pasan brincando de cargo en cargo, unos hasta sin terminar sus periodos legales, y eso vicia los procesos electorales, pues hay algunos diputados o senadores, por ejemplo, que no han abandonado sus curules en lustros, el líder de los petroleros, el senador Carlos Romero Deschamps, verbi gratia.

Y si ya no se puede tanto, pues cuando menos que se incluya la revocación del mandato, pues aunque no dudo que haya algún político que sí sea valioso, al menos deberíamos de tener la oportunidad de quitar a los que no lo son; como quien dice, una de cal por las que van de arena.

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

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