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Xalapa

La crónica de hoy: La memoria nos traiciona

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ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

 

ALEJANDRO HERNÁNDEZEn estos días de desaparecidos y de teorías descabelladas, se ha estado hablando de una residencia en un exclusivo fraccionamiento de la capital del país, la “Casa Blanca” le han llamado y que se dijo, pertenecía al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, misma que luego resultó ser, según la oficina de la Presidencia, de su esposa, la exactriz de Televisa Angélica Rivera.

Siete millones de dólares dice que cuesta la mansión, lo cual ha enardecido, más aún, los ánimos de muchos compatriotas, pues nadie cree que esa casa haya sido comprada con el fruto del trabajo de la dueña, o el dueño. Esa indignación es entendible, sobre todo cuando un mexicano promedio necesita de toda una vida para hacerse de una casita, y malamente de una de esas llamadas dúplex que construye el Infonavit.

Aunque yo pienso, y esto aplica a toda indignación social que surja del enriquecimiento de cualquier político, que si tuviéramos una memoria no tan flaca esto ya no estaría pasando, o pasara menos. Pues que los políticos se hagan ricos a costillas del erario y del poder no es nuevo, y que compren casas y propiedades magnificas con ese dinero tampoco, y ahí le van unos ejemplos.

La Casa Blanca es nada comparada con la propiedad que tenía el expresidente José López Portillo, aquel que dijo que defendería el peso como un perro (pero el suyo nomás), el cual era un conjunto residencial conocido como la Colina del Perro, que constaba de 65 mil metros cuadrados y que fue la ganancia por regularizar cientos de terrenos que no tenían dueño en el DF, entre otras componendas. Esta mansión “lopezportillesca”, al contrario de la mansión Peña-Rivera, no se hizo en una zona de lujo, sino en una zona pobre, en donde después hubo una gran cantidad de irregularidades porque muchos ricos llegaron a comprar a precios de risa y a muchos de los habitantes humildes que colindaban con las mansiones se les quitaron sus propiedades. Y de esa misma época también, tenemos el famoso Partenón, del jefe policíaco Arturo Durazo Moreno, el cual se comenzó a construir a finales de los 70 y se edificó en 20 mil metros cuadrados en lo más alto de un cerro, enfrente de la bahía La Ropa. De acuerdo con información del Estado, la obra tuvo un costo aproximado de 700 millones de pesos de aquella época. Y así, si le buscamos, tenemos el “crecimiento” del rancho de Fox, en Guanajuato, o las casa de Mario Márín en Miami, o los departamentos de lujo, en esa misma ciudad, de un hijo de Ernesto Zedillo, o los edificios, más localmente hablando, que se yerguen por toda esta capital veracruzana propiedad de los hijos de la fidelidad, o la casita de nuestra exalcaldesa, de una manzana entera en un fraccionamiento de nuevos ricos, y un interminable etcétera que no cabría en ningún archivo.

Y repito, si tuviéramos memoria no nos estaríamos quejando de la Casa Blanca, pues nomás con no votar por quienes hemos votado, acordándonos lo que nos han robado sus correligionarios, la cosa estuviera menos peor. Pero, ¡ay!, flaca memoria la nuestra que no más se activa cuando nos enojamos y se desactiva apenas nos regalan una camiseta con un logotipo político.

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