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Lunes, 10 de Diciembre de 2018
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La lenta agonía de una ciudad que se muere de sed

agua

 

El grifo de la casa de Griselda Méndez escupió un hilillo de agua hace más de un año. “No dio ni para lavar los trastos”, recuerda. Desde entonces, nada. Ella y sus vecinos del barrio de Iztapalapa, al este de Ciudad de México, son la última – y olvidada- parada de un sistema de suministro inmerso desde hace décadas en una crisis permanente. A partir de este miércoles y por tres días, un corte de agua masivo llevará la escasez tan bien conocida por Méndez al resto de la capital. 3,8 millones de personas quedarán sin suministro durante tres días. Un recordatorio de que viven en una ciudad que, poco a poco, muere de sed.

Todo empieza a más de 100 kilómetros de distancia, en ese biberón llamado Sistema Cutzamala. La cuenca de este río, que gestiona la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), proporciona el 26% del agua consumida en la ciudad más poblada del continente, donde conviven diariamente más de 20 millones de personas. En 1982 se inauguró la primera presa, la de Villa Victoria, para abastecer una urbe que no paraba de crecer. En la década siguiente se añadieron seis presas más, ubicadas en el vecino Estado de México y Michoacán

Tras las presas, la siguiente parada es la planta potabilizadora de Los Berros, donde se filtran y bombean alrededor de 10.000 litros de agua por segundo hacia la capital, a través de una línea de alta presión que recorre 75 kilómetros y que tiene unos 30 años de antigüedad. El director general de Cuencas de Agua del Valle de México, Antonio Juárez, recurre a una metáfora automovilística para ilustrar la fragilidad del sistema: “Como nuestros coches, si no le damos el mantenimiento adecuado nos puede dejar tirados”.

Idealmente, el automóvil sería reparado mientras se encuentra en movimiento. Eso es precisamente lo que se busca conseguir con las obras que empiezan este miércoles y que están detrás del parón de 72 horas. Con un coste de 25 millones de dólares, los trabajos añadirán una segunda tubería en la planta de Los Berros para canalizar el agua hacia Ciudad de México (actualmente solo hay una). De esta manera, cuando en el futuro se hagan reparaciones en una línea, la otra podrá seguir funcionando sin necesidad de parar todo el sistema.

La esperanza de estar ante la madre de todas las reparaciones, la definitiva, flota en el aire, pero es improbable que esto sea así. “El objetivo es tener el menor número de paros posibles; no quiere decir que no vayamos a tener otros”, reconoce Juárez. “El sistema es antiguo”. Antiguo y poco sostenible desde el punto de vista energético, ya que se tiene que elevar el agua a 1.100 metros para que fluya después por gravedad hacia la ciudad, a través de bosques y campos de maíz. Las cifras son bíblicas: se utilizan 2.800 millones de kilowatts por hora -similar al consumo total de electricidad en una ciudad de alrededor de 700.000 habitantes-, a un coste de más de 80 millones de dólares al año. Y únicamente para el bombeo.

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