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Jueves, 06 de Agosto de 2020
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Las visitas de Ennio Morricone a México

EE95A114-CEBA-4E34-A295-3B86C11F6D12Esta semana nos ha dejado una de las leyendas vivas en cuanto a la composición musical se refiere. Hablamos de Ennio Morricone, quien, nacido en 1928 en Roma, se ha ganado por méritos propios la categoría de leyenda. El músico italiano compuso más de 500 bandas sonoras, no solo para cine sino también para obras de pequeño formato destinadas a la televisión.

En 2006 consiguió el galardón que toda persona vinculada al cine desea: el premio Oscar. Lo hizo después de ser nominado en cinco ocasiones sin que le fuera concedida la estatuilla. Curiosamente, 10 años después lo ganó gracias a la banda sonora de Los Odiosos Ocho, de Quentin Tarantino. Se trata de un director que siempre cuida enormemente la vertiente musical, y el duopolio que generó con Morricone fue todo un éxito.

Algunas de las películas más famosas que ha “vestido” musicalmente son Cinema Paradiso, Los Intocables de Eliot Ness, La Misión o la Trilogía del dólar. Es precisamente en el Western donde el músico italiano encontró un lugar donde crecer y evolucionar, aportando nuevos puntos de vista a un género que en los años sesenta demandaba nuevas perspectivas.

La iconografía del Viejo Oeste nos ha acompañado a lo largo del último siglo, una aventura a través del cine, los videojuegos y la música… Sus elementos son fácilmente identificables: grandes llanuras, sombreros estridentes, la música de Morricone y cantinas o “saloons”. Espacios repletos de vaqueros que se divierten con el Póker y el Blackjack. Actividades que hoy en día están plenamente integradas dentro de las diferentes plataformas de casino y su ecosistema online, pero que antes tenían en estos espacios de reunión una importancia capital. Morricone, Clint Eastwood y Sergio Leone trasladaron esta realidad a la gran pantalla y crearon un triunvirato colosal que generó prácticamente de cero un subgénero del western: el Spaghetti. Esta visión del Lejano Oeste tradicional fue desarrollada básicamente por directores europeos, como es el caso del anteriormente mencionado Sergio Leone. 

Morricone dispone de su propia estrella de la fama en Hollywood, estrenada en el año 2016.

Gracias a su infinito repertorio, los conciertos de Morricone eran todo un espectáculo visual y auditivo. El compositor italiano visitó el territorio mexicano en varias ocasiones, con algunos recitales memorables como los que ofreció el año 2008. El músico ofreció tres conciertos en el país, en tres ciudades diferentes: Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. Desgraciadamente, el concierto previsto para el año 2015 en el Auditorio Nacional se suspendió.

Uno de sus conciertos lo ofreció en el Auditorio Nacional, edificación que se había estrenado un año atrás. A Morricone le acompañaba la Orquesta Roma Sinfonietta, toda una institución musical italiana creada en 1933. Desde 1995 se encarga básicamente de representar la música del compositor lombardo en los teatros más prestigiosos del mundo, y ha trabajado con artistas de la talla de Quincy Jones o Roger Waters, miembro de Pink Floyd.

La expectación ante este recital era máxima, y ​​una de las variables que siempre deja entrever esta percepción es la venta de entradas: estaban agotadas. En su periplo por el territorio mexicano, Morricone ofreció una rueda de prensa, algo poco habitual en las visitas del melómano italiano. También recibió las llaves de la ciudad de Guadalajara, un gesto explícito por parte de las autoridades que dejaban entrever la postura reverencial hacia un genio creativo.

Antes del concierto, se permitió la entrada de un pequeño grupo selecto de espectadores que pudieron vivir en directo las pruebas de sonido, un pequeño aperitivo del que sería el concierto posterior.

El concierto ofreció una muestra representativa de su obra musical, iniciando con la banda sonora de Los Intocables, avanzando con varias piezas relativas al Western y tocando también varias obras que tratan la crítica social. Sus seguidores quedaron muy satisfechos después de la representación, y la leyenda de Morricone se agrandó, sobre todo teniendo en cuenta que al dirigir la orquesta se colocó más cerca de los asistentes que de los músicos. Un gesto de humildad y de aprecio por la música, ya que esto le permitía obtener una mejor perspectiva de las composiciones que se estaban interpretando. Un genio atemporal que sirve para ejemplificar el amor incondicional por una disciplina artística, de hecho, el mítico compositor se retiró a los 90 años de edad, un hito que muchos firmaríamos con los ojos cerrados.

 

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