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Lunes, 25 de Mayo de 2020
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‘Let’s dance…’ despegados

C4

 

 

John Travolta y Uma Thurman no se tocaban al bailar en Pulp Fiction : el sicario no podía atreverse a palpar a la novia del jefe, para él eso habría sido aún más peligroso que contraer el coronavirus. Pero aún así bailaba. Los recursos de adaptación y supervivencia pueden ser infinitos cuando se trata del baile.

No será el momento de “bailar pegados” como anhela Sergio Dalma en su canción, pero el Let’s dance de David Bowie serviría: “Ponte los zapatos rojos y baila el blues que suena por la radio”. Juntos o separados, después de tantos meses de sedentarismo lo importante es bailar.

Pero, ¿qué supone la pandemia para, por ejemplo, el reggaeton? Discotecas y salas de baile van a ser lo último en reabrir en esta desescalada. Y está por ver qué invenciones surgirán en el ámbito de los bailes sociales que sirvan para exorcizar la censura de contacto físico que conlleva la pandemia.

Por el momento seguimos en pausa: las estrellas de la danza entrenan en la cocina de casa sin bajar la guardia en su estado de forma; el tango languidece y sus artistas en Argentina piden al gobierno que les ayude y, bueno, la afición a la sardana se pregunta si no van a poder darse la mano hasta que haya una vacuna.

Baile deportivo
Si eres bailarín de competición no puedes practicar, aunque tu pareja sea tu mujer. En cambio en el fútbol…

El doctor Marc Mayral es podólogo, pero también bailarín de baile deportivo, al igual que su padre, quien ha ganado tres campeonatos mundiales de este baile de competición y ahora mismo está desesperado ante el abandono que sufren por parte de la Federación Española: “Mi pareja en el baile es mi mujer, con la que estoy confinado, y sin embargo no nos dejan abrir las salas para que entremos. En cambio en el fútbol se plantean volver a la liga”, se lamenta.

No importa que se trate de un baile deportivo, lo de bailar se hará esperar… como el resto de la cultura. Y también en el ámbito más social: el abuelo de Marc es un gran aficionado a los bailes sociales –son tres generaciones de podólogos bailarines-, y con 76 años en circunstancias normales acude cada sábado con su mujer a bailar en un centro de Sant Quirze.

En estos espacios se baila de todo, flamenco, tango, chachachá, rueda cubana, swing, boogie boogie… y luego están los latinos: la bachata, la cumbia, el merengue. “El baile es social y hasta que no podamos volver a hacer vida social no habrá baile –se resigna Marc Mayral–. Y es posible que la gente mayor este año tenga miedo, pero este miedo durará lo que dure el virus. Todo volverá a ser normal, porque… prefiero morir bailando que morir en la cama”.

Con el sida

La lambada triunfó como si el baile social recuperara en términos simbólicos lo que se había perdido sexualmente”

“Siempre se piensa que el baile social es como una expresión directa del tiempo al que corresponde, pero a menudo representa una especie de revulsivo propio de los tiempos a a los que pertenece”, afirma el dramaturgo y teórico de la danza Roberto Fratini. “La lambada, por ejemplo, pasó a la historia siendo el primer baile pélvico de pareja e inauguró una edad pélvica que estamos viviendo y que llega a los bailes de salón, llega a los gimnasios con el zumba fitness, etc”.

La lambada triunfó en un periodo en que la pandemia del sida había creado una suerte de terror al contacto genital. Era como si el baile social estuviera recuperando en términos simbólicos lo que se había perdido en términos sexuales y factuales. “Pero no sé si sucederá con la Covid”, añade el dramaturgo milanés.

¿Cambiará el paso a dos?

El concepto pas de deux no puede cambiar a raíz del coronavirus, porque sin interacción física no hay pas de deux”

¿Hasta qué punto podría un virus como este truncar la historia de la danza, especialmente la historia del pas de deux ?

Pas de deux significa interacción física entre dos bailarines. Y en mi opinión el concepto pas de deux no puede cambiar a raíz del coronavirus, porque sin interacción física entre los bailarines no hay pas de deux, es así de sencillo”, apunta Leo Sorribes, director junto a Elías Garcia del Ballet de Catalunya.

“Sin embargo como, alternativa tenemos el dúo, en el que los sujetos no están obligados a interactuar para dar lugar a la coreografía y en el que tampoco han de ser siempre dos bailarines quienes lo formen. El dúo sería el campo alternativo al pas de deux, y daría para investigar. Es ahí donde más se puede crear y crecer”, concluye Sorribes, al que pillamos justamente trabajando en un formato de cápsulas de danza con el que difundir el clásico y contemporáneo y formar al público de manera activa.

Del contacto a la soleá

Decir que se va a acabar el contacto en la danza, el bailar agarrados, es equivalente a decir que se va a acabar el sexo”

“Me horroriza la idea de que el coronavirus puede influir en el arte de la danza”, dice la musicóloga y profesora de flamenco Beatriz del Pozo. Para ella la danza es movimiento, respiración y también tacto. “La danza vive del contacto no puede existir a tanta distancia. Decir que se va a acabar el contacto en la danza, el bailar agarrados, es equivalente a decir que se va a acabar el sexo”, advierte.

Sin embargo, el flamenco, el baile que ella enseña en la Escola Luthier Dansa de Barcelona, es individualista. “Cierto, y cuando se baila en pareja o en grupo no resulta tan flamenco –apostilla-. Lo más famoso en flamenco es la soleá. Soleá es estar sola al sol, ‘dolor mío, yo sola en el mundo…’ Es este sentido se podría bailar flamenco durante la pandemia”.

Aún así, la danza solo puede esperar, no puede hacer otra cosa –advierte Del Pozo–. “Las clases de danza por internet son muy muy tristes. Yo las hago pero es triste. Porque la danza es compartir en directo. Pero este problema que ahora se plantea del bailar despegados ya había empezado en el momento en que nuestra vida se va poco apoco distanciando, edulcorando, aligerando… Lo que va a pasar con la danza es lo que va a pasar con nuestras vidas”.

Bailar despegados

Todo esto empieza en los años 50 en paralelo a la contracultura: es el individualismo disidente del modelo moral y económico de la familia nuclear”

¿Cuándo fue que se produjo ese despegar la danza social, ese pasar de un baile social basado en la pareja o en multiplicaciones de la pareja a un modelo más solipsista y de estilo más libre? “Todo esto empieza en los años cincuenta y puede considerarse paralelo a la contracultura, pues era justamente disidente: el individualismo contra el modelo moral y económico de la familia nuclear”, explica Fratini.

“La danza social de pareja era una proyección de este tipo de modelo. Nace así un nuevo individualismo y no es de extrañar que el baile despegado tenga un auge en los años sesenta, la década contestataria por definición”.

Solipsismo

El baile despegado se alimenta de la misma soledad que la improvisación que está en el origen de la danza moderna

El baile despegado se alimenta del mismo solipsismo, la misma soledad, el ‘yo me doy a luz a mi mismo’ que la improvisación dancística, que está en los orígenes de la danza moderna. Y ello explica que haya habido una extraordinaria aceleración y diversificación del baile despegado, pues al bailar cada uno por su cuenta la capacidad de invención estilística se ve muy acelerada”.

*LA VANGUARDIA

 

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