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Viernes, 19 de Octubre de 2018
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Los Pumas regalan empate a dos al Puebla

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Como adictos al riesgo extremo, o como un jugador empedernido que apuesta todo lo ganado en una sola tirada de dados, Pumas desperdició un partido que parecía ganado y cedió un empate absurdo ante Puebla por 2-2 en Ciudad Universitaria. No es que los camoteros no hicieran su parte. Pero ante la escena de este domingo, el empate es más responsabilidad de unos felinos que se empacharon pronto con la ventaja. No sólo se dejaron alcanzar, sino que en los últimos minutos hubo momentos que rondó el fracaso de una remontada.

A veces la ventaja inmediata juega en contra. Porque los universitario anularon desde el inicio a los visitantes, y después de varios amagos desde el primer segundo, pronto marcaron para dar la impresión de que los de enfrente tardaron varios minutos en percatarse de que el partido ya había empezado.

Como en una rutina de entrenamiento, Pumas elaboró una jugada bien ensayada a balón parado, Malcorra entregó un pase sublime a Alan Mendoza, quien cabeceó con precisión para el primer gol universitario. El portero Nicolás Vikonis sólo se quedó tieso, mirando cómo entraba el balón.

La desesperación que viene con la impotencia, algo de rabia, quizás, hizo perder el tono a los camoteros, que desaparecieron por completo. Luis Quintana entró al área de los rivales, y Lucas Cavallini metió un patadón al balón que atinó al auriazul. El árbitro Eduardo Galván silbó penal contra los visitantes.

Pablo Barrera enfiló con aparente tranquilidad. Disparó, pero Vikonis atajó en una estirada asombrosa y el balón pegó al poste y salió de nuevo al área. Ahí estaba providente Felipe Mora para hacer lo justo para el segundo tanto de Pumas.

Después de media hora, Puebla sólo había llegado al área felina al principio del partido y no pisó más esa zona. Se veía un cuadro desmoralizado y sin posibilidades de corregir. En el área técnica, Enrique Meza hacía todavía más melancólica su representación. Estaba quieto y con las manos atrás, literal y metafóricamente, mientras veía cómo se diluía su equipo en una anunciada derrota.

Cuando regresaron del descanso, no parecía que el relato sobre la cancha fuera a modificarse. Incluso Pumas estuvo siempre a nada de volver a marcar. Barrera cobró una falta que pasó rozando el travesaño y si no entró fue por gracia de algo inexplicable porque parecía destinada a ser gol.

Pero Pumas volvió a olvidar que para ganar un partido debe mantenerse la ventaja hasta que el árbitro silba el final de juego. A los 57 minutos, ya con ganas de irse a las duchas a celebrar una victoria, Puebla dio visos de que algo inesperado podía ocurrir. Francisco Acuña recibió un estupendo pase y salió disparado al área rival, llegó incómodo, presionado por la zaga felina, y ya en el área disparó al arco, pero Alfredo Saldívar alcanzó a intuir por donde podía resolverse la jugada y apenas pudo echar la pelota con los pies.

Sólo se necesitó un minuto más para que entonces Puebla descontrolara a los adversarios. Otra vez pudieron llegar al área, en un concierto de tiros y rechazos, Lucas Cavallini dio una media vuelta y prendió la pelota para conseguir el primero de La Franja. Algo empezó a oler mal para Pumas, adictos a la adrenalina que secreta aquel deporte extremo de desperdiciar ventajas en el marcador.

Ni la soberbia tijera que estuvo a punto de marcar uno más para Pumas, cuando Carlos González voló con una alarde de plasticidad que merecía que fuera gol, pero la pelota pasó ligeramente desviada.

La historia cobró otro rumbo. A 10 minutos del final, Acuña desbordó con toda la confianza de que en cualquier momento podían empatar. Envió un centro desde el costado derecho, Alan Mendoza quiso cortar el trazo, pero para su desgracia lo que provocó fue un autogol que arruinó lo que mantuvieron gran parte del juego.

Los últimos minutos fueron de desesperación para los universi-tarios que querían rescatar lo per-dido, y los de La Franja recuperaron la fe y casi remontan.

La ventaja de dos goles es lo más mentiroso en el futbol, dijo molesto Carlos González al final del partido.

Mientras al rival no lo matas siempre puede hacer daño, dijo sobre el peligro que entraña un equi-po capaz de remontar; nos equivocamos y nos vamos tristes.

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