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Domingo, 24 de Mayo de 2020
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Luis Eduardo Aute: fábulas de un mundo que muere

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I

Lo más probable es que estemos ante la agonía de uno de nuestros pasados recientes, de una luz que se había vuelto tenue pero constante. la muerte de Luis Eduardo Aute (1943-2020), cantautor español nacido en Filipinas, es también un símbolo transatlántico en el que se anudan amor y política, el tono de la intimidad de lo cotidiano que mantiene siempre su tensión con un tipo de canción que nació protestando; palabras de amor que naturalmente se convierten en símbolos políticos, como en el emblemático tema “Al alba” (1978):

 

Si te dijera, amor mío

que temo a la madrugada.

No sé qué estrellas son estas

que hieren como amenazas.

Ni sé qué sangra la luna

al filo de su guadaña.

 

¿Cuál era “la noche más larga” que venía de la noche cotidiana? La noche del franquismo que fusila a sus últimos adversarios, pero también la noche de las dictaduras en América Latina… la noche de una época de violencias atroces de Estado; utopías políticas del amor que esperan algo más que democracias incipientes y que, al menos, concluya la noche de los cuerpos políticos en prisión. La perspectiva política de Aute, la sensibilidad de sus primeros temas, pertenece y ayuda a construir esa época en la que se abre un período de democratización sin calabozos ni fusilamientos, pero que no deja de denunciar el maquillaje demagógico de la transición española: una cierta “belleza” intemporal del amor en la mirada, enfrentada a la ambición y el “éxito”; esto en 1989, ante la incertidumbre que generaba la caída del Muro de Berlín.

Encuadrado en la Nueva Canción española, cuyas influencias decisivas fueron el folk estadunidense, Bob Dylan y Joan Báez, por ejemplo, y la música de protesta, para terminar en abrazo político con la nueva trova latinoamericana (memorable es su disco en vivo, en la Plaza de las Ventas, a dúo con Silvio Rodríguez, grabado en septiembre de 1993), Luis Eduardo Aute representa también al cantautor de guitarra despojado del estruendo del mundo del espectáculo, el cantante de una forma íntima de entender la transición del franquismo a la democracia, el anti-crooner despojado de sentimentalismos estrepitosos, sin himnos orquestales y sin la soberbia de ponderar a la voz como el principal instrumento. Quizás por esto último, la voz de Aute es murmurada, en declive suave y discreto por los tropos del amor, el miedo y la política enunciada de forma indirecta. Su música nace a contracorriente de la balada romántica cobijada por la herencia del franquismo (Raphael, Miguel Gallardo y Julio Iglesias, la tríada de la canción melodramática que desembarcó en América Latina en las décadas de los años setenta y ochenta del siglo xx) y representa totalmente lo contrario: compromiso político, denuncia de la dictadura franquista, poética popular como educación sentimental sin arquetipos melodramáticos, recuperación de lo cotidiano como el “estar” sensible de los seres humanos… “pasaba por aquí”. Su obra es una constelación de canciones cuya duración emocional va de los últimos años del franquismo a la implosión del mundo occidental a través del coronavirus.

 

II

Para Luis Eduardo Aute, Europa era un viejo barco que se hundía, América Latina era la posibilidad de construir otro barco, uno nuevo, con sociedades multiétnicas que quizás era más complejas que sus Estados nacionales. Una versión bastante más democrática que la del mito colonialista del Nuevo Mundo. Lo anterior se complementa con la manera en que fueron evocadas y padecidas sus canciones en los países latinoamericanos. Iban desde la leyenda de que “Al alba” había sido cantada en las prisiones de las dictaduras en Argentina y Uruguay, como cantos de resistencia política, hasta la apropiación de un Aute cuyo discurso amoroso era parte de una educación sentimental menos agresiva y violenta, cuya sutileza y colores se correspondían con un erotismo de metáforas liquidas y sin furias de chacal, sin explosión; un cromatismo de mar y de dolor que sublima la posible agresividad masculina y que borra las venganzas feminicidas del amor:

 

Necesito confundir tu piel con el frío

del metal,

o tal vez con el destello cruel

de un fragmento de cristal,

quiero que tus sentimientos sean puro mineral,

polvo de cometa al viento del espacio sideral.

Ay amor, hay dolor, yo te quiero con alevosía…

*LA JORNADA

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