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Martes, 23 de Abril de 2019
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Malecón del Paseo •Hora de la resistencia pacífica

LUIS_VELAZQUEZ

•Iglesia ha de encabezarla

•Arzobispo pierde la dimensión

Luis Velázquez

19 de diciembre de 2018

EMBARCADERO: Una cosita es que el arzobispo Hipólito Reyes Larios lamente que Veracruz está peor que en la película “El Padrino”, parte de la vida de Don Corleone, y otra que el discurso eclesiástico sobre la inseguridad, incluso las procesiones pacíficas en algunas Diócesis, fracasaran… Una cosita es que el arzobispo recuerde (porque ya todo mundo lo sabe) que los narcos “cobran el piso a todos los comerciantes” y otra que ante el fracaso de la homilía la iglesia se vaya en todas las diócesis de Veracruz a la marcha multitudinaria con feligreses al mismo tiempo para presionar al gobierno del Estado actúe con hechos concretos y específicos… Una cosita es que Hipólito Reyes diga que las mafias “garanticen seguridad a veces más que el gobierno” y otra estar conscientes y seguros con firmeza de que en Veracruz ha sonado la hora de la resistencia civil hasta estremecer y acalambrar a los presidentes municipales y al gobernador y al secretario de Seguridad Pública para asumir una actitud reactiva con hechos, más, mucho más allá de las palabras…

ROMPEOLAS: Una cosita es cacarear como el arzobispo “las extorsiones que padecen miles (miles, miles, dijo) de comerciantes” en la tierra jarocha y otra, diferente, cien años luz, declararse en la desobediencia civil, con los feligreses de las diócesis de Tuxpan, Papantla, Córdoba, Orizaba, San Andrés Tuxtla y Coatzacoalcos, y con el arzobispado de Xalapa, hasta obtener una respuesta oficial traducida en que los carteles se replieguen y replieguen por completo porque al momento, en la era Cuitláhuac, van más de ochenta asesinatos, entre ellos, quince feminicidios… Una cosita es que Hipólito se lamente de que “no se ve una estrategia clara de las autoridades” y otra reunirse los obispos y el arzobispo y convocar a una rueda de prensa con la prensa nacional, incluso los corresponsales de la prensa extranjera, y llamar a los noticieros televisivos y radiofónicos, para armar una gran protesta inteligente hasta que el gobierno federal tome cartas en la incertidumbre y la zozobra vivida y padecida en Veracruz…

ASTILLEROS: Una cosita es que el arzobispo Reyes Larios, ministro de Dios, heredero del cargo del cardenal Sergio Obeso Rivera, su padrino y protector, insista en que “cientos de comercios han cerrado sus puertas ante la falta de garantías para seguir ofreciendo sus productos” y otra que en cada diócesis de Veracruz los obispos organicen una marcha en sus cabeceras diocesanas y se queden ahí, plantados con los feligreses, en una resistencia cívica inconmovible, pues, está probado, que con las marchas ciudadanas en Coatzacoalcos y Minatitlán y el plantón ante los palacios municipales, ningún resultado oficial obtuvieron… Una cosita es que los obispos con su arzobispo denuncien atrás del púlpito y otra que ante tantos asesinatos, secuestros, desaparecidos, feminicidios e infanticidios vayan a la acción política, como por ejemplo, la resistencia civil pacífica, incluso, y de ser necesario, una huelga de hambre, hasta obtener resultados oficiales… Una cosita es apretar el botón nuclear y decir que “El Padrino”, así llamado el mafioso Vito Corleone, “se queda chiquito” en Veracruz y en el país, y otra, declararse en cadenas de oración que está bien para consuelo de las almas pero que en ningún momento significan la garantía para preservar la vida y los bienes, pero más, mucho más, la vida, porque los bienes van y vienen…, si regresan, claro…

ARRECIFES: Una cosita es que Hipólito diga desde la Catedral de Xalapa que “no tiene caso que (las víctimas) denuncien porque finalmente no pasa nada”, y otra, mil años luz, que su dicho célebre ni cosquillas causen a los presidentes municipales y al gobernador de MORENA, y en todo caso, quizá, quizá, quizá, algún día le invitaran un cafecito para, digamos, bajar el tono a su homilía, con el riesgo de ablandarse, con todo y que significara una traición y una deslealtad a los feligreses y a quienes se debe… Y, bueno, una cosita es que sin cordura ni prudencia, ni inteligencia ni mesura, pida a los feligreses “no pasarse de mensos”, y otra que en el duartazgo y el fidelato haya cohabitado con los gobernadores de entonces para llevar la vida en paz y uno que otro secretario de ambos gabinetes desfilara en su casa parroquial compartiendo el pan y la sal…

PLAZOLETA: La vida cotidiana, la vida civil, en la tierra jarocha está prendida con alfileres… Nadie tiene la vida ni la seguridad ni la paz ni la tranquilidad comprada… Nadie puede, así tengan escoltas privados, cantar victoria de que ya la libró… Los carteles y cartelitos, los sicarios y los pistoleros, los malosos y los malandros, han multiplicado su lucha intestina y llegado a la población, y lo peor, matando a niños y mujeres y hasta mujeres migrantes, sin que el Estado garantice el llamado Estado de Derecho… Y por eso mismo, ni los discursos políticos de la oposición a MORENA ni tampoco las homilías ni menos las declaraciones mediáticas funcionan y operan en un Veracruz turbulento, huracanado, tormentoso y volcánico… Es la hora de la resistencia pacífica…

PALMERAS: Desde hace ocho años, mínimo, en Veracruz se vive en el infierno… En el duartazgo, por ejemplo, fue establecido un precedente local y nacional, pues nunca antes existieron desaparecidos por culpa de la alianza de políticos, jefes policiacos, policías y carteles… Tampoco existían fosas clandestinas, cementerios tanto de policías y quizá de políticos (que está por averiguarse) como de los barones de la droga… En la yunicidad, la única prioridad fue encarcelar al mayor número de duartistas acusados de pillos y ladrones y que ahora, en la era Cuitláhuac García Jiménez, son liberados… Y en los días que caminan del primer gobierno de izquierda en el Golfo de México, de cara a Veracruz, la incertidumbre y la zozobra sigue, irrefrenable, fuera de control, desbordada… Y mientras en el palacio de gobierno de Xalapa “se lavan las manos” y ni una sola palabra sobre la violencia, el arzobispo cree que con su homilía logrará un cambio social en la vida cotidiana… Hipólito Reyes está fuera de la realidad, arando y orando en el desierto donde nadie lo escucha… Y su voz se pierde en el limbo y el vacío…

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