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Domingo, 22 de Setiembre de 2019
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Malecón del Paseo

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LUIS_VELAZQUEZEMBARCADERO: Está claro que los Yunes azules son invencibles en su parcela Boca del Río, que ahora tienen planeado ampliar al puerto jarocho, donde ya derrotaron a las huestes priistas con la candidatura a diputado federal.

Queda claro que de igual manera, y no obstante la tercera denuncia penal en la procuraduría General de Justicia en contra de Miguel Ángel Yunes Linares, ni cosquillas le harán.

Y aun cuando Fidel Herrera Beltrán, quien manda en el llamado sexenio próspero, sea enviado a Barcelona de cónsul, desde allá seguirá operando contra los Yunes azules, soñando con sacarse la espina por la derrota de su alumna preferida, Carolina Gudiño Corro.

Pero al mismo tiempo, resulta insólito que los generales priistas de cinco estrellas de Boca del Río sean incapaces de descarrilar a los Yunes azules y todos ellos anden como loquitos asestando palos de ciego.

Y más ahora de cara a la elección de diputados locales y de gobernador el año entrante donde serán escrutados en las urnas el 6 de junio.

Entre tales generales derrotados por los Yunes azules están Raúl Zarrabal, Tomás Tejeda, Armando López Rosado, Alfredo Ferrari Saavedra, Salvador Manzur Díaz, Ramón Ferrari y Raúl Ramos Vicarte.

Incluso, quedó demostrada su ineficacia cuando a mitad de año, el góber fogoso y gozoso los reclutó como generales de primer nivel para operar la candidatura de

Carolina Gudiño, y no obstante, la señora ex presidenta municipal de Veracruz y ex diputada local y federal, fue derrotada por el panista, Francisco Gutiérrez, quien ni a los talones llega en materia política a cualquiera de los generales tricolores.

Pero, bueno, ahí está el resultado electoral ahora cuando en el búnker rojo enfrentan la próxima elección.

Peor tantito si se considera que los siete generales del PRI tienen su patrimonio personal y familiar creado al cobijo del partidazo, pero además, una base electoral y liderazgo popular, y ni así pudieron.

 

ROMPEOLAS: El mal fario llegó al partido tricolor cuando desde el mismo PRI, Miguel Ángel Yunes Linares se le metió a varios de tales generales y les impuso a Ubaldo Flores Alpízar, QEPD, avecindado en el puerto jarocho, como presidente municipal de Boca del Río.

Luego, en el mismo sexenio chirinista, Yunes Linares como presidente del CDE del PRI, concentró el odio, el resentimiento y el rechazo de los grupos priistas al imponer a sus cuates como candidatos a las alcaldías y que originara un frente común de priistas de norte a sur y de este a oeste y que se tradujera en la derrota de 107 municipios para el tricolor.

Pero un día, de pronto, Yunes Linares, cobijado ya en el panismo, quiso vivir en Boca del Río y poco a poco fue levantando expectativas que ahora es un tlatoani en el municipio, con el consenso de unas 60 mil personas como voto duro y que se extienden como tentáculos en la región.

Mientras tanto, en el lado priista, los siete generales, primero, cada uno agarró camino atrás de su objetivo, y segundo, están enfrentados entre ellos mismos, de tal forma que cada uno anda atrás de sus intereses políticos, económicos y sociales.

Y es ahí donde de manera concreta y específica está la clave de las derrotas consecutivas del tricolor.

Ellos, pues, son el problema, y al mismo tiempo, ellos representan la solución salomónica.

Incluso, con todas las virtudes del mundo que cada vez el ingeniero Anthar Kuri descubre en Fidel Herrera Beltrán, de quien es su fan, ni el fogoso pudo agrupar a los siete generales priistas de Boca del Río para una causa común.

Cierto, en la campaña electoral de Carolina Gudiño, los siete de la tribu roja trabajaron por ella, pero cada quien por su lado, cada uno con su librito, y el resultado fue la derrota.

Así, los Yunes azules se han vuelto más invencibles que nunca.

 

ASTILLEROS: Tal cual, y ante la indolencia y la indiferencia de los siete generales priistas para integrar un frente común, los Yunes azules se amacizan en su feudo, y por ahora uno es alcalde, el otro, Fernando Yunes Márquez, senador de la república, y Miguel Ángel Yunes Linares, diputado federal.

Pero además, en la misma semana, mientras Fernando fue nombrado presidente de la Comisión de Justicia del senado, su padre fue designado presidente de la Comisión de Seguridad.

Y el par de nombramientos en tales comisiones en el Congreso de la Unión debió pasar, más que por el CEN del PAN de Ricardo Anaya, por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el mismito presidente Enrique Peña Nieto.

Y, por tanto, el hecho y la circunstancia significan un mensaje polisémico para la elite priista en el sexenio próspero.

Más todavía si se considera que Yunes Linares es el candidato del PAN a la gubernatura.

Y más si se mira la alianza electoral que el CEN del PAN y PRD están formando para disputar juntos la silla embrujada de palacio de Xalapa que trae como trae al señor Javier Duarte.

Todo porque los siete generales del PRI son dignos representantes de la tendencia universal del individualismo, cada uno luchando por sus intereses.

  

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