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Martes, 23 de Abril de 2019
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Mataron a Zapata, luego al pueblo; genocidio de Tlaltizapán Diega López conoce la historia gracias a los relatos de su madre


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Diega sostiene el retrato de su madre, quien le contó los horrores que vivió durante la matanza del ejército carrancista en Tlaltizapán, meses después del asesinato de Emiliano Zapata.

 

Tras la muerte del general Emiliano Zapata el asedio de las fuerzas carrancistas obligó a esta comunidad a huir a los cerros y establecer campamentos, dejando casas y tierras ante el exterminio ordenado contra los zapatistas.

La historia oficial borró los genocidios del ejército contra los civiles, pero las abuelas con sus relatos se encargaron de que cada familia mantuviera en su memoria las atrocidades cometidas contra el pueblo insurgente de Tlaltizapán, por órdenes del presidente Venustiano Carranza.

“A Zapata lo mataron el 10 de abril de 1919, mi madre estaba embarazada (de su hermana) e iba dar a luz en noviembre”, relató Diega López Rivas, hija del coronel zapatista Lázaro López Zúñiga.

Habían transcurrido ocho meses de la muerte de Zapata y el asedio contra la población para aniquilar el zapatismo se agudizó: “el pueblo estaba sufriendo peor que cuando era la revolución, porque el gobierno no respetaba a la gente, no respetaba a nadie, se iba sobre la gente indefensa del pueblo”.

Diega conserva el piso de la casa en la que su madre tuvo que parir y que el mismo que rayó Emiliano Zapata con sus espuelas, cuando iba a la feria del tercer martes para bailar su caballo en honor al Padre Jesús. Verlo le recuerda el sufrimiento de aquellos días de luto y persecución.

El 22 de noviembre de 1919, su tía Lucina llegó para llevarse a su madre, quien ya sentía los dolores de parto. La madre de Diega le pidió que trajera a la partera.

“Ella contaba que esperó en un rincón de la casa, cansada y adolorida en un pedazo de petate porque no había nada en las casas”. Lucina regresó con la partera, Rufina, quien le llevó un rebozo para envolver a la bebé, pues fue lo único que encontró.

Los militares habían tomado las calles y perseguían a las mujeres. “Mi madre relató que estaba dando a luz y una joven de unos 13 años entró pidiendo ayuda pues los soldados querían llevársela. La joven se agarró de la pierna de mi madre y así dio a luz a una niña”, contó Diega.

Mientras los soldados seguían jalando a la joven, la tía de Diega tomó a la bebé y huyó al río, mientras que su madre, como pudo, fue hacia el río para pasar al cerro de Santa María, donde se escondía la comunidad. Ahí se quedaron “hasta que el pueblo se apaciguó”.

Estos relatos han mantenido vivo el horror que ese pueblo vivió después de la muerte de Zapata.

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