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Miércoles, 21 de Febrero de 2018
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Medellín, tierra de nadie

FOTO: ARCHIVO

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REVISTA ERA

El secuestro del periodista Moisés Sánchez y dos crímenes cometidos el mismo día por los mismos verdugos, han desatado la ira de un pueblo harto de violencia, robos, secuestros, desapariciones, asesinatos… hoy se unen en un Comité de Vigilancia para recuperar la paz de su tierra y encontrar a quien ha sido su voz en estos tiempos violentos

 

Durante media hora la familia de Moisés Sánchez llamó a los números de la Policía Municipal de Medellín para alertar sobre su secuestro. Nunca contestaron el teléfono. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) finalmente atendió la llamada. Solo respondieron con rondines en los alrededores del pueblo.

La búsqueda del periodista inició dos horas después cuando su familia finalmente logró poner una denuncia ante el Ministerio Público de ese municipio.

“Las primeras horas, los primeros minutos eran esenciales para encontrar a mi papá, tememos por su integridad”, dice Jorge Sánchez, el hijo de Moisés.

Son muchas las personas a las que la voz del reportero de La Unión podría incomodar, reconoce su hijo, pero para su familia el sospechoso principal es el alcalde de extracción panista Omar Reyes Cruz, quien lo habría amenazado de forma indirecta.

“Una persona vino hace tres días a hablar con mi papá y le dijo: ‘en una reunión el alcalde dijo que quería darte un susto, que le bajaras’, eso fue lo que mi papá nos dijo”.

 

SEREMOS UN COMITÉ DE VIGILANCIA

Días antes de que fuera secuestrado, la camioneta de policía SP-2345 está estacionada afuera de una casa de la calle Violetas, de la Gutiérrez Rosas. Los cuatro elementos platican con Moisés Sánchez, del grupo La Unión Veracruz.

El que lleva la batuta de la conversación es el que maneja y le dice que los policías también se cansan y están haciendo todo lo posible para restaurar la paz en la colonia Gutiérrez Rosas y en otras de El Tejar, que se han visto envueltas, desde hace un año, en una serie de robos y desapariciones.

Antes de irse le informa que necesita una casa o un cuarto para uno de sus compañeros, quien se quedará a vivir de infiltrado, cual agente de la CIA, con los ciudadanos unos días.

-Pero necesita agua caliente, eh, estamos acostumbrados a todo pero no podemos hacerlo siempre, por lo menos un buen colchón. Ríe.

“Aquí se ha puesto muy feo últimamente”, “mucho robo, mucho secuestro, mucho desaparecido” son frases que escuchas de los pobladores del Tejar, cuando preguntas cómo se vive ahí. La colonia Gutiérrez Rosas se ha vuelto conflictiva. El pasado 17 de marzo secuestraron y asesinaron al hermano del portero de los Tiburones Rojos, Alan Pulido y al deportista Miguel Ellacim Caldelas Morales, su cuñado, en el fraccionamiento Arboledas San Ramón, a dos minutos del Tejar.

 

 

¿QUIÉN ES MOISÉS SÁNCHEZ?

Moisés Sánchez ha sido uno de los ciudadanos más activos que ha señalado la desatención municipal. Es conocido porque luchó en la pasada contienda para ser agente municipal, es uno de los más enterados de lo que pasa en su localidad.

“Todo empezó con el robo de cobre, luego con robos a casa pero el año pasado comenzó lo feo. En 25 años que llevo viviendo aquí no habíamos estado tan mal, en todo este año ha habido por lo menos unos 18 desaparecidos”, dice.

Moisés vive en una modesta casa con un patio en el que se alza un pequeño árbol improvisado que tiene como base una llanta.

En su casa muestra el aparato desde donde informa al mundo en su blog de la Unión Ver todo lo que sucede en Medellín, principalmente en El Tejar. Ahí escribe sobre funcionarios de Medellín corruptos hasta los avisos para sus vecinos.

Al mostrarme su página, con cierto desparpajo subraya: “A tres de los nuestros los torturaron en la policía, a uno de ellos le sacaron varios miles de pesos para que ya no le hicieran nada”.

-¿Cómo se llaman los que torturaron?

-No te puedo decir, pero ahí está en nuestra página. A mí también me han pasado cosas aquí, una vez llegaron unos de migración a querer llevarme porque según dijeron era colombiano.

En una parte de la plática, Moisés dice que pasan tantas cosas ahí que no se hacen públicas si no fuera por los medios.

“Si no hubiera sido por los medios de comunicación el asesinato de Silverio no se hubiera sabido como muchos otros. El forense hubiera llegado y puesto muerte natural como suelen hacerlo”.

Para contrarrestar los robos, él y sus vecinos de la Gutiérrez Rosas crearon un grupo de patrullaje vecinal al que nombraron primero Comité de Autodefensas y luego, para no sonar tan agresivos, cambiaron de nombre a Comité de Seguridad y Prevención del Delito.

“Somos unos 50 y al que agarraremos lo vamos a castigar. Así que si alguien extraño o sospechoso viene por aquí de noche, lo vamos a perseguir porque ya estamos cansados”, advierte.

Esa iniciativa, liderada por el reportero y activista, surgió tras dos crímenes cometidos el mismo día por los mismos verdugos. Esa fue la flama que encendió la mecha de un pueblo harto de violencia, robos, secuestros, desapariciones y asesinatos.

 

DOS CRÍMENES

Cuando sonaron los disparos en la cochera donde Silverio Moreno García guardaba su camioneta roja americana Ford Ranger, su esposa Beatriz Delgado, quien apenas lo había despedido, se incorporó para ver qué pasaba.

Presurosa cruzó el umbral de la verdulería San Jerónimo, ubicado en la avenida Independencia para incorporarse a la acera. Avanzó unos metros más hasta llegar al estacionamiento. Se quebró.

Su esposo muerto a dos disparos: uno en el pecho, otro en la cabeza. Se abalanzó hacia su cuerpo y lo abrazó llorando a gritos.

Los verdugos, según los lugareños, fueron dos hombres altos. Caminaron a la cochera con la intención de robar a Silverio. Forcejearon con él. Luego le dispararon. Se llevaron las llaves del vehículo.

Inmediatamente subieron a la camioneta, la encendieron, se echaron de reversa, se incorporaron a la avenida principal que también funciona como la carretera Veracruz-Medellín, doblaron en una callejuela a la izquierda y se adentraron hacia las colonias de arterias hechas de terracería.

Como en una película americana de policías y ladrones, con la tenue claridad del día deslizándoles sobre la espalda, los asaltantes atravesaron varias calles para darse el lujo de cometer un nuevo crimen.

Minutos después, llegaron en la camioneta a la casa blanca de la calle Lirios. Aparcaron y abrieron de golpe una puerta con mosquitero para someter al almirante retirado de la Marina, Evaristo Carvajal Hernández y a su hijo, soldado, Evaristo Carvajal Romero, donde los amarraron y amordazaron para robarles.

Al ver que la esposa de Evaristo hijo embarazada fue a buscar el dinero, la sobrina de apenas unos cinco años de edad, intentó desesperada morderle la rodilla a uno de los asaltantes. Enojados y en respuesta dispararon: dos balazos al padre y tres al hijo.

Los gritos de la sobrina y de la esposa inundaron la casa. Desplomados, los dos Evaristos, apenas vieron cómo los victimarios, salieron para irse a la comunidad de Paso Real, en Jamapa, donde abandonaron la camioneta.

Dos días después salió en un par de periódicos la foto de Silverio desplomado, vestido de playera de rayas, pantalón de mezclilla, botas, con un hilo de sangre naciéndole del pecho.

Semanas después no hay una pista de los responsables, Evaristo padre salió recuperado y Evaristo hijo se debate entre la vida y la muerte con uno de los vasos extirpados.

 

EL INICIO DEL HARTAZGO

Apenas el 13 de julio de 2013, el poblado estuvo a punto de levantarse en armas para linchar a José Alberto Ramos Santos, de 35 años, quien presuntamente asesinó al niño de un año dos meses, Jeshua Alexander Fierrón Cambara.

La presión del pueblo fue crucial para que las autoridades detuvieran a uno de los presuntos responsables. A otro lo agarraron meses después y aún queda uno prófugo.

Los pobladores cuentan que en lo que va del año han desaparecido unas 18 personas, sobre todo taxistas, como uno que le apodaban El Nene, o el que manejaba el 042, la gente sabe que no han aparecido porque crecieron en la colonia.

Incluso hace unos meses, “por febrero”, aparecieron las cabezas de unos tránsitos que tenían asediados al Tejar con sus cuotas a los automovilistas y camionetas.

“Aparecieron por el río, y otros más que se han llevado y nadie ha vuelto a saber de ellos”, dijo un poblador de la colonia Héroes de Veracruz que prefirió el anonimato.

Después del doble crimen del 13 de diciembre han aumentado los patrullajes en la zona, pero con todo, la declaración del gobernador de que la mejor política pública es “portarse bien” para que se acabe la delincuencia cayó como balde de agua fría sobre los pobladores.

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