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Martes, 19 de Junio de 2018
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No te pierdas la exposición “México en el corazón: el arte de Shinzaburo Takeda” en la Galería Ramón Alva de la Canal

invitación takeda

 

Del 2 de mayo al 3 de junio del presente año la Galería Ramón Alva de la Canal alojará la exposición México en el corazón: el arte de Shinzaburo Takeda.

En el año 2012, el pintor y grabador Shinzaburo Takeda recibió en Tokio, de manos del emperador de Japón, Akihito, la Orden del Tesoro Sagrado. A diferencia de otras personalidades niponas que recibieron ese galardón, Takeda lo obtuvo no tanto por sus labores en su país natal, sino por su notable trayectoria como maestro, artista y promotor de la cultura en México. Esto llamó la atención de la orden imperial, pues si bien otros ciudadanos nipones han destacado por su labor en diversas partes del mundo, muy pocos lo han hecho trabajando y creando desde la nación mexicana. Takeda lleva más de medio siglo viviendo en nuestro país, elaborando su propia obra e impulsando a un numeroso y floreciente grupo de artistas en Oaxaca.

La experiencia mexicana de Shinzaburo Takeda comenzó en 1963, cuando llegó a participar en el movimiento nacionalista pictórico y gráfico, que por entonces tocaba a su fin, mientras una nueva corriente abstraccionista y figurativa –la Ruptura– se instalaba como la dominante en nuestro país. Sin embargo, México ya estaba en la imaginación y en el corazón del joven artista desde sus días de estudiante en la década de 1950, gracias a las enseñanzas de sus maestros Sadajiro Kubo y Tamiji Kitagawa.

Sadajiro Kubo, influyente crítico y coleccionista de arte, descubrió a  Takeda el mundo de la enseñanza, al incorporarlo a su Instituto Souzou Biiku, cuya filosofía era enseñar arte a los niños. Además, el crítico y educador puso a Takeda en contacto con el pintor Tamiji Kitagawa, atendiendo a que este artista vivía en Seto, el mismo pueblo donde Takeda nació en 1935. Tamiji Kitagawa residió en México de 1921 a 1936. Se integró al movimiento artístico nacionalista. Formado en la Escuela de Pintura al Aire Libre de la Ciudad de México, Kitagawa llegó a convertirse en maestro y, para 1932, abría en Taxco su propia Escuela de Pintura al Aire Libre, que mantuvo hasta 1936, cuando regresó al Japón y se dedicó a la creación y la enseñanza universitaria. A finales de la década de 1950, Kitagawa encaminó a su estudiante Takeda a tener contacto próximo con el arte de México.

Afincado en la república mexicana, Takeda realizó numerosos viajes en busca de las culturas indígenas originarias. En 1978, en la Mixteca oaxaqueña, el artista fue seducido por la enorme riqueza cultural, social y natural de la entidad. Como descendiente de campesinos y artesanos, experimentó una irresistible empatía con las culturas de Oaxaca, hasta afincarse en el territorio, donde aprendió de un chamán inesperadas perspectivas para su vocación creativa.

Takeda se estableció en la capital del estado para vivir, crear y enseñar su arte. Desde 1979, el pintor y grabador nacido en Seto se dedica a formar e impulsar a los estudiantes de grabado, pintura y dibujo de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Esta labor formativa se ha diversificado y expandido. No sólo ha encauzado a numerosos oaxaqueños por los caminos del arte, sino ha contribuido al auge de más de una docena de prestigiados artistas cuyos inicios alentó. En reciprocidad, estos artistas apoyan la Asociación Shinzaburo Takeda, cuyo logro más notable es la consolidación de la Bienal Internacional de Artes Gráficas que, desde 2008, se convoca con el nombre del maestro. Con este certamen, Takeda busca preservar y amplificar la práctica del antiguo arte del grabado mediante placas de metal, madera o piedra talladas a mano, buscando mantener viva esta tradición que en México tiene cinco siglos y en Japón, cerca de diez centurias. La Bienal Takeda ha conseguido renovar entre los artistas de todo México y de otros países (Japón, Cuba, Estados Unidos) el interés por cultivar el arte de la gráfica.

La importancia del trabajo creativo y formativo que Shinzaburo Takeda desarrolla desde Oaxaca permite alimentar la esperanza de que, a partir de su experiencia mexicana, se resuelva una ausencia crítica que señala el filósofo Eduardo Subirats, y con ello, superar el desdén hacia los alcances estéticos y filosóficos del muralismo mexicano, el cual atrajo al artista japonés a nuestro país: “Ausencia de una reflexión estética rigurosa que al mismo tiempo asuma la lógica de la destrucción de las memorias culturales de América Latina, desde el holocausto sistemático por el colonialismo español hasta la censura posmoderna de las expresiones artísticas y poéticas que no asuman las gramáticas del abstract art y sus derivaciones populistas de pop y performances”.

Con México en la imaginación y en el ánimo creativo, Shinzaburo Takeda ha dedicado más de medio siglo a recordarnos, como quiere Subirats, “el fundamento mitológico y metafísico, y sociológico y político, de toda verdadera obra de arte”.

 

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