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Lunes, 18 de Noviembre de 2019
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“Nos ha tocado andar solos”

IMG_20191019_180654142Fulbia Salinas Jiménez, quien celebraba su cumpleaños el día de la matanza , rompe el silencio

 

Minatitlán.- Transcurrieron seis meses desde la masacre en la palapa Los Potros, de Minatitlán. Ese día celebraban el cumpleaños 51 de Fulbia Salinas Jiménez, y un grupo de delincuentes arribó para disparar contra los asistentes. Murieron 13 personas.

Al paso del tiempo, Fulbia Salinas Jiménez ha tratado de entender lo ocurrido pero no le alcanzan las neuronas ni las lágrimas.

Se cuestiona: “¿y en adelante, cómo será para mí esa fecha?” Carga un sentimiento de culpa por la muerte de tantos a quienes ella conocía, y que horas antes la habían felicitado por sobrepasar el medio siglo de vida.

Ese día mataron a su hermano, Leobardo Salinas Jiménez, de 31 años, y a su cuñado, Heber Ricardo Reyes Martinez, El Potro, al que estimaba profundamente por años de relación, camaradería y apoyo fraterno, pues además era su compañero de trabajo en Pemex, donde ella labora en un taller.

“Me duele saber qué pasará con los dos hijos de mi hermano, están chiquititos, no tienen papá”, cuenta en entrevista al asegurar que en todo este tiempo no han recibido la ayuda prometida por las autoridades.

Ha perdido unos 20 kilos de peso, sufre una profunda depresión que días la mantiene en cama llorando, o debe recurrir a medicación para sostenerse.

Constantemente se cuestiona por qué le tocó cargar con esa tragedia, por qué en su cumpleaños, por qué a sus amigos y por qué a sus seres amados.

Le pesa como una gran loza que en Minatitlán se recuerde ese día. Que así pase a la historia. A diario trabaja con sus terapeútas para entender y aceptar.

Cuando cree haber llegado a la orilla, le viene de nuevo el recuerdo de Leobardo y de su cuñado, y de nueva cuenta tropieza. Incluso, al interior de su familia ha habido fricciones, pues la responsabilizan porque eso pasó en su onomástico.

Desconfía de las versiones en donde se acusa a Julio César González Reyna, alias “La Becky”, de ser el blando de los tiradores. Realmente ella no sabe qué pasó el día del festejo de su cumpleaños.

“Si lo hubieran querido matar a él, lo hubieran buscado en su negocio, la Esquina del Chacal, o en la calle o en otro lado, no acá donde mataron a tantos”, cuestiona.

El sufrimiento ha sido peor al saberse desamparada, pues al menos a ella el gobierno no le ha apoyado con nada.

En estos seis meses, las terapias, consultas y los trasladados a buscar especialistas para dejar atrás esos recursos, han corrido por su bolsa, y con el apoyo de  Pemex.

El gobierno de la república, por ejemplo, ofreció que en seis meses se acabaría la violencia que originó esta matanza en Minatitlán, con el arribo de la Guardia Nacional.

No obstante, al dar respuesta al Recurso de Revisión RR 9921/2019. La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) admitió no contar con documentos o datos en los cuales contaran los resultados obtenidos por al Guardia Nacional  desde que fue implementada en el sur de Veracruz.

A la masacre de la Palapa Los Potros, se sumó la de Caballo Blanco, en Coatzacoalcos, con 30 víctimas, y la de Catemaco, con dos muertos y 8 lesionados, entre ellos tres menores de edad.

Fulbia Salinas y su hijo mayor, que practica béisbol, salen por la tarde a caminar por las canchas de la liga La Pequeña, en Minatitlán. Su hijo, que viene de participar en ligas profesionales, acude a jugar con un equipo local, y ella, a buscar un poco de paz entre recuerdos.

Fulbia y su hijo Diego acá compartieron las primeras victorias con César Hernández Barrera, padre de Santi, de un año de edad, y sobrino de Irma Barrera, promotora deportiva, los tres murieron ese día en la Palapa. César Hernández Barrera también era un gran pelotero, al morir, era entrenador de un equipo de jóvenes.

En el ambiente se siente la energía de las tres víctimas, cuenta Fulbia, pues siempre estaban en estas canchas, ahora son un santuario.

“A veces, cuando estamos jugando, después de lo de la palapa, uno se viene abajo, y no levantas, te ganan fácilmente, así me pasó hoy, y por fin me di cuenta de lo que pasaba, ¡que falta nos hace César, por eso luego nos cuesta mucho ganar los partidos, es cuando sentimos más su ausencia”, dice el hijo mayor de Fulbia, ella lo mira y reconoce que tiene la razón.

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