xalapa
22
Search
Domingo, 25 de Febrero de 2018
  • :
  • :

Posdata: Vive Motita un infierno

•Algún pecado mortal cometió. Imperdonable. El caso es que el secretario de Educación, hasta anoche, tiene una mirada ausente, ida, triste, y pareciera que anda levitando, encorvado, con los hombres más caídos que nunca, más calvo…

LUIS_VELAZQUEZDe la mirada con fulgor y resplandor de Adolfo Motita Hernández, secretario de Educación de Veracruz, en el primer tramo del duartismo a la mirada de hoy (ausente, ido, levitando, triste, apendejado, aislado, solitario, en trance, en otro lado; pero además, encorvado, con los hombros caídos, más calvo y más flaco) existe una distancia de años luz.

Pareciera, decía la abuela del rancho, “que anda cargando el mundo”.

Es la mirada del hombre derrotado. Mejor dicho, aniquilado, porque el hombre derrotado todavía puede levantarse y resucitar, y el hombre aniquilado queda en la lona como un boxeador noqueado al que sacan en palomita del ring.

Si nos basamos en la mirada de Motita en los últimos días un hecho terrible se atravesó en sus neuronas, en su corazón, en su hígado, en su alma, en su espíritu, quizá, incluso, hasta en su sexo.

Pareciera su mirada y su cuerpo la de un hombre abandonado. A la deriva. Dejado a su incierta suerte en la mitad del océano con viento huracanado.

Mira sin ver. Escucha, sin oír. Levita, quizá, como Remedios la bella que envuelta en una sábana tendida en el patio voló al cielo en la novelística de Gabriel García Márquez. Sólo  falta que mude en el Gregorio Samsa de Kakfa.

Entonces, en los primeros meses del barco duartista sorteando la tempestad heredada por el góber fogoso y gozoso, en la mirada de Motita existía el resplandor de su vida. Fulgían sus ojos. La chispa de la vida como dice el anuncio del refresco de cola.

Por ejemplo, en su oficina daba vueltas y se detenía en la gigantesca computadora con la página web de la SEV en la pantalla y se miraba a sí mismo en la pantalla llena de sus fotos en actos públicos.

Soñaba en aquel tiempo con brincar de la SEV a la rectoría de la Universidad Veracruzana y de ahí a la candidatura priista a gobernador.

Incluso, se burlaba de los llamados “Niños infieles” a quienes llevaba, decía, mucho, demasiado camino.

Miraba las fotos de Karime Macías y Javier Duarte en su privado y se detenía como si estuviera, digamos, ante la Virgencita de Guadalupe y Jesús de Nazareth.

Y se zambullía en el silencio, planeando, calculando los tiempos por venir que serían sus aliados.

En una puerta de acceso su chef lo miraba, pendiente de un deseo, el mínimo, del jefe.

COMETIÓ UN PECADO MORTAL

Ahora, camina más encorvado que nunca. Más flaco. La calvicie floreciendo en su cabeza como en tierra fértil sembrada con flores de exportación. La mirada, no obstante, sin el brillo de los tiempos nostálgicos.

Algún pecado mortal cometió, sin duda.

Quizá viva en el remordimiento por haber ultrajado alguno de los mandamientos de la ley de Dios.

El quinto, no matarás. El sexto, no cometerás actos impuros. El séptimo, no robarás. El octavo, no mentirás. El noveno, no desearás a la mujer de tu prójimo. El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

Acaso, por ejemplo, levite y ande en trance porque la encuesta lo desfavoreció en el distrito de Coatepec y luego en el distrito de Xalapa rural como posible candidato a diputado federal y se encuentre, por tanto, en la encrucijada de su vida.

Quizá ya dejó de hablar las 20 veces diarias que alardeaba platicaba con el jefe máximo y por eso esté triste, como la princesa del poema de Rubén Darío.

Acaso soñó con terminar su periodo en la SEV y como lo dejará inconcluso por el cargo público siguiente para lanzarse otra vez a las grandes ligas en el altiplano la tristeza se ha adueñado de sus días y noches, las horas febriles en el insomnio.

Quizá el destino lo alcanzó como aquel primer año del sexenio en que por su culpa y la de Harry Grappa abuchearon al gobernador en el Teatro del Estado y fue ordenado su despido; cabildeó un perdón y expresó a Javier Duarte la siguiente frase bíblica:

“Señor, un menosprecio de usted es peor que el menosprecio de mi esposa”.

Y ni hablar, se tiró al piso y fue perdonado.

Pero ahora, acaso, quizá, habrá cometido otro error imperdonable, imperdonable, imperdonable, y por eso su mirada ausente, en trance, ausente, triste, adolorida, perpleja, la espalda más encorvada que nunca y los hombres más caídos que los de Pancho Villa y la calvicie anunciado su llegada impostergable.

Arrastra Motita un infierno. Su mirada lo dice todo. Es más, escudriñando las fotografías pareciera que ha llorado.

Quizá, claro, pudiera deberse a un pleito conyugal insuperable que le ha ganado su serenidad, si se considera que don Fernando Gutiérrez Barrios afirmaba que la templanza y la firmeza y la madurez de un político se mide en las horas adversas, incluso, hasta para disimular ante los demás.

Pero el titular de la SEV ha perdido el control. El viaje tormentoso y caótico de sus ojos lo traiciona.

Anda, pues, en tránsito. Se estaría asomando a una nueva vida. Mejor dicho, a otra realidad. Peor tantito: podría estar en medio de la espada y la espada, el doble, triple fuego. Con el jefe máximo. Y en su casa. Y en la población electoral, sabrá la astróloga de los Llanos de Sotavento.

Ha dejado, no obstante de sonreír. Aquella chispa cuando en su primera precampaña electoral regalaba chicles Motita y llegaba a los actos públicos en un Grand Marquis nuevecito, sintiéndose el Elvis Presley, el Bob Dyan de Coatepec y sus alrededores…

  

Comentarios

comentarios




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *