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Sabado, 17 de Noviembre de 2018
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Quiero levantarme de la derrota ante Berchelt, dice Micky Román

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Estuvo tres veces en la lona antes de ser noqueado. Miguel Micky Román caía y se levantaba, como si al insistir pudiera cambiar el curso de una pelea perdida desde el principio. Miguel Berchelt, campeón superpluma del Consejo Mundial de Boxeo, lo golpeó a discreción; medía la zona que quería castigar y atinaba cada puño que lanzaba. Pasaron nueve asaltos antes de caer por última vez y levantarse sólo para recibir otra cuota de golpes que encajó sin resistencia, hasta que el réferi decidió parar la contienda.

Esa era la última oportunidad de Román para disputar un título del orbe. Así lo dijo desde hace casi un año que ganó el derecho para desafiar a Berchelt. Por eso le dolió tanto perder. Porque una nueva oferta para coronarse puede ser ya una mera ilusión.

Al día siguiente, Román tuvo que digerir la derrota. Encontrar una explicación para comprender por qué no fue el boxeador bravo y fuerte, que no da un paso atrás ni deja de tirar golpes, uno con la experiencia incuestionable de más de 70 combates. Pero el sábado en El Paso, Texas, ante Berchelt, estaba irreconocible.

Estoy desmoralizado y tratando de explicarme por qué no peleé como suelo hacerlo, señala Román; veo la pelea una y otra vez para encontrar una respuesta, para entender qué me pasó, porque no fui el peleador que acostumbro, me dejé golpear mucho y no pegué como es mi estilo.

Dicen que el ex campeón estadunidense de peso completo Floyd Patterson se encerraba en una casa con las cortinas corridas para digerir el fracaso y la vergüenza. Román sólo tiene tristeza. Y repasa cada tanto lo que ocurrió para encontrar la falla.

Tal vez fue una lesión en una costilla, comenta con cierta desesperación; porque tuve una lesión y como que durante la pelea me cuido mucho esa zona y descuido arriba, por eso me golpeó tanto en la cara. No es excusa, porque me ganó bien, pero yo trato de entender qué fue lo que hice mal.

Berchelt es un boxeador muy hábil y con una inteligencia que deslumbra. No sentí que pegara más fuerte de lo normal, recapacita Román; he enfrentado a rivales que pegan duro, mucho, como el japonés Takashi Miura, pero Berchelt no es que pegara fuera de lo común.

Una derrota trae consigo una serie de calamidades: descender en las clasificaciones y, por tanto, perder valor en el mercado del boxeo; las pagas pueden disminuir, y conseguir un buen rival o una nueva oportunidad para un campeonato se hace cada vez más elusiva.

No quiero hacerme ilusiones, dice honesto; el camino para una oportunidad puede ser muy largo y difícil. Volver a clasificarme no será fácil, pero mi carrera no está acabada. Tampoco es que vaya a buscar rivales a modo para subir, quiero ganarme el derecho de seguir como un buen peleador.

Asume el futuro con crudeza, pues sabe que las ofertas escasearán, pero está decidido a levantarse una vez más y seguir en el boxeo. Tal vez –dice– conseguir rivales que le permitan ganar mejores sueldos, aunque ya no pueda culminar su sueño de ser campeón del orbe.

Yo veía ésta como mi última oportunidad para un campeonato, reconoce Román; pero no quiero pensar ahorita en el futuro. Sólo quiero levantarme y dejar atrás esta derrota.

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