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Jueves, 28 de Mayo de 2020
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Reforma integral del sector o no habrá agua ni para lavarnos las manos

Por Ramón Aguirre Díaz

A finales del año pasado, en esta columna publicamos tres textos titulados El Monopolio Fallido, en los cuales se exponía una insostenible situación en el funcionamiento de la gran mayoría de los organismos operadores de los sistemas hidráulicos en nuestro país: bajas eficiencias, ingresos insuficientes, alta rotación del personal, tarifas artificialmente bajas, falta de controles, politización de las decisiones, prestaciones y privilegios a los sindicatos que no se tienen en ninguna empresa privada, en fin, décadas donde se acumula un manejo negligente y deficiente que pone en riesgo la seguridad hídrica de nuestro abasto de agua potable.

Por supuesto que el alto impacto de la pandemia en este sector se suma a la situación mencionada, con lo que la problemática está llevando a su límite el servicio en muchas ciudades y poblados. El incremento en la demanda por un mayor consumo de agua en los domicilios, así como en los costos al tener que clorar más el agua y tomar acciones preventivas para su personal y las instalaciones, sumado a una creciente disminución en los ingresos —que para este mes de mayo, en promedio, es de alrededor del 50%—, hace necesario pensar en un rescate al sector.

Ante la indispensable necesidad de apoyos, hay voces que reclaman, a cambio, el compromiso de una mayor eficiencia. Ojalá fuera así de fácil, sólo exigir mejores resultados. Debería quedar claro que éstos no dependen SÓLO de la voluntad de los encargados actuales de las oficinas de agua, quienes trabajan con grandes rezagos y con organismos insolventes. Son muchos años de manejo de los organismos bajo un modelo inadecuado de gestión.

Es necesario dar tiempo para tomar el camino de la eficiencia. Además de apoyo económico se necesita, sobre todo, de una reforma integral del sector agua, donde se despoliticen las decisiones, se meta orden y se cuente con una mayor participación, vigilancia y supervisión de una ciudadanía organizada y responsable, que sea factor para tomar las decisiones sostenidas y de largo plazo que se requieren. Se esperaría que una nueva Ley General de Aguas, cuya promulgación está pendiente desde el año 2013, sea, efectivamente, factor para alcanzar esta reforma.

Cabe destacar que, en esta época del coronavirus, el problema de los organismos de agua crece día con día, ya que, a diferencia de otras empresas, donde existe la posibilidad de bajar costos y producción ante una merma en los ingresos, los organismos del agua no pueden disminuir su actividad, al contrario, se les exige mayor esfuerzo y el mejor servicio posible.

Mucho se ha comentado sobre la posibilidad de que, con una nueva vacuna, podamos regresar a la normalidad. De hecho, farmacéuticas como AstraZeneca, Pfizer y Johnson & Johnson informan ya estar administrando sus primeras vacunas experimentales en pacientes y que, de estar una vez aprobada para fines de año, podrían producir algunos cientos de millones de vacunas durante el 2021.

Qué bien, el problema es que se requerirán miles de millones y, con ello, está claro que el asunto va para largo, al menos lo que resta de este año y muy buena parte del próximo, como lo ha indicado la Organización Mundial de la Salud. Por tal razón es indispensable implementar urgentemente las reformas y el apoyo que requiere el sector agua potable, de no ser así, los servicios se continuarán deteriorando y en algunas ciudades y zonas del país no se tendrá agua ni para lavarse las manos.

 

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