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Martes, 17 de Julio de 2018
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Sergio Pitol, impulsor de talentos

FOTO: DAVID ARCOS.

FOTO: DAVID ARCOS.

El escritor cumplió 85 años este 18 de marzo. Familiares y amigos recuerdan sus aportaciones intelectuales

Luz Aurora Fernández de Alba vive en casa del escritor Sergio Pitol Demeneghi. Busca inspiración e ideas para escribir. Y escribir.
Sentada en un grisáceo sofá, en la sala del hogar donde actualmente reside el autor de El arte de la fuga, Domar a la divina garza, El desfile del amor y otros libros, ella, su alumna, recuerda anécdotas inolvidables durante el cumpleaños 85 del reconocido escritor y diplomático, nacido en Puebla, el 18 de marzo de 1933.
Viste una blusa con figuras de plantas en colores tenues. Cruza sus piernas y manos. Relaja los hombros. Su rostro exhibe alegría y felicidad al hablar de su mentor.
Cuando el entonces Secretario Académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidió irse como embajador a Praga, la capital de la República Checa, dejó la vivienda a su primo Francisco Demeneghi Colina.
Después de eso, Fernández de Alva, también profesora de la facultad mencionada, optó por vivir allí y cuidar del patrimonio del Premio Miguel de Cervantes 2005.
FOTO: IVEC

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“Sí, yo vivo en la casa de Sergio Pitol y siempre aclaro, sin Sergio”, bromea y lanza varias carcajadas.
Esperaba una dotación de inspiración para nuevos libros. Pero no resultó así. Mejor embelleció la propiedad, ubicada en la Ciudad de México.
“Yo esperaba que viviendo en esa casa me iban a venir las inspiraciones, iba yo a escribir maravillas y no he escrito nada. Estoy muy feliz de vivir ahí, le hice una serie de pequeños detalles, que le mejoré a la casa y cuando Sergio iba a México, yo le decía: te invito a tu casa”, recuerda.
Un día, la visitó. Fue una de las mejores experiencias de vida para ella.
“El halagó más grande que recibí es que fue a la casa, yo ya le había hecho muchas cosas, entonces me dijo: oye, yo no sabía que está casa era bonita”.
FOTO: IVEC

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ORDEN INTELECTUAL 

Luz Aurora vive en felicidad al lado de su marido, en la casa de su maestro. A ambos les costó trabajo llenar la biblioteca de dos pisos.
“El piso de abajo es de mi marido y el de arriba es mío, ya la llenamos y ya no nos caben los libros. Una vez que Sergio desocupó la casa, quedaron las tablas nada más, muchas ya vencidas, otras regulares. Yo decía: qué voy a hacer, nunca voy a llenar esto, pues ya se llenó y ya no cabemos, como siempre los libros nos van sacando de la casa”, narra Luz Aurora.
Sergio Pitol fue su profesor de maestría. Cuando la mujer cursaba la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, lo eligió como su asesor para su titulación.
“Había leído sus novelas, había leído El teñido de una flauta, había leído Juegos Florales y escogí como tema Sergio Pitol. Entonces lo fui a visitar a su casa en Coyoacán, en Plaza de la Conchita”.
Vivienda localizada en un barrio antiguo, que proviene de la época del Virreinato de la Nueva España que, posteriormente, ella y su marido habitarían.
Su asombro por el tamaño de la biblioteca era colosal. Se necesitaba una escalera para alcanzar el acervo.
“Le dije: maestro, yo quiero hacer la tesis sobre usted. Ay, no, háblame de tú, a ver qué te pasa. Quiero hacer la tesis sobre ti, me dijo: para eso tienes que leer a Bajtín, no tenía idea de quién era Bajtín en ese momento, ahora si sé muy bien, pero en ese momento no”.
De pronto, su maestro usó la escalera y subió al segundo piso de la biblioteca con agilidad. Sacó con precisión el libro de Mijaíl Mijáilovich Bajtín, un crítico literario, teórico y filósofo del lenguaje de la Unión Soviética. Sabía a la perfección dónde se encontraba.
“Eso me llamó mucho la atención, porque hay veces que compro los libros dos veces, porque ya no lo encuentro y entonces voy y lo compro porque lo necesito para las clases. Él sabía perfectamente. Le dije: cómo sabes tú exactamente, porque no titubeó, no tiene letreros, nada. Entonces, me dijo: pues porque yo acomodo todo, no permito que nadie me acomode mis libros. Eso es ideal. Desde entonces aprendí que uno tiene que acomodar sus libros”.
Luz Aurora usó el libro que le dio su profesor para el marco teórico de su tesis, de licenciatura. Resultó bien. Fue publicada por la UNAM.
“Cosa que agradezco muchísimo, que haya sido en la UNAM, pero también lamento que la UNAM no difunda mucho sus libros, aquí entre nos es difícil encontrarlos, porque los venden en las librerías de la UNAM y nada más, no circulan mucho”.
Su tesis de licenciatura se enfocó en las novelas de Sergio Pitol, que en ese momento solo eran cinco.
El autor dio a su alumna el libro “El arte de la fuga”, pero en manuscrito. Todavía no había sido impreso.
FOTO: IVEC

FOTO: IVEC

CABALLERO CHEJOVIANO DEL SIGLO XIX

La segunda tesis, la de maestría, contemplaba los ensayos del escritor mexicano.
A juicio de la Exdirectora de Proyectos Especiales del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), uno de los mejores ensayos es “La casa de la tribu”.

“Es la casa de Tolstoi, entonces él (Sergio) dice que cuando visitó la casa de Tolstoi, en lo que era la Unión Soviética, aprendió más de Tolstoi, que con todo lo que había leído sobre Tolstoi, porque en esa casa no había puertas como en todas las casas, porque decía el maestro, lo cito: ningún acontecimiento importante podía ocultarse en esa casa y por importante los nacimientos y las muertes. Todo era a la vista de todos, no era una casa de una familia, era la casa de una tribu por la cantidad de personas que vivían ahí y por la cantidad de cosas importantes que pasaban”.

Pitol Demeneghi le invitaba un café cuando era su profesor de maestría. Pero la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras era “bastante fea”, “desangelada”.
Las mesas siempre estaban ocupadas. Tenían que hacer fila para comprar su taza correspondiente.
“El maestro se levantaba, me preguntaba: qué quieres, le decía: maestro no se pare usted, yo voy. Siempre ha sido un caballero chejoviano del siglo XIX”, cuenta la profesora de letras.
Ella recuerda que Antón Pávlovich Chéjov es unos de los escritores favoritos de Sergio Pitol.
Las clases de Pitol eran “espléndidas” para su aprendiz. Nunca acudía a las aulas sin haber preparado sus clases.
“Llevaba tarjetas con los temas a tratar, era muy ordenado. Él daba la clase y no se salía de los temas. Sus obras de teatro sus cuentos, era una clase de literatura comparada. Hablaba de la vida de Chéjov, de la vida de Tolstoi, luego leíamos fragmentos que él llevaba perfectamente escogidos. Con una voz calma y nada de retórica o lo que fuera, daba su clase muy bien. Dejaba trabajos, ya había escrito muchas cosas y por eso íbamos muy motivadas a esa clase”.
Luz es autora de la novela Boca de la necesidad, publicada por Océano en 1988. También escribió el libro Entre las nubes del Tíbet.

DESCUBRIMIENTOS 

Las traducciones de Sergio Pitol permitieron que en México fueran conocidos escritores extranjeros, sobre todo de Europa y Rusia.
“Él siempre ha descubierto esos garbanzos de libra que hay en la literatura inglesa, Francesa, Italiana. Lo traducía y gracias a eso conocíamos en México a escritores que de otra manera nunca nos hubiéramos acercado”.
Entre sus traducciones italianas se encuentran: “El mal oscuro”, Giuseppe Berto, Seix Barral, 1966; “Las ciudades del mundo, Elio Vittorini, Barral, 1971; y otras.
Del ruso se encuentran “Caoba”, Boris Pilniak, Anagrama, 1987; “una drama de casa”, Antón Chéjov, Universidad Veracruzana, 2008; entre otros.
Sergio Pitol concluyó una colección de 25 libros traducidos, misma que están vigentes desde 2008 y otras desde 2011, de acuerdo con su sobrina Laura Demeneghi.
La joven reveló que el estado de salud del escritor es estable y prefirió no hablar más del tema.

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