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Jueves, 22 de Noviembre de 2018
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Son poquitos pecados

20181031_123852-COLLAGEEl convoy con funcionarios municipales para participar en la primera sesión de cabildo itinerante llegó puntual al ejido La Esperanza, a unos 30 minutos de la cabecera.
El primero en bajar, rodeado de discretos guardaespaldas, fue el alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo, de Morena.
Apenas estuvo fuera de su transporte, procedente del ejido Francisco Villa, el edil identificó una pequeña capilla. La iglesia del pueblo.
El petrolero jubilado enfiló sus pasos al fondo de templo. No lo dudo. Ni si quiera recordó que su acto ingenuo tal vez rayaría en una violación a la ley ante su investidura de autoridad que debe mostrarse laica.
Una, dos, tres zancadas y se hincó ante el Santísimo que se alzaba tras una reja bien resguardado en el interior de una cruz de metal.
Custodiado por Santos, el primer alcalde de Morena en Coatzacoalcos bajó la mirada ante el Cristo en la Cruz; uno de los personajes más polémicos en la aldea política de Coatza, cerró los ojos y se olvidó de todos.
Sus colaboradores más cercanos incluso se hicieron a un lado y lo dejaron en su trance.
Sus fotógrafos de replegaron y su secretaria y el cargador de su sello de recibido, igual se desplazaron para dejar al Presidente municipal en su encuentro con el Creador.
Durante un minuto y medio aproximadamente sus colaboradores lo esperaron fuera del templo.  La iglesia estaba sola y así que sólo era  Carranza y la representación de lo que la fe católica denomina Dios.
Afuera los que captaron la escena, la mayoría periodistas, comenzaron a especular sobre el motivo de sus jaculatorias: que si pedía perdón a los trabajadores despedidos del SUEM, que si le estaba rogando al cielo para que lo iluminara en el arte de gobernar, que si pedía para que Rocío Nahle fuera más indulgente al momento de regañarlo, o que si demandaba ayuda para salir tablas cuando menos ahora que se aproximan los pagos de aguinaldos.
Finalmente, lo que pidió solo él lo supo pues no lo quiso decir.
-¿Cuántos pecados? -se le preguntó.
-Poquitos, muy poquitos -dijo y se fue detrás de las responsables de la capilla, quienes le pidieron apoyo para unas obras de mantenimiento.
“El  alcalde es un buen cristiano”- fue el comentario generalizado entre los asistentes a la reunión de cabildo en el ejido La Esperanza. Ahí el presidente municipal y sus compañeros regidores de todas las fracciones atendieron largamente al pueblo abandonado de la zona rural.
Escucharon reclamos, peticiones, pero también el reconocimiento de la sociedad al presentarse a escuchar las demandas de viva voz y no sólo en tiempo electoral.
En ese encuentro estuvieron presentes buena parte de los agentes municipales de Coatzacoalcos así como comisariados ejidales deseosos de escuchar a sus representantes populares.
A todos les dispensó el saludo y el apapacho. Solo con uno resultó más frío. Con el de la Villa de Allende, Noriel Prot, quien en todo momento estuvo replegado en su asiento, distante, en la congeladora, como suelen decir en las cañerías del lenguaje político. Ese que se ve pero a la vez no es.
De hecho, uno de los reclamos más fuertes se dio por parte de su hija, Keren Prot, con la comisión de Alerta de Género. Ella pidió al presidente municipal su intervención para crear consciencia entre los funcionarios de distintas áreas que no quieren asistir a las reuniones de alerta de género para Coatza, principalmente, los del DIF municipal, en donde la jefa es la esposa de Carranza,  Lucila Aguilar Manjarrez.
De manera educada y firme, la ex agente municipal de Allende demandó  la atención para este tema y fue tomada en cuenta. “Claro que sí, le dijo el alcalde”.
Después de la sesión, los servidores públicos y pobladores de la zona rural compartieron los alimentos. Se prepararon tres cazos grandes de carne enchilada de cerdo, una de pasta en ensalada y agua de jaimaca.
El Presidente municipal, así como el cabildo, puso el ejemplo, y se dispuso a alimentarse en la misma mesa donde minutos antes habían tratado los asuntos públicos, dando el mensaje a la gente del campo que son humanos y sencillos, como cualquiera.

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