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Viernes, 22 de Junio de 2018
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SSP: el enemigo estaba en casa…

Foto: Carlos Hernández

Foto: Carlos Hernández

Jaqueline Espejo Moctezuma, oficial del agrupamiento carretero de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Veracruz, quien recibió tortura (golpes con objetos contundentes, toques eléctricos), vejaciones y amenazas de muerte por parte del grupo élite de reacción de la propia SSP, ha sido un testigo clave en la carpeta de investigación FEADPD/ZCX/011/2017, que hoy tiene a 19 policías estatales –entre ellos a Arturo Bermúdez Zurita- en prisión por el delito de desaparición forzada, Crónica de Xalapa te presenta su historia.

El enemigo estaba en casa. Policías estatales a bordo de la patrulla número 1397 “levantaron” a su colega, Jaqueline Espejo Moctezuma y a su amigo, Andrés Aguilar Marín en octubre del 2013, les quisieron fincar la posesión de unos tabiques de marihuana, ante la negativa, fueron torturados durante cuatro días en unas mazmorras de la Academia de Policía de “El Lencero”, tuvieron que pasar cuatro años y cuatro meses para que la justicia empezara a llegar.

Hoy por la tortura y amenazas de muerte a Espejo Moctezuma y la desaparición de Andrés Aguilar, de oficio taxista, hay 19 policías estatales en prisión, entre ellos, el titular de la SSP, Arturo Bermúdez Zurita con las claves “Capitán Tormenta” y “Jaguar”, el director de la Fuerza Civil, Roberto González, “El Teniente Meza” y el director de Prevención y Reinserción Social, Oscar Sánchez Tirado, todos ellos, artífices de una aceitada red de policías de élite de Veracruz quienes en búsqueda de presuntos integrantes de Los Zetas detenían a sospechosos a quienes “desaparecían” sin dejar huella alguna.

En la audiencia inicial para legalizar la detención de los 16 policías estatales acusados de desaparición forzada, la Fiscalía General del Estado (FGE) ilustró en la carpeta de investigación FEADPD/ZCX/011/2017 que la SSP tenía un escuadrón de persecución policiaca (patrullas 1800, 1408, 1426, 1397 y 1892) con 16 policías estatales a bordo quienes detuvieron a hombres y mujeres, incluso menores de edad, en el municipio de Xalapa, Emiliano Zapata, Banderilla, Naolinco y Jilotepec, bajo la única sospecha de ser integrantes de Los Zetas. La FGE logró -por el momento- presentar datos de pruebas de 15 desapariciones forzadas ocurridas en el periodo abril-noviembre 2013, cuyo paradero hoy se desconoce, pero en la audiencia inicial, escuchada por la juez de Control, Alma Leyda Sosa, los fiscales expresaron que pudieron haber sido privados de la vida.

En el caso de Jaqueline Espejo, ella denunció desde el 2013, maltrato psicológico, golpes y amenazas de muerte por parte de elementos del cuerpo de elite y de reacción inmediata de la Policía Estatal Acreditable. La joven refirió con este reportero que la noche del jueves 3, después de abandonar el Cuartel San José, fue interceptada por la patrulla número 1397. De la unidad, dijo, bajaron cuatro policías encapuchados que la obligaron a descender del taxi 6859 y, posteriormente, la esposaron de pies y manos, le pusieron vendas en los ojos, la golpearon y la torturaron.

“Me dijeron que confesara la posesión de esos tabiques de mariguana, que sabían dónde vivían mis hijos y que no me quisiera pasar de pendeja (sic), porque me iba a cargar la madre. Un policía me puso una pistola en la sien y cortó cartucho, me dijo: si no confiesas, aquí te carga la chingada”, expuso. Hoy esa acusación ante la prensa, fue vital para que elementos de la FGE la buscaran como testigo en la incriminación del cuerpo de élite de la SSP que delinquía desde el interior del gobierno.

El conductor del taxi, Andrés Aguilar Marín, de 37 años, también fue detenido por los cuerpos de elite y de reacción inmediata de la SSP, al día de hoy no se sabe nada de su paradero, Su hermana, María del Rosario Aguilar lo buscó durante varios meses en los separos de la Policía Municipal, el Ministerio Público, la Cruz Roja, el penal de Villa Aldama y el de Pacho Viejo, así como en hospitales, pero en ningún lugar pudo obtener alguna pista de su paradero.

“Lo último que supe de él fue que lo retuvieron junto con la policía Jacqueline. Ella era cliente de mi hermano, le pagaba quincenalmente para que todos los días la recogiera del cuartel cuando concluía su turno. Ella me dice que la última vez que lo vio, policías estatales lo estaban golpeando en la Academia de El Lencero. No supe más de él”, dijo en octubre del 2013.

La hermana del taxista dijo que ya interpuso un amparo bajo la figura del “Habeas Corpus”, para que autoridades ministeriales realicen un cateo en las instalaciones de El Lencero para ver si en ese lugar se encuentra el taxista.

En el amparo se responsabiliza al titular de la SSP del estado, Arturo Bermúdez Zurita; al director de operaciones de la misma dependencia, José Manuel Martínez, y al comandante de la División de la Policía Estatal, Arturo Paredes Guevara –de quien se desconoce si ya existe una orden de aprehensión-, por cualquier lesión, herida o privación de la vida contra Andrés Aguilar Marín.

“Desde el 3 de octubre que mi hermano no llegó a dormir a la casa, no he sabido nada. Fue hasta el día 13 que pude localizar a Jacqueline Espejo, ella me narra todo lo sucedido y me dice que elementos policiacos de Seguridad Pública la habían soltado, pero que mi hermano se había quedado detenido en la academia de policía. El día 14 me presenté a la Unidad Integral de Procuración de Justicia del Distrito Judicial de Xalapa para presentar la respectiva denuncia por la desaparición forzada de mi hermano”, detalló la hermana del taxista.

Jaqueline Espejo precisó que durante los cuatro días que elementos de la Policía Estatal Acreditable la mantuvieron secuestrada, la investigaron para saber si tenía más familiares en la corporación policíaca. La oficial recordó que le insistían sobre su parentesco con el comandante Omar Espejo, y la presionaban para que aceptara vínculos con la delincuencia organizada.

“Llevo 10 años como policía en el sector carretero, vivo en Jardines de Xalapa, en un modesto departamento, soy madre soltera, ¿cómo voy a tener vínculos con el narco?”, insistía mientras era golpeada.

Al cuarto día, después de ser liberada, Espejo se presentó en sus oficinas para dar parte de lo sucedido. Como respuesta le entregaron el oficio SSP-A/DA/SRH/MOV/./1671ª/2013, donde la corporación le notificaba su traslado a la comandancia municipal de Pánuco, en la línea fronteriza con Tamaulipas, asignada como elemento de patrullaje.

La instrucción –señala el documento– fue dada por acuerdo de Arturo Bermúdez Zurita, titular de la corporación.

“El mensaje para mí fue muy claro: me mandan de operativo a Pánuco, en la comandancia, donde más caliente está la zona por el narcotráfico. En mis 10 años como oficial yo ya era del sector carretero, pero administrativo. Cumplo casi siete años sin usar pistola, me envían allá para que no vuelva, no con vida”, narró.

Espejo Moctezuma, anduvo varias semanas con un collarín, debido a las lesiones en el cuello. Según el dictamen médico del IMSS, la oficial resultó con las tráqueas “desviadas” a causa de los golpes, y sus radiografías muestran algunos órganos inflamados.

“En cuanto hablé con mis jefes les expuse muy claro lo siguiente: si a mí me detuvieron por presunta portación de mariguana, ¿por qué no me pusieron a disposición de las autoridades correspondientes del Ministerio Público Federal o ingresada en una celda bajo cargos o presunto delito? No, no fue así, me tuvieron retenida de forma ilegal”, apuntó.

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