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Sabado, 24 de Agosto de 2019
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Tuzamapan flagelado por el dolor, la tristeza e impotencia de exigir justicia

Foto: Carlos Hernández

Foto: Carlos Hernández

Tuzamapan es un pueblo de Coatepec próximo a recibir con alegría el carnaval, sin embargo, un grupo de sicarios les arrebató la felicidad y los sumergió en el llanto, dolor e impotencia.

A 24 horas de la masacre, donde cinco personas fueron acribilladas por sicarios de la delincuencia organizada y cuatro más se debaten entre la vida y la muerte, el pueblo luce desolado, gris, apuradamente los residentes salieron a trabajar para llevar el sustento al hogar.

Para llegar a Tuzamapan se recorren 23 kilómetros partiendo del Centro Histórico de Xalapa. En el camino se encuentran parcelas de café y cítricos propios de la región, con frondosos árboles que dan para una postal teniendo de fondo el Cofre de Perote.

Metros antes de la desviación al pueblo, un retén de la Policía Estatal y del Ejército Mexicano se encuentra revisando todo tipo de vehículo que circula por la zona.

Foto: Carlos Hernández

Foto: Carlos Hernández

El filtro de seguridad forma parte del programa Base de Operaciones Mixtas (BOM) para inhibir el delito, pero a decir de los policías “no tiene nada que ver con lo sucedido ayer en Tuzamapan”.

La escena del crimen está ubicada en la calle Justo Sierra, la arteria principal para entrar al centro del pueblo. En ella se encuentra un Centro de Atención Múltiple para niños y niñas con capacidades diferentes, donde también atienden a personas adultas que así lo requieran.

La escuela está cercada humildemente con una valla metálica. Las paredes de concreto tienen las huellas de la masacre y se aprecian los impactos de bala.

Donde quedaron los cuerpos inertes de José Manuel Lara Santamaría y Manuel Casas Jarvio, fueron colgadas sus playeras manchadas de sangre y un par de gorras: una color naranja y otra negra con la frase “Cítricos Arturín”.

La zona del crimen que por protocolo debería estar resguardada por la policía, se encuentra sin presencia policial, con los perros olfateando la sangre cubierta por arena y unos cuántos limones con un peluche descosido permanecen a la espera del olvido.

Del otro lado de la banqueta están ubicadas dos tiendas de abarrotes y un bar. Un comercio que da la bienvenida a Tuzamapan solo abrió para recibir la mercancía que se venderá en próximos días.

Una mujer espera el autobús que la llevará a Xalapa.

-Señora ¿usted es de aquí?
-No, para nada. Responde para no ser cuestionada sobre el tiroteo de la tarde del jueves.

Foto: Carlos Hernández

Foto: Carlos Hernández

Hoy los niños no tuvieron clases, tampoco salieron de sus casas para ir a jugar al parque del pueblo, está vacío, opaco, sin entusiasmo. Son casi las tres de la tarde y los jornaleros con machete en mano regresan a sus hogares a comer los sagrados alimentos.

Los familiares de Manuel Lara Santamaría, Manuel Casas Jarvio, Miguel López Gerón, Aldo Martínez Jiménez, Alberto Suanes Gutiérrez se niegan hablar de la tragedia, “asesorados” -según ellos- por familiares que ven desde fuera no tiene caso pedir justicia.

“Para que la pedimos. Nosotros sabemos a qué se dedicaban, vendían sus limones y los mataron. Es eso, nada más”, refuta un hombre al reportero.

Otra familia, nutrida y a papapachada por medio centenar de amistades, ven con hostilidad a la prensa, “váyanse, no graben o les quitamos las cámaras”.

Unos jóvenes alcoholizados amedrentan a los reporteros, fotógrafos y camarógrafos, “no los queremos ver aquí ni en ningún otro velorio, lárguense”. Del otro lado, los deudos se mantienen a distancia, no intervienen, el grito de impotencia los llama a pedir justicia ante las cámaras y micrófonos, pero a leguas se siente y observa que tienen miedo.

Luis Enrique Fernández Peredo, alcalde de Coatepec acudió al salón ejidal donde se entrevistó con familiares de las víctimas y otras autoridades, lamenta los crímenes y se solidariza informando que los gastos funerarios correrán a cuenta del ayuntamiento, como si eso importara a los deudos que están ahogados en la tristeza.

La fiscalía general de Veracruz informó que los sicarios utilizaron armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y Fuerzas Armadas; entre ellas, armas cortas y rifles de asalto de largo alcance AK-47 “Cuerno de Chivo”, de esas que usa la delincuencia.

La fiscalía inició la Carpeta de Investigación UIPJ/DXII/2/386/2019, donde se establece que los sicarios se desplazaban en al menos dos vehículos.

“De las entrevistas realizadas, se desprende que existía una amenaza en contra de uno de los fallecidos, como consecuencia de una rencilla personal con un presunto integrante de un grupo delictivo, siendo la principal línea de investigación hasta este momento”, reza el comunicado de la fiscalía enviado por el departamento de comunicación social.

Mientras tanto, el carnaval se suspende y se disipa con la alegría, el color y la caña que embriaga a los deudos en su tristeza.

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