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Miércoles, 03 de Junio de 2020
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Un confinamiento insólito: dentro de un estadio

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Cuando la inmensa mayoría de la gente sale de sus casas en esta cuarentena, solo ve calles desangeladas y supermercados con personas temerosas unas de otras. Andrés y su hijo Andy se caen de la cama, cierran la puerta del domicilio y a pocos pasos tienen un estadio de 30.000 butacas entero para ellos. Viven dentro de La Rosaleda de Málaga, ese es su hogar. De todos los lugares donde pasar este insólito confinamiento, el suyo es de los más especiales.

Desde hace un mes, nadie más pisa este enorme recinto salvo el cuidador del césped, de forma puntual, y el vigilante de seguridad de turno. Padre e hijo pueden recorrerlo a su antojo, cuando quieran y como quieran, un buen alivio en estos días tan largos mano sobre mano. Aunque falta el ruido, “la bulla”, como la llama Andrés Perales, un hombre de 85 años que lleva residiendo allí con su familia desde hace tres décadas y que, salvo jugador, directivo y entrenador, ha hecho de todo en el club boquerón.

“Estoy acostumbrado a los entrenamientos, los partidos y ahora nos encontramos muy solos. Andy, el perro y yo. Me da pena ver esto tan vacío”, comenta por teléfono desde su inmueble, situado junto a uno de los fondos. A él se accede por la puerta 19, que lleva su nombre, y consta de tres habitaciones, dos baños, un salón, otra salita, una cocina amplia, un patio con césped y un huerto ahora en desuso. No les falta espacio, ni dentro ni fuera. “Cuando hace buen tiempo me doy unos paseos por el campo”, indica.

*EL PAÍS

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