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Lunes, 15 de Octubre de 2018
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Xalapa con X: Mejor a gatas que en camión

Rosa VázquezUna parada de camión en el centro de la ciudad, a media cuadra del parque Juárez, más de 15 personas esperando tomar un camión para que los llevara al mismo rumbo. Tiempo de espera: 30 minutos. Costo: 9 pesos, un viaje incomodo y una hora para llegar a su hogar. Con ese panorama es más conveniente avanzar arrodillado cuál procesión para ver a la Virgen.

No es secreto ni tema nuevo el horrible problema de vialidad que enfrenta Xalapa, tampoco el hecho de que el número de automóviles existentes han superado por mucho la capacidad que las calles de la ciudad tienen para ellos.

Pero tampoco es una novedad crear un plan de movilidad urbana al que le llueven críticas a pesar de llevar mucho más de una década hablando de estrategias y planes baratos que en realidad salen muy caros y son borrados con cada nueva administración.

La nueva idea anunciada como el gran proyecto vial, es haber pintado una franja recta y gris en las calles de Lucio y Enríquez, una decena de macetas pequeñas y un par de bancas para el que se le ocurra sentarse bajo el sol o la lluvia (casi nunca hay medias tintas en Xalapa) y con un enorme panorama de vehículos y silbatos de tránsito.

Las opiniones, críticas, acusaciones con y sin fundamento, felicitaciones, agradecimientos y etcéteras, no se hicieron esperar. Que si el alcalde ya no sabe qué hacer con nuestro dinero, que si no había otra forma de generar más tráfico, uno diciendo que el ayuntamiento no sabe en qué justificar gastos, otros con un sencillo “a mí me gusta” y otros más aprovechando el espacio para tomarse una selfie con el fondo de la catedral.

El hecho es que en efecto, ese tipo de estrategias ya se han empleado antes, como cuando se pintaron las franjas para la ciclovía y cruces peatonales que por supuesto, ta no existen.

También es cierto que la mala experiencia trae a los xalapeños más desconfiados que nunca, pensando ahora no en los beneficios si no en todo el dinero público que se pensará justificar en semejante arreglo.

Pero hay algo más que la población no toma en cuenta, especialmente aquella que tiene automóvil, que cuenta con la posibilidad de pagar diariamente más de seis horas de estacionamiento o que incluso agarraban ese carril de Lucio para estacionarse: es una pequeña apertura de espacio al peatón.

No todos comprenderán lo que es caminar por Lucio bajándose de la banqueta o intenta do rebasar a las personas que caminan con bolsas, con niños pequeños y hasta comiendo helado como si se tratara del parque.

El peatón hace coraje porque ese carril ahora petonal, siempre fue un estacionamiento, de motocicletas, de vehículos, de camiones repartidores. Jamás sirvió para desahogar el tráfico, así que volverlo peatonal no cambiará mucho.

Pero tampoco hay que perder de vista cuál es el verdadero problema, los factores que lo agravan y el desinterés que parece haber por modificar esos puntos importantes.

Con las nuevas estrategias viales todos se han quejado: el peatón porque no tiene espacio, el ciclista porque ya los dejaron sin carril y los automovilistas no los respetan, el motociclista porque no tiene estacionamientos, el automovilista porque ya hay muchos carros, no caben pero aún así nunca deja el propio en casa.

¿Y dónde queda el papel del transporte público? Ese que debería ser el más eficaz, el que debería ser el punto central de la movilidad urbana, en el que deberían estar puestos los ojos de todas las autoridades. Pues no están, siempre se olvida ese factor, y a muchos les conviene que sean olvidados.

Y es que los empresarios de dichos autobuses ya han dicho una y otra vez que ellos poco pueden hacer por mejorar las condiciones de sus unidades.

Poco parece importar que los camiones son de dimensiones excesivas no aptas para el tamaño de Xalapa, que son pocas las rutas que realmente se llenan de gente, que hay una enorme desorganización de rutas porque algunas pasan por lugares cada cinco minutos y se llevan a cinco personas en cada vuelta, mientras que otras tardan más de media hora en pasar y llevan a gente colgando de las puertas.

A eso se suma la pésima calidad de los autobuses, conductores no capacitados en ambientes desagradables con música a todo volumen, asientos incomodos, rotos y sucios, algunos sin timbre de bajada, otros con pedazos de fierro agujereados.

Pero por supuesto, nadie quiere invertir en una modernización de transporte urbano, en un replanteamiento de rutas, capacitación de conductores. Nadie quiere hacerlo porque es costoso y es mejor que la gente se aguante.

Si el transporte urbano en la ciudad fuera eficiente, mucha gente preferiría tomar un autobús en lugar de sacar su automóvil, pagar gasolina, pagar estacionamiento y todo lo que ello implica.

Pero el punto del transporte público siempre se deja a lo último, como la última opción, esperando a que los empresarios no se ofendan por querer cambiar sus camiones.

Y la población sigue prefiriendo pasar más de media hora en el tráfico y otra media hora buscando donde estacionar su automóvil, o incluso caminar, hasta ir de rodillas para llegar a un punto. Cualquier cosa es mejor que tomar un camión en Xalapa.

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