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A 40 años de su desaparición, legado de Foppa es cada día más vigente

Ciudad de México. Este 19 de diciembre se cumplen 40 años de la desaparición de la poeta guatemalteca Alaíde Foppa, quien iba acompañada por el chofer de su madre, Leocadio Ajtún Chiroy. La familia de la activista sigue buscando la verdad sobre los involucrados en el secuestro, cometido en la ciudad de Guatemala.

También insisten en obtener justicia ante los tribunales de la Audiencia Nacional de España, la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, en Washington, y la Corte Suprema de Justicia, en la tierra natal de la escritora.

Mientras ello ocurre, cada día es más vigente el legado de quien es considerada un pilar del movimiento feminista del siglo XX.

Si bien todavía falta mucho para que Alaíde Foppa y muchas otras figuras que han luchado a lo largo de los años y de los siglos por los derechos de las mujeres tengan el reconocimiento que merecen, hoy día se les recuerda más porque los temas referentes a la mujer y, específicamente, sus derechos, están más presentes en la sociedad, lo cual es resultado de las luchas y los espacios ganados por las mujeres mismas en México, Guatemala y otros países, dice Julio Solórzano Foppa, hijo de la escritora.

Alaíde vivió su exilio en el país como catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Su obra se puede clasificar en cuatro grandes áreas: la poesía, el feminismo, la academia y la crítica de arte.

Ese es, precisamente, otro espacio ganado en las luchas de las mujeres: el reconocimiento a los méritos y valores de su obra creativa en todos los terrenos. Hoy se editan más mujeres escritoras que en cualquier otro momento anterior, añade Julio en entrevista con La Jornada.

Detalla que él, junto con sus hermano, alumnos y colegas de Foppa fueros testigos del desarrollo y crecimiento de la poeta a partir del movimiento feminista de los años 60 y 70 en Estados Unidos.

En México, los planteamientos de las luchas feministas de mi madre, sus colegas y compañeras, fueron, inicialmente, un feminismo de las clases medias y universitarias. Pero empezaron por interesarse también en las trabajadoras domésticas, y poco a poco se fueron adentrando en las particularidades de las situaciones de otras trabajadoras de la ciudad, del campo y de las indígenas, así como en temas definidos como el aborto y la violencia contra las mujeres. Hoy vemos nuevamente que los movimientos feministas enarbolan esas banderas y enfrentan problemas específicos de cada país.

Poesía amorosa y reflexiva

Solórzano Foppa explica que para quien no conoce la poesía de Alaíde “puede resultar sorprendente que en sus textos haya muy pocos ejemplos de poesía feminista, entendida como poesía de lucha o con un mensaje político.

“La poesía de mi madre es, fundamentalmente, amorosa, filosófica y de reflexión sobre su condición de mujer y de madre. La mayor parte de sus escritos feministas se publicaron en la revista Fem, o fueron guiones de su programa Foro de la Mujer, en Radio UNAM.

“Quizá su poema más conocido, y que ha sido incluido en varias antologías de poesía latinoamericana, es Mis hijos, dedicado a nosotros, sus cinco hijos o, como ella nos llamaba, ‘los dedos de mi mano’. Sus reflexiones más filosóficas abordan temas relacionados con las palabras y el tiempo, que es el nombre de uno de sus libros, pero aparecen a lo largo de toda su obra poética. Quiero citar un verso que dice: ‘Temo las palabras / que son la impropia vestidura / donde la poesía / oculta su pura desnudez’.

“Yo tendría unos 13 o 14 años cuando mi madre me leyó ese poema y descubrí, con gran sorpresa, que las palabras no eran la poesía, sino el instrumento para expresarla.

Hace unos años conté que tengo dos archiveros con cartas, poemas y escritos varios de mi madre que apenas estamos escudriñando. Una pequeña editorial guatemalteca, Ocote, ha revisado las más de 15 mil hojas de esos archivos y ha seleccionado algunos textos feministas hasta ahora desconocidos que serán publicados en Guatemala en 2021. El resto sigue esperando ser descubierto.

–¿Qué significó para su madre la literatura y el ejercicio de la escritura?

–La literatura fue la columna vertebral de su formación, de su conocimiento y de su interés académico. Estudió y se formó en Europa, principalmente en Bélgica y en Italia, donde su padre, Tito Livio Foppa, había sido diplomático. Escribió sus primeros poemas en italiano y hay cierta sonoridad de la lengua italiana en alguna de su poesía en español.

Recuerdo a mi madre escribiendo o corriendo para llegar a alguna parte donde tenía que grabar un programa de radio, dar una clase o entregar un artículo de crítica de arte a algún suplemento cultural. También recuerdo que en algún momento sintió que las mujeres merecían un espacio de estudio en las ciencias sociales, diferente de la manera horizontal como se clasificaba la sociedad, por ello creó en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM la cátedra de sociología de la mujer que, hasta donde entiendo, fue la primera en el mundo.

–¿Cómo vivió el exilio?

–La mayor época productiva de Alaíde Foppa fue durante su exilio en México; la UNAM fue el espacio en el que más pudo verter su producción. Su otra casa, en su producción intelectual, fue la revista Fem, donde trabajaba junto con amigas y colegas que desde perspectivas distintas abordaban los temas de la mujer y sus desafíos. Ahí también ejerció un liderazgo muy importante, según recuerdan y reconocen sus compañeras de entonces.

En Guatemala, en homenaje a la escritora, se creó la Orquesta Sinfónica Juvenil Femenina y Coro Alaíde Foppa que ejecuta sólo música latinoamericana.

Se trata de la única agrupación musical en América Latina, permanente integrada exclusivamente por mujeres, la cual, el pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, celebró su quinto aniversario, concluyó Julio Solórzano.



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