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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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Expediente 2014

LUIS_VELAZQUEZ

El reportero levantado…

En la era del internet, las redes sociales, el Twitter y el Facebook y otras linduras, muchas, muchísimas cositas han cambiado para el periodismo.
Por ejemplo, los trabajadores de la información han cumplido el viejo sueño de tener un periódico propio, aunque sea, digamos, un diario digital.
Pero al mismo tiempo, oh paradoja, el periódico digital se ha convertido en un apostolado en muchos casos, de tal manera que se practica como si fuera una religión. La religión del periodismo.
Además, ninguna duda existe de que las mejores noticias, las mejores crónicas, los mejores reportajes, las mejores columnas se están publicando en la prensa digital, más, incluso, que la prensa escrita y hablada.
Todavía más: el ciudadano común y sencillo ha resucitado su confianza en las redes sociales porque, a diferencia de la prensa escrita y hablada, tan entregada a la cúpula gobernante, informa tal cual, sin rodeos, en forma rápida, inmediata, de lo que está ocurriendo, sin temores ni miedos, sin estar al servicio de quienes gobiernan y mandan y ejercen el poder y cooptan y reprimen.
Más todavía: a partir de las redes sociales ha surgido el reportero ciudadano, de tal manera que, y como ejemplo, por aquí sucede un hecho en automático el mismo ciudadano lo trepa a las redes y por ahí se va navegando, incluso, hasta llegar a la prensa escrita, que de aquí se informa, y en muchos, muchísimos casos, lo reproduce en la noche en el noticiero radiofónico y televisivo y al día siguiente en la prensa.
Incluso, se trata de un periodismo romántico, Ricardo Flores Magón soñando con la caída del porfirismo, John Reed soñando con la libertad del hombre.
Y es que en el caso del periodismo digital el ciudadano participa con el único afán de informar a los demás y comunicar un hecho acontecido en la inmediatez de su vida cotidiana.
Y, además, lo hace de gratis, sin esperar recompensa de nadie, ejerciendo a plenitud su libertad, el más alto tesoro en la vida de un ser humano.
Es más, hay casos de reporteros ciudadanos que también son activistas sociales, en la mejor tradición de Flores Magón con su partido Liberal y de John Reed cuando fundó el primer partido socialista de Estados Unidos y él mismo organizara y participara en huelgas obreras, solidario con los trabajadores.
Tal cual es la vida de Moisés Sánchez Cerezo, el reportero levantado a las 7 de la noche del viernes 2 de enero, en su casa, en Medellín.
Activista social, sí. Conductor de un taxi, sí. Fotógrafo, sí. Editor, sí. Redactor, sí. Pero también un reportero ciudadano para quien la noticia de 8 columnas, más importante que una revolución en el Medio Oriente, es, como afirmaba Ryzard Kapuscinski, el bache enfrente de la casa de los vecinos, las banquetas destruidas, las fugas de agua, los robos a casas habitación, los asaltos a las personas, los vecinos, los amigos, los otros, la otredad de que hablaba Octavio Paz.
Moisés Sánchez es un reportero de las redes sociales, que de continuar así habrán de convertirse, quizá ya lo son, en los mejores reporteros del mundo, porque corren atrás de las noticias que en verdad, en verdad, en verdad, interesa a la gente, a la comunidad, al pueblo, a diferencia de otros que corren atrás de los políticos para lo que el lector imagine.
Pero también, y en nombre de su quijotismo, Quijote del periodismo, tenía un periódico, “La Unión”, que a diferencia de los periódicos católicos que se publican que cada vez que Dios lo permite, circula cada vez que Dios se descuida, pues el mismo Moisés Sánchez lo financia.
Y lo financia de dos formas: una, con su trabajo de taxista, y dos, con una tiendita en su pueblo, Medellín, el punto de partida y el punto final de su destino periodístico.
Y en “La Unión” las noticias principales son, en efecto, la fuga de agua, los baches en las calles, las fallas en el sistema de luz y, claro, en los tiempos que vivimos, la inseguridad.
Por ejemplo, el día del informe del alcalde Omar Cruz Reyes dos personas fueron ejecutadas y Moisés Sánchez lo publicó, primero, en las redes sociales; después, en su periódico.
Y el señor presidente municipal enfureció. Y de acuerdo con las versiones lo amenazó, como un caciquito pueblerino, que se ha permitido imponer en la desgastada nómina del SAS, Sistema de Agua y Saneamiento, a familiares y amigos.
Tres días después, oh paradoja, Moisés Sánchez fue levantado.

MENOSPRECIO A LA DIGNIDAD HUMANA
Es conductor de taxi, cierto; pero más allá de reportero, es una persona, un ser humano, un ciudadano más de los 8 millones de habitantes de Veracruz y, por tanto, merece el respeto de todos.
Ryzard Kapuscinski, el cronista insuperable del siglo XX y parte del XXI, aseguraba que para ser reportero se necesita ser una buena persona.
Moisés Sánchez Cerezo lo es. Soñador. Idealista. Lleno de principios y convicciones. Flechador de la luna que disponía del ingreso familiar para imprimir su periódico, “La Unión”, antes, mucho antes que andar tocando puertas en el palacio de gobierno para firmar un convenio y lograr una iguala.
Y, por eso mismo, más respetado y respetable que muchos de nosotros mismos.
POSDATA 1: El gobernador ha dicho que adora el Twitter. Y el Twitter es red social. Y sirve para comunicarse con los demás. Integrarse, pues, la esencia de la comunicación social. Moisés Sánchez utiliza las redes sociales como puente de información/comunicación/integración… con los demás.
POSDATA 2: ¿Quién es el queda/bien que informó al jefe máximo que Moisés Sánchez sólo es “un conductor de taxi”?:
¿El secretario de Seguridad Pública?
¿El procurador de Justicia y/o el vocero?
Miró el árbol. Se le perdió el bosque.
¡Vaya asesoría! ¡Vaya estrechez de criterio! ¡Vaya menosprecio a la dignidad humana!

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