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‘Blancanieves’ primitiva

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En esta historia la princesa no usa vestidos de seda, tampoco es rescatada por un príncipe galante y su destino, lejos de ser idealmente feliz, es como el de cualquier otra persona incapaz de tomar las riendas de su vida. Esta Blancanieves también es bella, pero los enanos que encuentra en el bosque son abusivos y codiciosos, su mundo es más bien oscuro y lejano al que los dibujos animados han construido.

Se llama Snowhite y su autora es la ilustradora Ana Juan (Valencia, 1961), quien concibe “casi como un acto de rebeldía” su creación. “Estaba un poco harta de cómo se maltrata en cierta forma los cuentos clásicos; siempre había tenido esa ambición de hacer una nueva versión, una versión donde pudiera contar cosas más reales, de darle un giro, darle una vuelta de tuerca a este clásico”.

La de Ana Juan es un relato de soledades basado en el cuento de los hermanos Grimm (a ellos también ha dedicado su libro).
En el eje está la historia por todos conocida, en donde aparece la madrastra, el espejo mágico que habla y los siete enanos o duendes, pero la autora ha querido sacar al personaje del angelical estereotipo que se le ha dado y regresarlo a su estado más primitivo y real.
“Cuando edité este proyecto tenía dos ambiciones. Primero, publicar un cuento clásico; luego, solucionar un problema que no podía resolver: trabajar en blanco y negro”. La valenciana, quien en 2010 ganó el Premio Nacional de Ilustración en España, encontró la fórmula para contar lo que quería en sus primeros años como estudiante de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de su ciudad natal: regresar al carboncillo e irle “arrancando luz al papel”.

“Volver al pasado me abrió paso para trabajar en el futuro. Cuando trabajo lo mancho todo y luego voy dejando claros en el papel; hay una especie de diálogo entre el material, el papel y el autor”. De esta manera el resultado fue una historia oscura —que ha sido calificada por algunos como gótica— en la que los escasos textos dejan paso a las ilustraciones para que hablen y describan ambientes lóbregos, rostros malévolos que buscan aprovecharse de todo o personalidades más débiles (como la de la propia Snowhite) que padecen la vida como una losa sobre sus espaldas.

El cuento, dice la autora, “sigue teniendo la misma trama, están los mismos elementos, pero lo que he querido es darles un nuevo aire en el que dejan de ser amables y se convierten en gente abusadora y gente que también —y eso también es muy grave— permite el abuso, lo ve y es incapaz de voltearle la cara, de luchar contra ello”.

Una mujer abnegada

Cuando Snowhite despierta en una diminuta casa, luego de huir de las fieras del bosque, implora a los enanos que le den cobijo. Los de Ana Juan no son bonachones mineros como aparecen en la versión de Disney; en su versión son personajes que dudan de prestarle ayuda a la joven y que sólo acceden con una condición: la de trabajar día y noche en la taberna Lilly & Putt, de la que son dueños. Ella aceptará sin oponerse.

Pero una y otra vez, la Snowhite de la ilustradora valenciana será víctima de su propia incapacidad para rebelarse a su destino. “Mi historia habla de una persona que no consigue tomar las riendas de su vida y va llegando a caminos en los que no esperaba encontrase, denuncia un poco o muestra la forma en cómo hay muchas mujeres que no conciben la independencia y deben estar siempre al servicio de sus padres, de sus madres, del marido”.

Ana Juan piensa que esa lección que está detrás de su historia también es, por decirlo así, la intención que tenían los autores de cuentos clásicos. “De alguna forma los cuentos clásicos siempre se han utilizado como advertencia, de tener cuidado con los peligros de la vida, con los peligros que te puedes encontrar; esto, al final de cuentas, siempre es lo mismo. Snowhite desea tener una hija que le acompañe en su soledad y esto sigue existiendo: hay gente que tiene hijos simplemente para que le acompañe en su soledad o para que estén con ella en su vejez”.

Pero así como la autora no evade mostrar un perfil casi trágico del personaje, tampoco esconde la maldad que hay entre quien le rodea; un ejemplo es Mr. Prince (que corresponde al papel del príncipe), quien, encantado con la belleza de Snowhite, la compra a los enanos y aparece en la historia incapaz de reprimir el deseo que le despierta y termina por abusar de ella.

¿Qué opinas de otras versiones de los cuentos clásicos como las de Disney?, se le pregunta. “¡Cómo renegar de ellos! Todos hemos adorado sus versiones, pero luego, claro, vas a los orígenes, lees los textos, los cuentos originales y te das cuenta de que hay algo más que esas historias bonitas que acaban bien”.

“Hay estereotipos que han hecho mucho daño al imaginario popular, porque es muy difícil imaginar a los personajes de los cuentos clásicos de otra forma que la que ya ha marcado Disney”, agrega.

La autora española , quien ha sido ilustradora del semanario The New Yorker y realizado versiones ilustradas de otras historias clásicas, reniega de ser catalogada como una autora para cierto tipo de público.

“No me gusta catalogar: esto es literatura infantil, para jóvenes o para adultos. Yo creo que la clave de un buen libro es que lo pueda disfrutar tanto un niño como un adulto. Eso tiene que ver con el equilibrio del dibujo y el texto, deben ir de la mano tanto la historia como las ilustraciones, y en un momento dado se crea una especie de tercera vía que es la que despierta la imaginación del lector.

“Hasta ahora las ilustraciones sólo se dedicaban exclusivamente a reflejar de manera literal lo que ocurría en el texto, ahora se va mucho más allá y se permite crear una tercera vía que es la imaginación del lector, la que tiene que recrearla la historia, esa vía es la que inquieta, la que crea ilusiones en el lector, no me gustan las historias que sólo muestran lo que literalmente dice el texto, como que coartan la imaginación del lector.”

Al final, lo importante “son las sensaciones que se producen en cada lector, en cada uno deben ser diferentes pero lo importante es que la gente sienta algo y no se quede indiferente frente al trabajo. Eso es lo más gratificante para el ilustrador”, remata.

 

Tomado de Excelsior.

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