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Xalapa

Cómo vivir en Xalapa

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ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

 

El peatón no es primero

 

Mi ciudad fue, hace mucho tiempo, una ciudad peatonal. Claro, hablamos de tiempos en que no se había inventado el automóvil, quizá de mucho antes que el tren de mulas, el cual ya debe haber significado un peligro para algunos descuidados xalapeños de la época, recorriera Enríquez, o tal vez de más antes, cuando ni caballos había y todos, democráticamente, andaban sobre sus piernas. Hoy Xalapa, desafortunadamente, es un peligro para el peatón.

Recuerdo que cuando aprendí a tomar un autobús, allá por el año de mil novecientos quién sabe cuándo, me llamaba mucho la atención que en las calles hubiera unos anuncios triangulares en los que se podía leer “El peatón es primero”. Cuando mi madre me explicó que peatón era el que caminaba pensé que la ciudad en donde me había tocado la suerte de nacer era un sitio de gente buena, eso sólo hasta que un día un señor dentro de un auto grandote mero me atropella, y no conforme todavía me gritó que la calle era para los coches y no para las personas.

Ese hombre sin duda representaba esa malhadada idea de la supremacía de la máquina sobre las personas y que, al tiempo, acabó con el axioma de los letreros esos de los que les hablaba sin que nadie hiciera nada para impedirlo. El peatón ya no es primero, aunque en la teoría se diga que sí; es decir, a pesar de que en el Reglamento de Tránsito el peatón tiene derecho de paso en cruceros, entradas de estacionamientos y cocheras particulares, en la vía de la práctica peatón que no se quita lo aplastan.

A pesar de que pareciera que el peatón es una especie en peligro de extinción, o una minoría vapuleada por una “automovilocracia” rampante, que diseña y reconstruye ciudades en base al automóvil, existen movimientos internacionales que tratan de defender sus derechos inalienables. En México existen también varias organizaciones de este tipo y apenas esta semana han dado a conocer la Carta de los derechos del peatón, la cual establece cuáles son las prerrogativas de los ciudadanos de, literalmente, a pie.

En la carta de se detalla que: “peatón es el andante del espacio público urbano, o sea, todas las personas sin importar su género, raza, etnia, orientación sexual u otra condición, que tendría que transitar sin obstáculos por el espacio público.” Que “toda ciudad tiene a la persona como eje, y reconoce a todas las personas como iguales, prevalece la neutralidad en el derecho a la ciudad y por lo tanto la infraestructura urbana debe estar diseñada y hecha principalmente para las personas, a escala de las personas y para usarse a la velocidad de locomoción humana, antes que de los vehículos.” “Las autoridades deben tomar las medidas necesarias que les permitan la movilidad y el disfrute del espacio público, como la remoción de barreras y el acondicionamiento de los medios públicos de transporte.” Que, “para proteger la integridad física de las personas por encima de reducir los tiempos de traslado en vehículos automotores deben disminuirse los límites de velocidad urbana. En vialidad primaria la velocidad será 50 km/h máxima, en vialidad secundaria 30 km/h y en calles de tránsito mixto, en centros históricos, centros de barrio y sitios donde se concentre gente la velocidad máxima será 20 km/h y los conductores de vehículos deberán estar atentos al cuidado y protección de los peatones, sin ejercer presión alguna.”  Que “las banquetas deben permitir el paso franco de cuando menos dos sillas de ruedas caminando lado a lado, descontando el espacio del mobiliario urbano y vegetación. Cuando las banquetas no tengan el espacio suficiente, es válido utilizar parte del arroyo para el peatón o que éste pueda compartir la vía con vehículos automotores, a baja velocidad, con criterios de tránsito mixto.” También se contempla que los puentes, cruces a desnivel y túneles, son infraestructura para el automóvil y no se puede ni obligar ni discriminar a nadie por no hacer uso de ellos porque imponen un esfuerzo extra. Es decir, los automóviles deben detenerse o bajar la velocidad y no el peatón.

En fin, las premisas del peatón son muchas, y sus derechos para transitar por las calles más aun. Es preciso pensar que las calles y los espacios públicos de éstas son de las personas y no de los automóviles, si entendemos esto dejaremos de ver el entorno urbano como algo que tiene la finalidad de ser transitado, a como dé lugar, por vehículos. Para mayor información les dejo aquí la liga a la página en donde se encuentra la Carta de los derechos del peatón: ligapeatonal.org

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