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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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Cómo vivir en Xalapa

ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

Costumbres vs modas

Mi ciudad, la semana pasada, vio transcurrir la festividad de los Fieles Difuntos, conjunto de creencias en donde se sincretizan las tradiciones prehispánicas y cristianas de una manera riquísima y casi única en el mundo.
Hay religiosidad, gastronomía, artesanías y paganismo, mezclados en una costumbre arraigada en nuestra sociedad y que ha pasado de generación en generación enriqueciéndose o evolucionando en formas inesperadas. Xalapa, al ser una ciudad receptora de gente que viene a estudiar y que muchas veces se queda aquí a vivir, vive de una manera multicultural esta tradición, pues la gastronomía del norte, centro y sur del Estado se mezcla con la de aquí de un modo genial; igual pasa con los altares, los cuales se convierten en un abanico de colores y formas diversas y ya muchas veces muy poco puristas. Y no está mal que eso suceda, la cultura si está viva es evolutiva en sus formas y en sus expresiones.
Cuando dos formas de festejar cosas parecidas se encuentran, por las razones que sean, tiene que ocurrir por fuerza un sincretismo, porque en cuanto quienes conforman una sociedad tienen relación con los que pertenecen a otra es inevitable que sus culturas se mezclen. En este caso la celebración de los Fieles Difuntos y el Hallowen se juntan en fechas iguales, por tanto habrá quienes celebren una y otra, o las dos, lo cual no es malo, simplemente es algo natural. Lo que está mal, creo yo, es cuando se cae en purismos exagerados e intolerantes.
Es decir, hay quienes dicen que el Hallowen es extranjerizante, que lo mexicano es celebrar Todos Santos, sin embargo, si fuéramos más papistas que el Papa y le quitáramos a esta celebración el pan, venido de España, el azúcar de los dulces, la carne de cerdo de los tamales y tantos otros alimentos que no existirían si la fusión cultural ocasionada por la Conquista no se hubiera dado, no tendríamos Todos Santos.
Es más, el mismo nombre de la festividad, Días de Todos Santos o de los Fieles Difuntos, remite a un concepto judeo cristiano que mucha grima les debería de dar a los puristas de los tamales y el Mictlán legendario; que éste último es un asunto cultural y religioso completamente diferente, pues la cosmogonía religiosa prehispánica y su concepto de la muerte son diametralmente opuestos al cristianismo.
Hoy, más que nunca antes, la cultura de una nación, pueblo o grupo de personas, no puede permanecer sin las influencias de otro u otros grupos de seres humanos, puesto que formamos sociedades vivas que tienden a cambiar y que, en esta era de la globalización, sería casi imposible que permanecieran puras.
Y no quiero decir con esto que nos abandonemos a la “hallowinización” durante estos días, sino que entendamos cada cosa en la justa dimensión que tienen. Nuestras tradiciones son hermosas, nos identifican como grupo cultural y social, sin embargo, cada cabeza es un mundo y, antes que nada está la tolerancia hacía lo que piensan los demás y en lo que creen.
El asunto, entonces, parece más que sencillo: si alguien quiere celebrar Todos Santos, que haga tamales, que ponga un altar y que lo celebre. Si otro quiere hacer una fiesta de disfraces en donde todos parezcan osos pandas en lugar de calaveras, que la haga, pero que ambas cosas se hagan con conocimiento de causa. Es decir, poner un altar de Todos Santos sin saber las raíces culturales que lo sustentan, podría ser tan vacío como vestirse de Drácula con unos colmillos de plástico, que lo hacen a uno salivar como San Bernardo bajo el sol, nomás porque otros lo hacen.
En estos tiempos que corren, tanto la tolerancia como las costumbres y las modas, deben ser practicadas con conocimiento de causa, de cualquier otro modo serán simple y peligroso fanatismo nomás.
Comentarios: motardxal@gmail.com

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