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Xalapa

Cómo vivir en Xalapa

ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ

Las marchas y bloqueos y las leyes

Mi ciudad, un día sí y otro también, es tomada como rehén de cualquiera que, armado con una cartulina rayoneada, se planta a media calle —ya en cualquier calle, no sólo en Enríquez— y la bloquea. Ni siquiera tiene que ser alguien que vaya acompañado de un numeroso contingente, ni tampoco deben ser sus peticiones demandas históricas que, de ser resueltas, cambiarían el rumbo del país, a veces la petitoria comprende sólo un vil y vulgar tope de cemento en alguna vialidad.
El caso es que se ha vulgarizado la protesta ciudadana de tal manera que la mayoría de las veces, quienes cierran una calle, creo que no han agotado los arduos y dificultosos caminos de la burocracia para ser atendidos, es más, sospecho que ni siquiera lo han intentado.
Así entonces a veces diez, quince o veinte personas, desquician la vida de miles, importándoles más sus necesidades que el bien general. Y no digo que no deban exigir justicia, o servicios o cualquier cosa que ellos crean justa, sino que resulta lamentable esa falta de empatía ciudadana, esa actitud egoísta que se expresa en joderle la vida a quien no puede resolverles el problema que tienen, es decir, a otros ciudadanos sufridos y maltratados, no sólo por el sistema sino por sus iguales también.
Y son tantos los clamores de los xalapeños por esta situación que parece no tener fin, que a algún diputado local se le ha ocurrido mandar una iniciativa de ley para regular las marchas y las manifestaciones, considerando en ella que el derecho a la libre manifestación, garantizado en la Constitución, y prostituido por líderes y grupúsculos políticos, es inalienable, cosa que también es otro derecho constitucional: el de libre tránsito. Y aquí podría cualquier abogado decir, que cuando los manifestantes bloquean una calle no violan el libre tránsito de nadie, sólo el de los autos, cosa que, creo, no está del todo contemplada en la Constitución. Es decir, si una persona va circulando en su auto y alguien cierra una calle, es libre de dejarlo ahí y pasar caminando, cosa que, hasta donde yo recuerdo, ni en las más radicales protestas se le ha impedido a nadie. Claro, ya aquí podríamos entrar en un acalorado debate de quién fue primero, si el auto o las personas, porque todo aquel que posee un vehículo de motor piensa que las vialidades fueron hechas para que él, con su aparato, pase libremente, sin embargo las calles son de todos y, si radicalizáramos las cosas, tanto derecho tiene éste de pasar como los otros de no dejarlo circular montado en su armatoste.
Pero bueno, también debe prevalecer, ante todo, el sentido común, porque no dejar pasar a los vehículos por una calle es atentatorio contra las actividades de otros ciudadanos, además de que afecta directamente a las actividades académicas y económicas de terceros. Lo importante, entonces, no es que alguien proteste o se manifieste, sino que no afecte a los que ni vela en el entierro tienen. El equilibrio de ejercer ambos derechos, el de manifestarse y el de circular, desde luego, no se va a alcanzar por iniciativa de los que se manifiestan, porque el caos es un argumento que les sirve muy bien para ser oídos, sobre todo a los que han “profesionalizado” las manifestaciones, por tanto es la autoridad quien debe garantizarlo. ¿Es la solución, entonces, el uso de la fuerza pública? Cuando uno está muy enojado la respuesta pareciera ser un rotundo sí, sin embargo si nos ponemos a reflexionar en cosas como el autoritarismo y los excesos de poder, ya no parece tan buena idea. La solución ideal habría de ser, sin duda, el eficiente actuar de todas las dependencias de gobierno en todos sus niveles, porque una manifestación o un bloqueo no tendría razón de ser si las necesidades de la ciudadanía son atendidas en el momento correcto, o, siendo idealistas, hasta prevenidas con un trabajo eficaz.
Más leyes sin aplicación oportuna son cosas inútiles, tal como sería el caso de las reformas a la Ley de Tránsito, porque todo lo que se puso en ella ya está contemplado en la Constitución Mexicana, en la del Estado de Veracruz y hasta en el Bando de Policía y Buen Gobierno de Xalapa.
Ojala, en lugar de ver llegar el día en que la fuerza pública desaloje calles y plazas, prevalezca el sentido común en quienes se manifiestan. Como quien dice, protesten, pero no estorben.
Comentarios: motardxal@gmail.com

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