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Xalapa

Cómo vivir en Xalapa: Impuesto a la Tenencia Vehicular, ¿justo o no?

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ALEJANDRO HERNÁNDEZMi ciudad está invadida de automóviles. Doscientos mil, entre autos y otros vehículos automotores, circulan diariamente por sus calles, las cuales, si la movilidad urbana fuera lógica, nomás podrían albergar a la tercera parte de ellos.

Esto viene a cuento por la reciente iniciativa del gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, de eliminar el Impuesto a la Tenencia Vehicular (ITV), del cual voy a decir una cosa que a muchos (mero ni a mí mismo) no les va a gustar: este impuesto no debería desaparecer. ¡Calma! Dejen nomás les explico por qué creo eso.

Si bien es cierto que cuando desaparece un impuesto los ciudadanos se alegran, también es verdad que hay impuestos que deberían de repensarse y no de desaparecer, pues los beneficiados por su desaparición, en este caso el ITV, son unos cuantos ciudadanos y no el grueso de la población. Porque hablando del uso del automóvil, los beneficiados con obra pública e infraestructura urbana son una verdadera minoría que disfruta lo que paga la mayoría; y tanto, que si hiciéramos cuentas de las instalaciones de que disfrutan los automovilistas y de la que hacen uso los peatones, no habría tenencia que alcanzara para pagar las necesidades de los primeros.

Mire usted, todas las ciudades se construyen o se remodelan en base al uso del automóvil; mucho de su presupuesto, entonces, se utiliza en hacer calles más anchas, avenidas con mejores pavimentos, distribuidores viales, segundos pisos, puentes, etc., y para darles mantenimiento. Si quitamos los vehículos de transporte de mercancías y de pasajeros, que son los que verdaderamente inciden de un modo, digamos que más democrático, en la población en general, nos daremos cuenta que son un porcentaje mínimo en comparación a los automóviles particulares, por tanto, unos cuantos acaban utilizando la infraestructura que se construye con los impuestos de todos, aunque no tengan, ni vayan a tener jamás, un automóvil. En cambio, el ciudadano que camina es obligado a usar puentes peatonales, que son estructuras en beneficio del automovilista (para que pueda circular más rápido y sin molestias), y a andar en banquetas destrozadas y llenas de escalones, de entradas de cocheras, de maceteros, de postes, etcétera, lo cual es inequitativo y raya, pensando en personas mayores y discapacitados, en el abuso social.

Si usted tiene auto me estará odiando, pero si no, seguramente estará reflexionando en lo que le estoy diciendo. Y es que cuando históricamente acaban por aceptarse ciertas cosas, después resulta muy difícil cambiar la mentalidad de las personas.

Un impuesto a la tenencia de un automóvil, que necesita de una gran infraestructura urbana como ya hemos visto, y que se utilice para, precisamente, pagarla, no parece tan descabellado después de todo. Es como si quitara el subsidio a la gasolina, que se paga con los impuestos de todos, pero que nomás beneficia a quien la consume en sus vehículos, igualito.

Claro, que a este planteamiento mío le hace falta un ingrediente: la transparencia en el uso de los recursos públicos producto del cobro del ITV, la honestidad con que fueran manejados y la correcta utilización de los mismos, pero eso, mi estimado lector, es un asunto que tiene que ver con cosas que históricamente nos han saboteado y que, al menos en el futuro cercano, nos seguirán saboteando como país.

Los recursos recaudados por el ITV (que de alguna manera habría de ser cambiado por un impuesto por uso de las vialidades, es decir, quien use las calles paga si no, no) podrían ser empleados para mejorar el transporte público, lo cual sí sería algo más democrático y beneficiaría, a la larga, a más ciudadanos, pues un servicio eficiente, rápido, limpio y barato, desalentaría el uso del automóvil particular, convirtiéndose esto en un círculo virtuoso: mejor transporte público, menos vehículos en las calles, más rapidez para circular, mejor movilidad urbana, etcétera.

Por lo mientras, el ITV, no en aras de la economía de los veracruzanos y sí de mejores resultados electorales para el partido de quién está pidiendo su derogación, pasará a mejor vida. Bien por los que saldrán beneficiados, que no son todos los que aquí vivimos, cabe abundar.