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Conoce los nuevos programas del Museo Amparo

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Ubicado en Puebla, el Museo Amparo es un espacio en el que convergen tanto las disciplinas creativas contemporáneas más relevantes como el legado tradicional de México. En este recinto se han presentado exposiciones de creadores con gran prestigio internacional, tanto del ámbito del arte como de la arquitectura y el diseño. Al mismo tiempo, el museo mantiene un fuerte lazo con el público a través de programas de actividades paralelas, desarrolladas para públicos de distintas edades.

Frente a la contingencia sanitaria que enfrentamos actualmente, el Museo Amparo desarrolló un proyecto llamado «El Amparo en tu casa», pensado para su página oficial, por medio del cual se comparten recorridos virtuales por sus exposiciones, conferencias, conciertos y talleres virtuales.

A la par de esta iniciativa, el Museo Amparo ha trabajado en el desarrollo de nuevos programas expositivos vinculados con el arte contemporáneo, que puedan brindar una nueva experiencia y detonar conversaciones. Es así como surgió «Sala de Estar / Sala de Espera», programa coordinado por el artista Rafael Ortega, el cual contempla dos entregas semanales: una dedicada al arte sonoro y otra a la práctica artística visual. Cada una de las piezas está relacionada con el contexto actual y tratan temáticas diversas, entre ellas la identidad, la soledad, el sentido de comunidad y la naturaleza, por mencionar algunas.

«Sala de Estar» se lleva a cabo cada viernes a las 13:00 h, con una transmisión por Facebook Live, mientras que «Sala de Espera» toma lugar los sábados a la misma hora. En ambos casos las piezas son presentadas por Rafael Ortega. Todas las obras se pueden consultar tanto en la página de Facebook del Museo Amparo como en su sitio oficial.

Para conocer a detalle este proyecto, Código platicó con Rafael Ortega, quien compartió los antecedentes de «Sala de Estar / Sala de Espera», así como sus apreciaciones sobre la práctica artística en el entorno digital.

 

 

—¿En qué consiste «Sala de Estar / Sala de Espera»?

Para hablar de las dos líneas de trabajo hay que mencionar el inevitable traslado que las instituciones de producción de cultura tienen que hacer hacia las plataformas digitales. El museo tiene un programa permanente de relación con el público y parte de él cumple con la función pedagógica de la institución. Lo interesante en este momento es que trasladar la función pedagógica es una labor muy compleja, porque en el caso de el público infantil, la experiencia presencial siempre será infinitamente más importante que otra cosa.

Yo creo que a través de la experiencia estética puede surgir el respeto, entonces si llegas a un museo, aun cuando no tengas demasiada información, si ves algo que te llama la atención o te conmueve, surge una relación distinta con el objeto y con lo que él mismo representa. A partir de ahí empiezas a preguntarte por qué te llama la atención. En el caso de los niños, es muy difícil que eso suceda desde la pantalla.

«Sala de Estar / Sala de Espera» tienen que ver con esta situación a la que nos vimos orillados. Hay que ser claros al decir que una parte de la estructura de los museos se vio forzada a trasladarse a la red; otra parte —que ya venía trabajándose en todas las plataformas— sencillamente se aceleró. En el caso del Museo Amparo, llevamos cerca de seis años reforzando la presencia del museo en la red. Uno de esos ejemplos es que se rediseñó el sitio web del museo. Como ejemplo, dentro de esta nueva reestructuración del sitio, uno de los cambios importantes fue que todas las imágenes de todas las piezas de la colección permanente se hicieron accesibles, se pueden usar bajo la licencia de Creative Commons, así como conferencias de los últimos años, libros digitales y todas las exposiciones presentadas en el museo.

Para mí fue un cambio importante en la lectura que el museo hace de sí mismo, de  lo que tiene, que es un patrimonio tangible pero también es algo que le pertenece a todo el mundo. Aprendimos muchísimo con esto. Otro ejemplo es el proyecto W25, que es una plataforma en la red para dialogar con la comunidad artística local en la ciudad de Puebla y un escaparate para brindar apoyo a los artistas jóvenes poblanos que culminó con [La 3 y la 4] 30 días de actividades, diálogos, mesas redondas, cursos, convivencias desde la comunidad artística de la ciudad.

De la suma de experiencias surgen «Sala de Estar / Sala de Espera».

En conjunto con la dirección del museo planteamos las líneas a partir de las cuales pudiéramos construir esta nueva iniciativa. Y estas dictaron los límites de el proyecto:—No pretendemos entender la situación mejor que otros.
—No creemos que habrá un retorno a la normalidad anterior.
—No tenemos respuestas: más bien, muchas preguntas.
—No tenemos un plan maestro, sino que estamos reaccionando igual que todos.
—Solo seguimos trabajando y esperamos que, si todo sale bien, llegar al otro lado de esta situación en buen estado físico y mental.
—Estamos todos en la misma espera.

Y es así que creamos estos dos espacios que nos parecieron necesarios.

A partir de la hegemonía impuesta por la imagen en la red, me pareció importante también abrir un espacio para la experiencia sonora. Un lugar para tener una experiencia estética en el que no necesariamente tengas que estar viendo la pantalla todo el tiempo. Por eso, abrimos «Sala de Estar» que es una sala de escucha, a la que invitamos a compositores músicos y artistas visuales que trabajan con el sonido como soporte de su obra.

Me parece importante también la posibilidad que abre el sonido de ir a otros lugares virtualmente. La primera pieza que presentamos fue de Tito Rivas, que en solo doce minutos te hace sentir que ya no estás encerrado en la sala de tu casa, sino en un estero en Nayarit, dentro de un entorno natural. En «Sala de Estar» también han participado Natalia Ángel, Manuel Rocha Iturbide, Antonio Fernández Ros y Félix Blume y Luz María Sánchez.

Por otro lado está el espacio de «Sala de Espera», que consiste en artistas que abordan la situación, el presente, el hoy, lo que sucede ahora. Desde un lugar económicamente modesto nos planteamos abrir diálogos con artistas y comisionar trabajos o buscar trabajos de artistas que pudieran ser pertinentes en este momento. Así surgió «Sala de Espera»; llevamos ya cinco sesiones de cada proyecto. Entre los artistas que han participado en «Sala de Espera» se encuentran Paul Barker, Roberto Rubalcava, Noe Martínez, María Sosa, Maria Cerdá Acebrón.

Me parece interesante abrir un proyecto en el cual nos estamos ajustando constantemente: ajustando formas, tiempos, ajustando públicos… estamos claros que no vamos a hacer piezas de más de quince minutos porque la gente está cansada de ver la pantalla, o sencillamente no tiene tiempo. Antes cuando querías desconectarte del trabajo, encendías la pantalla de la televisión. Ahora es al revés: estás trabajando en la pantalla y lo último que quieres hacer es ver la pantalla; preferirías hacer cualquier otra cosa.

Decidimos escoger el sábado que es un día más ligero y elegir un horario en el que con quince minutos te permitas desconectarte o conectarte con otro lugar.

Sobre el nombre de los proyectos, hay dos maneras de pensar la idea de sala: hay una sala de espera que puede ser de disfrute, esperando una buena noticia, y hay otra que es como la del dentista o el médico, donde la espera es algo tremendo.

Un poco lo que sucede es que todos estamos en la misma espera, pero la sala cambia según la situación en que te encuentres. En este sentido, es una especie de situación en limbo, indefinida, pero de posibilidad.

 

—Más allá de la accesibilidad y la amplitud del público al que se puede llegar desde internet, ¿cuáles consideras que son las ventajas de gestión o creativas que han traído «Sala de Estar» y «Sala de Espera»?

Lo que nos ha permitido es reflexionar sobre las estructuras en las que estábamos basados. En la estructura primordial del museo siempre ha estado lo presencial, el problema es a dónde vamos con el espacio del museo si no tenemos el cuerpo. Para mí, ha sido muy interesante que en el tiempo en el que lo más vulnerable es el cuerpo, el cuerpo desaparece del museo.

Finalmente nos preguntamos cómo producir contenidos en la red sin convertirnos en un canal de entretenimiento. En este sentido, el problema no es el contenido, sino el cómo se lleva éste a un mayor público, pero al mismo tiempo, la pregunta está en cómo mantenemos la atención de la gente.

Hay dos cosas a destacar para nosotros en este proyecto: la condición procesual, indefinida e incierta, y el diálogo directo con los artistas en el desarrollo de las propuestas.

 

—¿Consideras que esta nueva forma de concebir la interacción entre el artista, la institución y el público va a prevalecer cuando termine la contingencia sanitaria?

Todos hemos probado alternativas para este tipo de actividades, se trata de transformar, reestructurar. Evidentemente el museo va a abrir, eso es una certeza. El cómo, es algo que se revisará, aunque podemos ver que ya hay toda una dinámica en todos los sitios públicos o en la misma calle. Todos estamos aprendiendo a movernos de una manera distinta.

Si tú caminas en la calle hoy como caminabas hace tres meses, eres un freakLos sistemas de percepción del cuerpo y los cuerpos están cambiando. Esto cambiará todo lo demás.

Lo único que podría decirte de manera clara es que si alguien te dice que sabe perfectamente qué es lo que se debe de hacer, está mintiendo. Nadie sabe qué va a pasar; estamos todos en el mismo barco, viendo hacia adónde ir.

 

—¿De qué forma la práctica artística nos puede ayudar a entender las circunstancias que estamos viviendo actualmente?

La respuesta está en la metodología. Por eso la parte procesual es importante. Vale la pena resaltar que todo proceso de aprendizaje tiene algo fascinante. ¿Qué es lo que hace mas interesarte una obra? Conocer su proceso.

Estamos tratando de mostrar piezas que están planteadas desde ese lugar procesual, donde no hay certeza de que hay una pieza terminada y eso puede trabajar en favor de que el público se acerque a la creación artística desde un lugar más horizontal. La pregunta no es cómo hago que estas piezas procesuales funcionen en la red sino cómo hago que lleguen a más gente. Si la metodología se hace evidente en las piezas puede haber un acercamiento más afectivo.

Otra cosa importante que podemos destacar con «Sala de Estar / Sala de Espera» es la permanencia. Cuando tienes una exposición, las piezas se quedan entre tres o seis meses y lo que queda de ella son fotos, quizá videos, un catálogo, etcétera. En el caso de lo que está sucediendo ahora, yo te puedo garantizar que el proceso de revisión que se está haciendo quedará permanente, pero es algo muy interesante lo que sucede: se está produciendo el archivo al mismo tiempo que se está presentando la exposición y el ruido del archivo forma parte de los documentos presentados.

Todo de alguna forma es imperfecto: por más profesional que seas al momento de presentarlo, no puedes garantizar que la videollamada la vayan a ver todos igual que tú. La estás produciendo constantemente y esas diferencias producen una interpretación muy específica de lo que estás viendo. Por ejemplo, en una conferencia comenzó un feedback de audio que casi podía ser una pieza sonora muy interesante. Esos detalles son importantes, porque nos invitan a pensar cómo podemos abrazar lo inesperado y hacerlo parte del material final.

El lado positivo de todo esto es quizás producir empatía, a partir de darte cuenta que el otro no es tan otro.

*REVISTA CÓDIGO

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