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CRÓNICA | “¡Otra, otra, otra!”. Tepito reta al virus con posadas, baile, canto y litros de cerveza…

Ciudad de México, 21 de diciembre (SinEmbargo).- En la calle Matamoros, incrustada en el barrio de Tepito, se vive en otro año. Tal vez es 2019 o algún momento de 2021, pero definitivamente no es 2020. Ahí las reglas para evitar que la COVID-19 se propague no existen. Incluso se reta al virus con bromas sobre “caldos de murciélago”. Ahí no hay Semáforo Rojo, dicen.

Es la tarde del domingo 20 de diciembre. Hace dos días los gobiernos federal, de la Ciudad de México y del Estado de México acordaron la suspensión temporal de actividades económicas para frenar los contagios. El Valle de México alcanzó el color de máxima alerta. Pero aquí, en la Matamoros, se celebra la Navidad que viene con una posada multitudinaria.

Los organizadores titubearon un momento durante la tarde del sábado 19. “Se cancela el evento de mañana”, escribieron en las redes sociales oficiales del bar. Luego algo pasó. Les dieron permiso o se dieron permiso. “Todo confirmado”, celebraron.

Decenas. Tal vez cientos se congregan entonces en la Matamoros. Piden su vaso escarchado y la cheve bien fría. “Pokifamosito” toma el micrófono y anima a los salseros. “Vivo en un mundo de mentiras, fabricando fantasías para no llorar ni morir por tu recuerdo”, canta. “¡Otra, otra, otra!”, le exigen. Obvio: él se avienta otra.

Nadie lleva cubrebocas. Nadie se aparta de nadie. Nadie usa gel antibacterial. Hay hasta compas que tosen sin remordimiento. Y la salsa suena. Y la cerveza se chorrea. “¡Otra, otra, otra!”. “Me hubieran dicho que iban a estar así de apagados y ni canto”, reclama “Pokifamosito”. Los de la fila de adelante ríen. Los de atrás sonríen. Luego viene una dosis de cumbia.

Policías de la Ciudad de México prefieren no intervenir. Dos se acercan a la multitud, pero sólo dan un vistazo antes de marcharse entre los puestos que comparten paredes con la posada clandestina. Pero son los rostros de los oficiales, tapados con cubrebocas, los que recuerdan que es 2020, el de la pandemia, el de los millones de enfermos.

En la Matamoros ocurren al menos tres fiestas masivas más. Una detrás de la otra. En una se baila salsa, en la otra un poco de reguetón. Hay grupos en vivo y bocinas gigantes que reproducen la música de las USBs.

A la mayoría de los presentes les llegó un mensaje de alerta el sábado temprano. “Los hospitales están al límite. Regresamos a aislamiento total. Desde hoy sólo abren sectores indispensables. NO salgas, NO fiestas”, les pidieron. No importó.

“Aquí estamos en Semáforo Verde, quítate el cubrebocas, de todas maneras ya te contagiaste”. Esas palabras están escritas en una cartulina pegada en el puesto de un hombre en la Matamoros. Él sonríe cuando alguien señala su mensaje. Tal vez está convencido, como los miles que caminan frente a él, que está en otro año, tal vez en 2019 o en algún punto 2021, pero no en 2020.

Y la fiesta sigue, y la fiesta sigue…

*SINEMBARGO

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