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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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De regreso a casa… con VIH-SIDA

TOMADO DE SINEMBARGO

En su búsqueda por una vida mejor, más de 400 mil mexicanos ingresan año con año a Estados Unidos expuestos a ambientes que los ponen en una situación de vulnerabilidad. Pero el drama no termina ahí y tampoco es solamente de ida. Muchos de ellos, dicen las estadísticas, vuelven a casa con un daño mayor: el VIH/SIDA.  

Surge la posibilidad que el VIH esté siendo exportado y propagado en el México rural

MARIO BRONFMAN Y BARTON HAYNES

EXPERTOS EN SALUD PÚBLICA

 

LAS QUE SE VAN Y LAS QUE SE QUEDAN

En el  caso de las mujeres, su propia condición de género, aunado a la posición de indocumentadas las coloca en un estado de vulnerabilidad aún mayor, pues el INSP estima que el 60 por ciento de ellas tiene algún tipo de experiencia sexual en su viaje hacia Estados Unidos, la mayoría de ellas en condiciones de desigualdad, “desde la violación y el sexo coaccionado, hasta el compañerismo”.

Pues, dicen, cuando pagan por un “guía” y “tener sexo con él puede ser una medida de protección que reduce significativamente el pago monetario por su compañía”, además de enfrentar el acoso por parte de migrantes masculinos.

Según investigaciones, las mujeres migrantes indocumentadas son vistas socialmente como mujeres “dispuestas y disponibles” para las relaciones sexuales, aunado a que sus oportunidades de trabajo suelen ser más limitadas que las de los hombres y en ocasiones, la prostitución es una alternativa que las pone en una situación de riesgo mayor frente al VIH.

Además, como denunció la asociación Brigada Callejera de Apoyo, en 2013, diariamente una mujer es violada y posteriormente obligada a unirse al comercio sexual, al cruzar la frontera entre México y EU.

 

El sexo como moneda de cambio, la falta de información, el nomadismo, un nuevo estilo de vida y la poca atención a su salud, han puesto a los migrantes mexicanos en Estados Unidos en un foco más de vulnerabilidad, en el que los comportamientos de riesgo, en conjunto con las situaciones adversas a las que se enfrentan en el camino al “sueño americano” los exponen más que al resto ante las enfermedades de transmisión sexual, específicamente a la pandemia que azota al mundo desde principios de los años 80′s: el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Cifras de 2013 proporcionadas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, datan que en los Estados Unidos más de un millón cien mil personas viven con este virus, mientras que en México, el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA (Censida) contabilizó al cierre del mismo año a 170 mil, con una incidencia mayor en estados con un alto porcentaje de migración, de acuerdo con la dependencia.

Fue en 1983 cuando se detectaron los primeros casos en México, todos ellos ligados a personas que habían vivido en la Unión Americana, por lo que, sumado al caso de otros países, las autoridades sanitarias mundiales vincularon la diseminación del virus con los movimientos poblacionales y las rutas migratorias. Así, en la República Mexicana con el paso de los años esta relación se fue reduciendo, a un 41.3 por ciento para 1991, y para el 92, fecha en la que se implementó el sistema de vigilancia epidemiológica, cayó hasta el 20 por ciento. No obstante, este porcentaje se sigue manteniendo en estados con altos índices de migración, tales como Jalisco y Michoacán.

Desde principios de la década anterior, diferentes organizaciones civiles, académicas y gubernamentales se han preocupado por encontrar las causas a este fenómeno que tiene la prevalencia de VIH/SIDA entre migrantes en un 0.6 por ciento, cuando en el resto de México es de 0.36 por ciento, y en Estados Unidos llega ya al 0.8, es decir, ocho personas contagiadas por cada mil habitantes, de acuerdo con Censida.

Desde la identificación de los primeros casos de VIH/SIDA a principios de los años 80, la movilidad social fue señalada como uno de los principales factores de propagación, sin embargo, fue hasta años después que los organismos internacionales pusieron los ojos sobre el riesgo que estas migraciones representaban tanto para sus lugares de origen, como de tránsito y destino.

 

LAS CAUSAS 

Desde hace más de 10 años, investigadores de distintas universidades, instituciones y organismos de toda la región han puesto sus esfuerzos en identificar cuáles son las causas por las que los migrantes se han vuelto un foco de vulnerabilidad ante este virus, a lo que han encontrado respuestas muy diversas, desde la falta de educación, abuso de alcohol, relaciones con sexoservidoras, hasta vejaciones que los “polleros” o las autoridades mismas comenten en su contra.

El tema fue tocado desde 1994 por expertos del Colegio de México, dentro de su programa “Salud Reproductiva y Sociedad”, en el que basados en diversas investigaciones de expertos como el doctor en Salud Pública Mario Bronfman y el inmunólogo Barton Haynes, reportaron que “los migrantes temporales, cuyas familias permanecen en México, mantienen una vida sexual activa en Estados Unidos, lo que podría colocar a sus esposas que se quedan en México, en una posición vulnerable para el SIDA”.

Por otro lado, se ha señalado también que muchos migrantes que enferman en los EU, se reintegran a sus comunidades de origen en México en búsqueda de curación para sus padecimientos, los cuales en su mayoría nunca son diagnosticados. “Surge así la posibilidad que el VIH esté siendo exportado y propagado en el México rural, en donde programas de educación, prevención y cuidados son virtualmente inexistentes”.

En este mismo documento, señalaron que los emigrantes tienden a cambiar su comportamiento sexual debido al transitorio estilo de vida y su contacto con la cultura estadounidense, en lo que se refiere al aumento de parejas sexuales, y su llegada a una sociedad “más permisiva”.

Por su parte, el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA (Censida) publicó en 2007 su “Manual para la prevención del VIH/SIDA en migrantes mexicanos a Estados Unidos”, en donde recuperó las conclusiones que diversos estudios han realizado en los últimos años, en el que determinaron que alrededor del 10 por ciento de los hombres mexicanos residentes en el estado de California, a los que se entrevistó, habían tenido relaciones sexuales con otros hombres, mientras que un 11 por ciento recibía dinero a cambio de favores sexuales.

Asimismo, un 58 por ciento de los encuestados dijo haber tenido contacto genital sin protección con compañeras sexuales no habituales, y un 85 por ciento luego había tenido sexo vaginal sin protección con su pareja. También, un 25 por ciento aceptó haberse involucrado sexualmente con una prostituta y el 20 por ciento tuvo su relación sexual más reciente bajo los efectos de la droga o el alcohol.

El INSP, retoma también los puntos que desarrolló Bronfman en su investigación Hábitos sexuales de los migrantes temporales mexicanos en los Estados Unidos, en donde dice que el traslado de un país a otro determina cambios importantes en las condiciones de vida de estas personas, que a su vez, incrementan sus posibilidades de caer en prácticas sexuales de riesgo.

Uno de los principales factores es que más de la mitad de los migrantes (58.3%) viajan sin sus esposas o novias, “y al llegar se enfrentan a una sociedad con costumbres sexuales más abiertas que las de su lugar de origen”. Y en el caso específico de los hombres “encuentran que las parejas femeninas en Estados Unidos son más experimentadas y están más dispuestas a participar en encuentros no tradicionales”.

El alcohol y el dinero son también un tema recurrente en el tema de incurrir en prácticas riesgosas, pues el estudio de Bronfman detalla que además de que se observa una relación entre las trabajadoras sexuales que se instalan en los alrededores de cantinas y bares, en donde los migrantes pueden conseguir sexo a bajo costo, una parte de los hombres que aceptaron haber tenido relaciones homosexuales lo “justificaron” diciendo que estaban alcoholizados.

En conclusión, y basado también en las investigaciones de la periodista especializada en el tema, Eliza Barclay, “se ha mostrado que los mexicanos que emigran a los Estados Unidos para trabajar, están participando cada vez más en conductas de alto riesgo que les exponen a mayores posibilidades de contraer el VIH, como es un mayor número de parejas sexuales, relaciones sexuales con trabajadoras del sexo comercial, uso inconsistente de condón, uso de drogas y/o intercambio de jeringas”, dice el Censida.

 

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