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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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El doble crimen de ser un joven de barrio

POR JUAN MATEOS FLORES

¿Te han discriminado por tu forma de vestir? Cientos de jóvenes lo padecen, los excluyen del trabajo, les impiden acceso a bancos o plazas, los tachan de drogadictos,  problemáticos y, en casos extremos, son llevados sin dejar rastro, ¿te atreves a conocerlos? 

 

¿QUÉ HACE EL MUNICIPIO 

POR ESTOS CHICOS?

 En la administración pasada (2010-2013) de esta ciudad no existía una dependencia enfocada en la juventud. Ahora la hay y sólo trabajan ocho personas (a diferencia de la de comercio donde trabajan 82).Valeria Arteaga Ponce es la titular del área, con un ojo en la computadora da unas cifras generales: Existen 2 millones de jóvenes en el estado de Veracruz lo que significa el 26.6 por ciento de su población, pero desconoce las cifras de los que viven en el municipio.Identifica la discriminación juvenil principalmente en grupos como homosexuales y discapacitados. También por los gustos personales y maneras de vestir. Contrario a ello, más del 70 por ciento de los jóvenes respeta las opiniones de los demás, de acuerdo a la encuesta realizada el 2013 por el Instituto Mexicano de la Juventud.

Respecto a los chicos que visten deportivamente, reconoce que hay una gran deserción escolar de la cual no tiene cifras claras y admite que no ha habido un acercamiento con ellos.

“Son chavos que nos dicen que dejaron estudiar por los recursos económicos, que trabajan por las mañanas y que gustan de jugar futbol por las tardes… tratamos de darles opciones, tampoco podemos darles soluciones a todos, es un municipio demasiado grande, todo mundo tiene problemas y necesidades”.

Sin embargo, en este departamento de Juventud se busca combatir el problema con talleres de carpinterías, pintura, electricidad, para que en un futuro que puedan emprender negocios propios.

 

Cuando le pregunto a Fernando Silva, un joven de 22 años que vive en un barrio popular de Veracruz, si ha sido discriminado por su forma de vestir o hablar me responde que no, ya es normal para él.

“No pá –dice con una voz gangosa- a veces sólo las señoras se-me-quedan-viendo-raro, abrazan sus bolsas como si uno se las fuera a robar”.

Algo parecido sucede cuando pide trabajo: Pues ya sabes pá, lo de siempre, a veces no encuentro trabajo porque dicen que no me veo decente”.

Es de esos chicos en Veracruz que visten deportivamente y que son discriminados por un gran sector de la población porteña al ser estigmatizados como “malandros” “rateros”, “escorias”, “jóvenes sin oficio ni beneficio”.

A Fernando se le asocia así y también a sus amigos, porque se les escucha hablar con cierto slang tropical como “oye loco”, “qué iris” “qué pedo pachi” al saludar. Camina con un bamboleo de hombros –típico en barrios como los de él- cadencioso y rítmico parecido al de las olas del mar cuando nacen y mueren en la orilla de una playa.

Hoy viste así: un jersey de Croacia, capri pants –un pants que deja ver los tobillos- y unos tenis fluorescentes de la marca Nike. Es moreno, tiene en su brazo un tatuaje azulado. Sus amigos en el barrio lo conocen como El Perico, porque es un poco narizón.

Juega muy bien el fútbol, lo hizo con Atlético Boca del Río en la tercera división. Hizo las visorías para las fuerzas básicas de los Tiburones Rojos del Veracruz y quedó seleccionado.

Eso fue hace unos cuatro años cuando contaba 18 primaveras. Sin embargo, lo consumió su propio entorno, desatendido en todos los aspectos por el Estado mexicano: Deserción escolar, drogas, nulo acceso a actividades recreativas.

Fernando prefirió los vicios en vez de la disciplina que implica el balompié profesional.

Se enamoró, como dicen en el barrio, de la droga. Comenzó a fumar marihuana, luego se metió quesos -psicotrópicos que se ingieren con refresco de cola o cerveza- y al final a inhalar solventes.

Hoy ya no hace eso, tiene una hija y trabaja –en lo que caiga, dice- para mantenerla, pero sueña con entrar a la Universidad algún día.

 

EL OCIO COMO PELIGRO

De acuerdo con el experto en temas de migración y violencia de la Universidad Veracruzana (UV), Mario Toto Constantino, los jóvenes son el sector más discriminado en este país porque la sociedad se identifica con un discurso “adulto” y “productivo”.

“En la sociedad mexicana y en la veracruzana en particular, se asocia el ocio con el riesgo, el ocio como peligro. Si escuchas los medios de comunicación es muy común que se diga que quienes no hacen nada, quienes están de vagos en las esquinas, aunque sólo sean jóvenes esperando el camión, automáticamente se les debe asociar como delincuentes o que van hacer algo. Eso es algo que permea mucho en la sociedad mexicana, la forma en que los adultos, en edad productiva entre comillas concibe a los jóvenes en general”, añade.

La discriminación social se enfoca a los jóvenes que se visten deportivamente, al adoptar la moda de pandillas estadunidenses, pero trasladadas al caso veracruzano,  y la asociación mediática es la condena moral: “esos jóvenes son como los de Estados Unidos; son peligrosos, son pandilleros, son ladrones…

 

ME VISTO ASÍ, PORQUE ASÍ SOY

El Negro es el apodo de un joven de 23 años del INFONAVIT Buenavista. Prefiere que ponga cómo lo llaman en la cuadra, se siente más cómodo.

Viste deportivamente y forma parte de esa franja poblacional (16 a 29 años) identificada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) México  de jóvenes propensos a no estudiar y trabajar.

En medio de un calor que adorna el aire y que cae sobre condominios roídos por la humedad, se expresa:

“Me visto así porque este soy yo. Ya tiene tiempo que visto así. Lo probé, me sentí cómodo, me gustó y desde entonces visto así.

-¿Has sido discriminado por eso?

-Desde hace tiempo ya no tomo ni me drogo, ni me la paso en las esquinas aún así recibo miradas como del señor de la tienda, que yo le daba los buenos días y nega(tivo). Ya ahora ya me identifica pero antes no dejaba de verme, pensaba que lo iba a robar.

 

¿DE DÓNDE PROVIENE ESTA IDENTIFICACIÓN BARRIAL?

Aun cuando no se tienen registros oficiales de dónde surgió esta identificación barrial, el investigador Mario Toto explica que pudo empezar en tres zonas: El Barrio de la Huaca, el más viejo de América Latina, por esa tradición como emblema de un barrio porteño de la ciudad.

En Las Brisas, un barrio nacido como un fraccionamiento al norte de la ciudad, donde aún se puede escuchar a los pobladores porteños, sobre todo jóvenes de clase media decir: ¡Ah, vienes vestido como briseño!  y El Barrio de la Sexta en el INFONAVIT Buenavista, el primer conjunto de casas de interés social en la ciudad, y de los primeros en sufrir el asesinato o desplazamiento de la mayoría de sus habitantes jóvenes por la guerra de drogas.

“También puede ser aquí, ya que este barrio tiene una tradición migratoria al norte del país”, explica Mario Toto.

Un joven cercano a ese barrio al que le apodan Ojón,  recuerda a chicos apodados La Jitomata, Juanito Bembón, Paco –del barrio de La Sexta- y a El Tata –de Las Brisas- como los primeros en vestirse de esa forma, sólo que en vez de capri-pants usaban mezclilla.

Es ahí donde se ha visto desfilar a los jóvenes que se vestían con shorts debajo de la rodilla como de boxeo y tenis Súper Faro (tipo Converse), pasando por la mezclilla, tenis anchos o de concha.

Algunos usan escapularios o crucifijos de todos tamaños y colores bendecidos, principalmente de San Judas Tadeo o la Santa Muerte, colgados en sus cuellos como protección.

 

DISCRIMINACIÓN=VIOLACIÓN

La discriminación que padecen Fernando, El Negro y otros chicos de su edad, significa violaciones a sus derechos humanos los cuales están garantizados en la reciente reforma a la Constitución de 2011, donde se garantiza que todas las personas gozan de los derechos humanos establecidos en los tratados internacionales que ha firmado el país.

Julián López tiene 22 años y ha sufrido también esta discriminación que viola sus derechos fundamentales, en este caso el de libre tránsito. Por su forma de residencial, a las afueras de Boca del Río.

 

LOS PORTEÑOS TRAEN LA MURALLA EN LA CABEZA

Mario Toto recuerda que en los tiempos de la colonia la ciudad fue amurallada para no ser atacada por piratas, perímetro que fue derribado en el siglo XIX para darle paso a la inserción del ferrocarril.

Adentro solía vivir, según el discurso social de la época, “la gente de bien,  trabajadora y honesta, y afuera la gente pobre”. Una analogía que puede explicar por qué en la ciudad de Veracruz se discrimina tanto a estos chicos de barrios populares que visten deportivamente.

“El puerto de Veracruz es una sociedad súper segmentaria, súper racista y súper clasista que data desde casi su fundación, la existencia de una muralla te habla de un Veracruz de dentro y de fuera, de un Veracruz que se comporta como si aun trajeran la muralla en la cabeza, donde la gente que se viste bien vive dentro y la que viste así vive fuera”.

-¿Esto se refleja también en los medios de comunicación?

-Totalmente. Revisa la sección de sociales de los periódicos más viejos y conservadores, donde sale la gente bien, la que se considera un emblema de lo que debería ser el buen jarocho, los demás de pronto salen en el Notiver, pagando la inserción o siendo amigo del fotógrafo, pero aun siendo el periódico popular genera una emblemática de quién es la gente bien del puerto.

 

FINAL DESCONOCIDO

Estos jóvenes cargan un estigma endilgado por la sociedad que los lleva a una doble criminalización: la discriminación y en algunos casos su desaparición o muerte, que se llega a justificar con un “porque andaban en malos pasos”.

Antonio Hernández, “El Pirri”, nacido en el INFONAVIT Buenavista, un caso extremo de cargar con este estigma, desapareció en un Oxxo de la colonia Río Medio en septiembre del año 2011.

Según sus amigos, Antonio fue confundido por un comando armado y privado de su libertad. Su único error fue estar en el lugar  equivocado con la ropa equivocada. Se desconoce si fue asesinado o  parte de una desaparición forzada.

A casi tres años de su ausencia, sus padres que lo vieron ese salir de casa como todos los días, siguen esperando su regreso, que vuelva entrar sonriente por la puerta de su casa con su camisa de los Tiburones Rojos.

 

 

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