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El Secretario sí tiene quien le escriba… y le comparezca

“Qué tristeza”, soltaba Roberto Ramos Alor, Secretario de Salud de Veracruz cada que tenía que admitir ante el pleno de diputados locales que ya no “tenía” dinero para la construcción de un hospital, para los medicamentos oncológicos o para no poder contener los más de cinco mil muertos por Coronavirus.

Ramos Alor está sentado en el pleno legislativo. Ahí donde las letras de la Secretaría de Marina, Ejército Mexicano, Sebastián Lerdo de Tejada y Adolfo Ruiz Cortines, entre otros tantas instituciones y personajes están bañados en oro. Alor porta un impecable traje café, aceite de coco untado en la cabeza para que brille y un bigote más largo de lo normal, pero escrupulosamente recortado y alineado para la ocasión: Su segunda comparecencia alusiva al segundo informe de gobierno de Cuitláhuac García Jiménez. 

Atrás del responsable de la salud de ocho millones de veracruzanos, hay un ejército de tres asesores quienes tarjetean entre ellos y conspiran, las respuestas que habrá de dar su jefe, Roberto Ramos a los intrigosos diputados y quisquillosos legisladores quienes -muchos de ellos, la mayoría- no quedan satisfechos con las respuestas que da el Secretario de Salud y exdueño del bar, Puerto Rican Power en Coatzacoalcos.

Ante cada cuestionamiento incómodo, Roberto Ramos crispaba el bigote y esperaba segundo y medio a que le llegará la tarjeta correcta para poder leer -lentes de alta graduación puestos- la respuesta que sus asesores consideraran conducente. Como cuando el diputado expanista, expriista, expvem, hoy independiente, Rodrigo García Escalante cuestionó sobre el presunto daño patrimonial detectado, “no lo digo yo” -insistió García-, sino la Auditoria Superior de la Federación (ASF).

Y ahí empezaba, Ramos Alor a leer las hojas tamaño media carta que sus asesores le daban, de lado y lado. La retahíla técnica y catedrática que su acordeón técnico, burocrático y sanitario, consideraron que era lo prudente contestar: 

“Como usted sabrá diputado, la Auditoría Superior de la Federación es un ente que depende del Congreso de la Unión y que es correcto y necesario aclarar la inconsistencia que nos señala, bla, bla, bla”.

Fueron trece minutos, en donde Ramos Alor explayó la función, etapas y procesos de fiscalizar en México y en Veracruz, para excusar que los más de mil, 960 millones observados por la ASF serán solventados. Y que sí en ésta ocasión el Informe de Resultados de la Cuenta Pública 2019 les dio un dictamen negativo, claro está, fue culpa de la pandemia por Coronavirus. 

Tras “la clase” de Fiscalización dada por Ramos Alor, el diputado local, Rodrigo García no tuvo otra más que pitorrearse -acostumbrado a las auditorías y observaciones hechas a su papá y a su hermano como servidores públicos de Pánuco-, García Escalante jaló aire y le espetó a Ramos Alor en la cara, que conocía cada uno de los procesos y etapas de la fiscalización: “Me contesta, sin aclararme, ni decirme nada”.

Como contra respuesta y con el mismo acordeón dado por sus asesores, Ramos Alor volvió a repetir que se hará la solventación de cada centavo y de cada recurso señalado por la ASF, así como se sanearan “los pliegos de observaciones”, “cuando el Covid lo permita”, sólo faltó agregar. Acorralado y ya sin tarjetas tiradas como “salvavidas” por los asesores de atrás, Ramos volvió a culpar a la pandemia. 

“La pandemia retrasó la arteria administrativa. Pero estamos en tiempo y forma de aclarar lo que se nos señala”.

Del otro lado, la respuesta-contrarréplica fue contundente: Señor secretario, le tomo la palabra, espero la información, pero la Cuenta Pública es 2019 y sus pretextos de la pandemia son 2020.

La diputada del Movimiento Ciudadano, Ivonne Trujillo reprochó al titular de Salud que se había prometido un hospital para la atención de habitantes de Perote y congregaciones, el cual no se había construido y no se veía para cuando. 

Ramos Alor volvió a apelar a sus sentimientos de “tristeza”, porque para dicho nosocomio se necesitan “60 millones de pesos” y -dijo- “ya no los tenemos”. Alor prometió que para el próximo año buscarán etiquetar a toda costa ese hospital el cual es una necesidad. 

El otro par de horas de la comparecencia transitó entre excusas del secretario y gestiones de diputados para los distritos que representan. Ramos Alor presumió que en infraestructura hospitalaria se han invertido más de 283 millones de pesos; que en la contingencia sanitaria por Coronavirus no habrá multas por no portar cubrebocas, ni tampoco por organizar actos masivos, pues ésta será una responsabilidad social; y que las pruebas rápidas por Covid no son confiables, razón por la que esperaran la bendita vacuna.

Antes de despedirse, Ramos Alor soltó una joya que quedará para la posteridad de las respuestas en la comparecencia. El funcionario de Salud aseguró que la diabetes, la obesidad y la hipertensión son producto y responsabilidad de Gobiernos Neoliberales que no trabajaron en la “prevención” de estos males que hoy viven inherentes a los veracruzanos y mexicanos. 

Respuesta salida del “ronco pecho” del Secretario y para la cual prescindió -por rebeldía o por seguridad- de sus asesores y las “mágicas” tarjetas informativas. Para todas las demás respuestas y carencias en el sector salud, solo queda -como lo dijo Ramos Alor- la tristeza. Sólo la tristeza. 

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