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Xalapa

Escenarios

LUIS_VELAZQUEZ*“¡Basta de sangre!”

*Clamor de la iglesia

*Clamor esporádico

I

Un día, los malosos se llevaron a un vecino y los vecinos se preguntaban en qué andaría metido.

Y la elite eclesiástica calló.

Otro día, los malosos se llevaron a un familiar y todos exclamaron: “¡Qué poca si es un hombre limpio y recto!”.

Y los ministros de Dios guardaron silencio.

Un día, mataron a un par de sacerdotes en Ixhuatlán de Madero, Hipólito Villalobos y Nicolás Cruz, noviembre 29, 2013, y la policía dijo que eran unos vulgares ladrones que deseaban robarse las hostias consagradas.

Y la cúpula religiosa aguantó vara, a excepción del obispo de Tuxpan, que se inconformó, pero de ahí pa’lante ninguno otro de sus colegas ni el arzobispo levantaron la voz llena de indignación.

Otro día, en la prensa fue publicado que con el presidente Enrique Peña iban 41 mil muertos.

Y la iglesia, de igual modo, calló.

Un día, los malosos se llevaron del Seminario de Altamirano, Guerrero, al sacerdote Gregorio López Gorostieta, y lo mataron.

Y entonces, la elite eclesiástica se encorajinó y dijo: “¡Basta ya de sangre, muertes y desaparecidos!”.

En automático, el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, repiqueteó las campanas de Catedral y dijo al más puro estilo priista: “¡Basta ya de sangre!”.

Basta, pues.

II

Se insiste: entre más calle la iglesia de Veracruz sobre el infierno violento que padecemos los 8 millones de habitantes… la violencia se recrudecerá.

Pero, además, el simple hecho que de vez en vez, cuando la lumbre les atiza, se acuerden de la pesadilla jarocha, en ningún momento servirá de solución.

Se insiste: no obstante el paso efímero de la Gendarmería, y de la Fuerza Civil cuyos policías rasos ganan 8 mil pesos y los policías con licenciaturas y maestrías 15 mil pesos mensuales, el infierno sigue.

Por ejemplo, Veracruz, en segundo lugar nacional de secuestros y fosas clandestinas con cadáveres putrefactos.

Y si el arzobispo de Xalapa cree que con haber declarado que en la tierra jarocha “hay crímenes; pero sin criminales detenidos” cumple con su obligación pastoral, está perdido.

Todos los días la tierra jarocha sigue llenándose de muertos, secuestrados, desaparecidos, ejecutados y sepultados en narcofosas.

Todos los días la secretaría de Seguridad Pública, la AVI y la procuraduría de Justicia están obligadas.

Y como las cosas continúan igual, mejor dicho, peor, entonces, todos los días en el púlpito, en la homilía de misa de la mañana y/o de la tarde, los ministros de Dios deben condenar el asunto y exigir y reclamar seguridad en la vida y en los bienes.

III

Un dato: el gobierno del presidente Barack Obama ha señalado a las siguientes entidades federativas con alto riesgo para la seguridad: Veracruz, estado de México, Durango, Zacatecas, Tamaulipas, Guerrero, San Luis Potosí, Colima, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Sinaloa, Michoacán, Coahuila y Baja California.

Otro dato: la Secretaría de Gobernación ha incluido a las zonas metropolitanas de Veracruz, Cuernavaca y Querétaro entre los estados con recursos preferenciales para luchar contra la violencia.

Otro dato: Veracruz figura en los 5 estados del país con mayor impunidad en los casos de muertos, secuestros y desaparecidos.

Otro dato: si en un momento determinado los Zetas quedaron solos en la plaza estatal, ahora han regresado otros carteles, entre ellos, se afirma, Jalisco Nueva Generación y el cartel del Golfo.

Por eso el desafío sigue vigente:

Uno. Cumplir al pie de la letra el mandato constitucional de salvaguardar la vida y los bienes, pero más, mucho más la vida, porque los bienes van y regresan… si vuelven.

Dos. Poner un alto al tsunami de desaparecidos de norte a sur de la entidad jarocha.

Tres. Procurar justicia, sin el populismo mediático que ha caracterizado al procurador de Justicia, listo ya para la Fiscalía General de nueve años.

Y, bueno, ante tales hechos y circunstancias, el arzobispo y los obispos y los presbíteros de norte a sur y de este a oeste de Veracruz necesitan cumplir con la obligación establecida por el Papa Francisco, es decir, del lado de los pobres, que además de pobres, miserables y jodidos, expuestos a la inseguridad.

Entre más calle la iglesia, más espacio para la violencia.

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