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Escenarios

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Mujeres de Veracruz a EU

Migraron a la buena de Dios

Han resucitado a la vida

 

I

LUIS_VELAZQUEZEn la ranchería de Cantarranas, en el municipio de Paso de Ovejas, donde nació el gobernador Agustín Acosta Lagunes, que soñó convertir a Veracruz en “el granero y yunque de la nación”, hay dos mujeres bragadas, peleadoras callejeras, entronas.

El año anterior las tres se divorciaron. Una, de 25 años, con un hijo. Otra, de 30 años, con un par de hijos. Y la otra, de 35 años, con un hijo.

Entonces, en un poblado rural donde todo mundo vive del campo y el resto de la migración a la frontera norte y Estados Unidos, los padres creyeron que el mundo se cerraba para ellas.

Y cuando los parientes nadaban en la angustia ellas tomaron la decisión más sabia de sus vidas: cada una en su momento agarró sus tiliches y fueron caminando a Estados Unidos con los amigos y conocidos del rancho que por allá andan desde tiempos inmemoriales, pues ante el fracaso de la política económica en Veracruz muchos han partido atrás del llamado “sueño americano”.

Pero, además, mientras los padres les decían que primero migraran solas y luego, según les fuera, regresaran por los hijos, el trío asumió la postura: “Mi hijo se va conmigo. Si me va bien, le irá bien. Y si como piedras, piedras también comerán ellos”.

Y se fueron con los hijos por delante con unos centavos ahorrados, apostando a una fe inquebrantable en ellas mismas, sin miedo a la aventura, pensando con optimismo.

Quizá sus nombres hayan escapado al INEGI que suele contabilizar la migración. Acaso también a la Secretaría de Desarrollo Económico…que ni en cuenta, además.

Pero varios meses después las tres han enviado mensajes a sus padres a través del celular y también las fotografías del trabajo donde están y disfrutando con los niños el fin de semana en un parque de diversiones.

Los exmaridos, en cambio, siguen de rancheros en el pueblo, en una nueva aventura amorosa, confinados al mismo destino que sus antepasados: igual que sus padres y abuelos, campesinos nacieron y campesinos morirán.

 

II

Mucha razón tenía Pancho Villa cuando un día el reportero norteamericano John Reed le dijo que debía pensar en otorgar el derecho de voto a las mujeres.

Con la duda clavada sobre la madurez cívica de la población femenina de las Adelitas, Pancho Villa aplicó una encuesta rudimentaria formulando a las mujeres la siguiente pregunta:

–Si descubrieras un traidor ¿qué harías?

Todas las Adelitas que echaban tortillas a mano y cocinaban la merienda contestaron a Pancho Villa con la misma respuesta:

–Lo fusilaría.

Así, en Cantarranas las mujeres han dado la sorpresa a los hombres y el trío aquel está empleado, una de trabajadora doméstica, la otra en la cocina de un restaurante y la otra hasta de albañil se metió cuando sentía que el mundo se le cerraba.

Además, ellas han desarrollado el más alto ejercicio de solidaridad y generosidad humana, sin envidias ni intrigas, y viven juntas en un departamento que comparten en los gastos, pues una fue jalando a las otras en la misma ciudad que eligieron como destino.

Ninguna ha iniciado una aventura amorosa ni afectiva, ni tiempo han deseado otorgarse para la vida íntima porque viven obsesionadas con ahorrar lo más que puedan y, por tanto, evitan las distracciones y las tentaciones.

Algunos de sus hijos estudian la primaria, y los otros se los encargan a una vecina mexicana que abrió una guardería en su casa, mientras su esposo trabaja de albañil y así le ayuda en el gasto familiar.

Desde entonces nunca han regresado al pueblo. Claro, están pendientes de los lazos sanguíneos: pero el celular les ahorra todo, de tal forma que cada día lo inician con la bendición de los padres que les envían abracitos con sus fotos, de igual manera como ellas con frecuencia les remiten las fotos de los niños.

 

III

En Cantarranas sólo terminaron la escuela secundaria; pero en el otro lado se han puesto a estudiar el idioma inglés y si los vientos favorables les siguen, entonces, cursarán la secundaria y ahí se irán, llenas de fe y confianza en ellas mismas, pensando con buena vibra.

Una de ellas ya juntó un dinerito que ha enviado a su señora madre en el pueblo para que programe su vida y se vaya con ella a pasar una temporadita en Estados Unidos.