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Xalapa

Escenarios: 8 mil muertos en Veracruz

•Estragos del COVID

•“Ya ni llorar es bueno”

Luis Velázquez/Parte I

03 de marzo de 2021

UNO. 8 mil muertos en Veracruz

Está cañón que en doce meses tan solo en Veracruz hayamos rebasado los 8 mil muertos por el COVID.

Incluso, y más allá de que la pandemia esté politizada con “tirios y troyanos” peleando en el palenque nacional…

Y más allá de la disputa por las vacunas…

Y más allá de que las vacunas dejen estragos insuperables como, por ejemplo, la fatiga, el dolor de cabeza y la depresión, lo peor entre lo peor…

8 mil muertos son palabras mayores. Más, en doce meses.

DOS. Municipios marcados

La autoridad tiene la estadística de la muerte. Los municipios de la desolación dando pasos a los jinetes del Apocalipsis en los primeros lugares:

Veracruz, panista. Xalapa, morenista. Orizaba, priista, Córdoba, panista, Boca del Río, panista.

Los municipios con menos muertos en los días que caminan son Paso de Ovejas, Rafael Delgado y Banderilla.

Quizá, digamos, “y a ojo de buen cubero” porque tienen población menor.

Pero, aun así, ocho mil muertos de norte a sur y de este a oeste de la tierra jarocha resultan inverosímiles.

TRES. México, campeón mundial

En el mundo corre la siguiente versión: México, gobernado por la 4T, la purificación moral y la honestidad valiente, ocupa uno de los primeros lugares con mayor número de víctimas por el coronavirus.

Más de 180 (ciento ochenta) mil, si se considera la versión oficial.

En mi pueblo, Paso de Ovejas, 187 muertos. En el dato oficial de la secretaría de Salud. Los expertos dicen que la cantidad ha de multiplicarse por dos y tres.

CUATRO. Todos tenemos un muerto

Un año después de padecer el infierno, pareciera que parte de la población habría tomado conciencia.

Por ejemplo: cada vez los hijos se recrudecen y vigilan como policías que los padres, tampoco los abuelos, salgan a la calle.

Incluso, ellos mismos se han organizado para llevar la despensa a casa de los viejos.

Más todavía: vigilan que hasta que en casa se ande con el tapa-bocas.

Y el regalo consabido es una botellita con gel.

Es más, hasta las comiditas familiares están prohibidas.

A estas alturas, en todos los hogares hay parientes, amigos, compadres, conocidos y vecinos con un muerto, o varios.

Y allá las tribus políticas sigan despedazándose entre sí por los contagiados, los muertos, el bozal, la sana distancia, el rebrote, los colores epidemiológicos y las vacunas, pero con 8 mil muertos es para arrodillarse y ponerse a rezar en cada nuevo amanecer y anochecer.

CINCO. Todos los días hay muertos

Días terribles cuando, por ejemplo, el número de víctimas pasa de los cien. Días, quizá, normales, unos cincuenta.

Se insiste: en el dato oficial, pues la mitad de la población y la otra mitad está segura, cierta, de que son más, mucho más, los fallecidos.

La sicosis es tanta que, por ejemplo, a veces por ahí los nietos pasan a saludar a los abuelos, pero desde el automóvil, sin bajar los vidrios, únicamente formando un corazón con las manos y enviando besitos.

SEIS. ¡Pobres de los amantes!

Los estragos son canijos. Pero los más duros y rudos para los amantes. Doce meses sin verse ni tocarse ni abrazarse. Un año de abstinencia.

Y, bueno, aunque pudiera convocarse la misericordia y la piedad, en doce meses sin regar el jardín, las plantitas se secan.

El amor y el deseo en el tiempo del COVID ha originado el peor infierno de la vida para todos ellos.

Nunca el amor prohibido ha estado en tanto riesgo como ahora.

Las ideas y opiniones expresadas por el autor de ésta columna periodística, no reflejan necesariamente el punto de vista de Crónica de Xalapa ©️

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