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Xalapa

Escenarios: Cadáveres en el basurero

•Pepenadores lo hallaron

•Negocio del terrorismo

Luis Velázquez

28 de diciembre de 2020

UNO. Cadáver en el basurero

Hay en Tihuatlán un basurero municipal. Todos los días, los pepenadores llegan a espulgar la basura soñando con encontrar cosas útiles para sus vidas. Incluso, hasta comida. Juguetes para los niños. Zapatos viejos todavía aprovechables. Ropa desechada. Muebles dados de bajo en casa.

Pero el once de diciembre la sorpresa casi los dejó atónitos. En medio de la basura encontraron los cadáveres de par de hombres. Los dos, torturados. Además, con heridas de bala. Un cuerpo, desnudo. El otro cadáver solo vestido con un pantalón de mezclilla color gris.

Fue el peor momento de sus vidas. Como en las películas norteamericanas donde los malandros suelen tirar los cadáveres en los basureros.

DOS. Terrorismo del sicariato

Es el horror y el terror en su decibel más alto. De los ajustes de cuentas entre los malandros han dado muchos pasos más con un solo objetivo. Multiplicar el terrorismo en la población.

En algún lugar de la región, el par de hombres habrían sido ejecutados. Luego, los malosos tuvieron la idea de arrojar los cuerpos en el basurero, conscientes de que los pepenadores o personal de la Limpia Pública del Ayuntamientos los hallarían.

TRES. “Miedo al miedo”

Una cosita, decía el poeta español, León Felipe, es el miedo. Y otra mil años luz de distancia, “el miedo al miedo”.

Los pepenadores, llenos de terror habrían quedado. Incluso, temerosos de que la guillotina de la muerte les alcanzara.

Cierto, la vida es así en un infierno llamado Veracruz. Por ejemplo, los cadáveres colgados de puentes en el norte. Las cabezas decapitadas abandonadas en las mesas de antros y cantinas. Los cuerpos sin vida flotando en los ríos aguas abajo. Los cadáveres cercenados, hechos cachitos, metidos en una bolsa negra y arrojados en canales de aguas negras.

CUATRO. Peor susto de sus vidas

Dos hombres más ejecutados con triste infortunio de sus cuerpos. Luego de asesinados, utilizados los cadáveres para el terrorismo, como los realistas en la guerra de Independencia que colgaban de los árboles los cadáveres de campesinos para intimidarlos y evitar siguieran uniéndose al ejército de Miguel Hidalgo.

Como los cadáveres colgados de los árboles por los norteamericanos en una guerra de Vietnam, Richard Nixon presidente, para evitar se volvieran guerrilleros.

Los pepenadores de Tihuatlán, con el peor susto de sus vidas.

CINCO. “Diles que no me maten”

Algunos cadáveres han sido localizados por los pescadores en los ríos. En el caso de otros, niños jugando a la orilla del río cuando de pronto, un cadáver aparece en la curva arrastrado por la fuerza de la corriente.

Ahora, cadáveres en los basureros. “El infierno tan temido” del que hablaba sor Juana Inés de la Cruz. “La muerte tiene permiso” intitularía Edmundo Valadés una de sus novelas. “Diles que no me maten” exclamaría un campesino personaje en un cuento de Juan Rulfo.

SEIS. Pueblo desesperanzado

Al paso que vamos con el oleaje de inseguridad, incertidumbre y zozobra e impunidad se ignora el lugar demoniaco al que llegaremos. O mejor dicho, al que nos llevarán los carteles y cartelitos.

Pero nada bueno puede esperarse. Menos, mucho menos, que los crímenes, feminicidios, infanticidios, secuestros y extorsiones, asaltos a los autobuses de pasajeros, disminuiría como canturrea el gabinete de seguridad.

Ninguna esperanza hay. Ni con el jefe Matute ni con “Don Gato y su pandilla”. Ni tampoco con la Fiscal General empistolada. Ni con el Cartel del Pampanito.

Las ideas y opiniones expresadas por el autor de ésta columna periodística, no reflejan necesariamente el punto de vista de Crónica de Xalapa ©️

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