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Sabado, 19 de Setiembre de 2020
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Expediente 2014

LUIS VELÁZQUEZ

Ahorcan ediles al IPE

El Instituto de Pensiones de Veracruz, IPE, vive, como todos saben, de las aportaciones del patrón, que son el gobierno del estado, los organismos descentralizados y otros más y los Ayuntamientos, y las cuotas de los trabajadores, que suman unos cien mil.
La cuota de los burócratas, por ejemplo, en donde también se incluye el personal académico y secretarial de la Universidad Veracruzana, significa una aportación mensual de unos 200 millones de pesos.
En contraparte, el IPE paga, por citar un rubro, 350 millones de pesos mensuales a un total de 26 mil pensionados.
Es decir, que cada mes el IPE arrastra un déficit entre las cuotas de los trabajadores y el pago a los pensionados de 150 millones de pesos mensuales.
En diez meses son mil 500 millones de pesos.
En 20 meses, 3 mil millones de pesos.
Y es ahí donde el gobierno de Veracruz entra al quite con el subsidio.
Y por eso mismo, ha evitado el colapso del Instituto de Pensiones, no obstante lo siguiente, que es un hecho y una circunstancia dramática:
Cada mes, cada uno de los patrones está obligado, según lo establece la ley, a pagar su aportación.
Pero ocurre, por ejemplo, que de los 212 presidentes municipales de norte a sur y de este a oeste, 208 se retrasan en los pagos y solo han sido, son puntuales, los alcaldes de Coatzacoalcos (Joaquín Caballero Rosiñol), Boca del Río (Miguel Ángel Yunes Márquez), Veracruz (Ramón Poo) y Xalapa (Américo Zúñiga Martínez).
Incluso, a veces los ediles se atrasan dos, tres, cuatro meses en cumplir su obligación con los trabajadores ante el IPE.
Y con un solo mes de atraso en el pago de las cuotas, el instituto queda estrangulado.
Y por eso mismo, cuando en ocasiones por equis razón la Secretaría de Finanzas y Planeación se atrasa unas horas en el depósito a los bancos para el pago mensual de las pensiones, por ejemplo, arde Troya.
Los llamados COPIPE, que aglutinan apenas, apenitas a unos 300, 400 pensionados de un total de 26 mil, se van a la calle a su reality-show.
Pero, al mismo tiempo que, claro, tienen derecho a expresarse, son injustos, porque la sola aportación de los 212 Ayuntamientos sufragada en tiempo y forma bastaría para cubrir el pendiente.
Así, y no obstante que los alcaldes se hacen ojo de hormiga y nadie los molesta, los COPIPE y los líderes sindicales enfocan las baterías por otro lado, el IPE ha cumplido con el pago.

CAMINOS TORCIDOS DE DIOS
En tal rejuego han existido presidentes municipales populistas y mesiánicos que desean ganarse la voluntad sindical en los Ayuntamientos y entonces, a diestra y siniestra, otorgan plazas al cuarto para las doce a los burócratas y hasta les aumentan el salario agravando las finanzas del IPE.
Por una razón: durante muchos, muchísimos años, antes de pensionarse, los burócratas percibieron un salario bajo y sin plaza.
Y de pronto, cuando están a punto de pensionarse, el alcalde en turno les otorga una plaza y les aumenta el salario, y con tal sueldo tramitan la pensión.
Así, más ahorcado queda el IPE, pues si el burócrata cotizó una baja aportación la mayor parte de su vida laboral, al pensionarse con el nuevo salario percibirá el doble de pensión que del salario usufructuado.
Además de que los ediles también otorgan plazas como volantes en la kermés popular.
Por ejemplo, una expresidenta municipal que se puso de rodillas ante los dirigentes sindicales fue Guadalupe Porras, de Minatitlán, la suegra del exalcalde de Coatzacoalcos y extitular de la SECOM, Marcos Theurel Cotero, y que ahora está denunciada por daño patrimonial al erario público.
Lupita Porras se convirtió así en la reina de las plazas municipales porque soñaba con el cargo siguiente y apenas y le dio para la CNOP como premio de consolación, años fidelistas aquellos cuando en medio de un huracán, Minatitlán bajo el agua, las colonias inundadas, ordenó al capitán de un helicóptero que volara a Coatzacoalcos para comprarle unas botellitas de whisky.

CARDÍACA ESPERA
Es más, el mismo caso de los alcaldes otorgando plazas al cuarto para las doce de una pensión, ha ocurrido en la Universidad Veracruzana.
Durante años, el académico, por ejemplo, impartió clases por horas. Un día le dieron el medio tiempo, y luego enseguida el tiempo completo y luego fue nivelado con la categoría más alta.
Entonces se le ocurrió pensionarse, y se pensionó con el último sueldo cuando, en contraparte, durante más de 25 años cotizó al IPE con un salario mínimo, contratado por horas en la UV.
Por eso, aprobada la nueva ley del IPE que entre otras cositas regula los salarios para evitar tales circunstancias, apareció un movimiento por ahí, con los COPIPE al frente, asustando con el petate del muerto, cuando en el fondo se trata de echar abajo tales disposiciones, tipo Guadalupe Porras, tipo UV, tipo alcaldes que pagan la aportación patronal cuando se les hincha.
Hay, pues, amparos y un recurso de anticonstitucionalidad y hasta la mano de la Peñista Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Ya se verá el resultado en la cardíaca espera…

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