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Expediente 2014

Luis Velázquez

 

El gran cabildero

 

Fidel Herrera, Miguel Alemán Velasco, Rafael Murillo Vidal y Fernando López Arias fueron senadores de la República… camino a la gubernatura de Veracruz.

Y ninguno de los cuatro tuvo la dimensión de Pepe Yunes para trabajar como senador en tres ejes, los siguientes:

Uno. Legislando, además, como presidente de la Comisión de Hacienda, la más importante.

Dos. Caminando la tierra jarocha para escuchar las demandas sociales de los sectores y participar en una solución.

Y tres. Cabildeando recursos federales para mejorar la calidad de vida en la tierra jarocha.

Por ejemplo, ayer domingo con su rendición de cuentas, quedó claro el resultado de sus gestiones:

900 millones de pesos para los cañeros.

10 millones para citricultores, pendientes de entregar 40 millones.

38 millones de pesos para los pescadores.

400 millones de pesos para los cafetaleros.

Más de 300 millones de pesos para obra pública.

Más de cien millones de pesos para empujar la infraestructura y servicios en varios municipios.

Total, un aproximado de dos mil millones de pesos.

Los fans (familiares, amigos, ninis y socios), por ejemplo, de Fidel Herrera y Miguel Alemán dirán que Pepe Yunes es amigo del secretario Luis Videgaray Caso y quien le habría abierto la puerta para bajar recursos para Veracruz.

Pero, bueno, en la experiencia de Alemán Velasco ya se sabe que la política es una ciencia de circunstancias (lo mismo decía José Ortega y Gasset), por tanto, todas las elites en el poder público tienen allanado el camino como ahora ha tocado al senador.

El caso es que más allá de intrigas y grillas palaciegas, tal es la realidad. Hechos son hechos.

El senador tocando puertas en el gobierno federal para beneficio de la población de Veracruz que, por ejemplo, nunca, jamás, se recuerda de Herrera, Alemán, Murillo Vidal y López Arias.

Tampoco de Héctor Yunes Landa y Fernando Yunes Márquez.

Cierto, ambos han legislado; pero ahí han quedado.

Pepe, legisla, cabildea y baja recursos.

EL LEGISLADOR COMO GESTOR SOCIAL

Desde varios sexenios atrás, quizá cuando la política se volvió competitiva, digamos, hacia el tiempo de Carlos Salinas en que el PRI perdiera su primera gubernatura, en Baja California (Manuel Ramos Gurrión delegado del CEN), la chamba de los legisladores federales también es la gestión social.

Incluso, hasta de los diputados locales que, como sucede en Veracruz, hacen, claro, proselitismo social, pero con miras a ocupar el cargo siguiente.

Es más, la mayoría suele cabildear en los medios para ganar la portada y las 8 columnas y mantenerse, por añadidura, en el imaginario colectivo.

Tantito peor, algunos instalan con petardos y candilejas sus llamadas oficinas de representación y nunca, jamás, vuelve a saberse de su trabajo social.

Peor tantito, aprovechan el momento legislativo para relacionarse con sus pares de cara al futuro que vendrá, por si las dudas, además, alguno brincara al estrellato nacional y/o estatal.

Otros más, con cargo al erario pasean por el mundo, tomando como parapeto consultas legislativas en los cinco continentes.

Por eso resulta indicativa y significativa la gestoría social del senador Yunes Zorrilla.

Y más ahora cuando termina el cuarto año del duartismo, sin infraestructura de relieve, con la espantosa carga de la deuda fidelista, con cuatro años de austeridad, con proveedores como aboneros y con la solicitud en puerta de un nuevo crédito millonario a la LXIII Legislatura.

UN POLÍTICO PRUDENTE Y SERENO

El senador es un político institucional. Respetuoso de los tiempos y formas de cada elite en el poder. Conciliador. Sereno y reflexivo, prudente, que para nada requiere de volverse bronco y bragado, peleador callejero, atrás de su objetivo.

Por ejemplo, durante su tiempo como presidente del CDE del PRI, el góber fogoso menospreció su trabajo y gestoría partidista.

Nunca, por ejemplo, Fidel Herrera estuvo cerca del PRI en aquel tiempo, pues ejercía el poder por la izquierda y/o por la derecha, como fuera conveniente.

Para acabar pronto, ni siquiera para la toma de posesión de Pepe en el PRI se dio espacio y tiempo para acompañarlo.

Incluso, cuando fuera lanzado de candidato a senador y lo dejaran solo, quizá, acaso, para su descarrilamiento electoral, aguantó vara como buen ranchero, y siguió empujando la carreta.

Nunca ha guardado rencor ni odio creciente. Tampoco sueña con la venganza ni el desquite.

Por el contrario, mira pa’lante, y como ahora, a partir de sus relaciones amicales desde el ITAM se ha convertido en un gestor social.

Más aún, político institucional, suele consultar con Javier Duarte las prioridades sociales (cañeros, citricultores, cafetaleros, pescadores, alcaldes) para cabildear los recursos federales por ahí.

Y es que mucho, demasiado, ganarían los 8 millones de habitantes de Veracruz cuando los políticos tuvieran como objetivo el bienestar común.

FUEGO CRUZADO QUE SÓLO DESGASTA Y EVIDENCIA A TODOS

Ningún beneficio social, educativo, de salud, de seguridad, laboral, por ejemplo, ha ganado la población con el legendario pleito entre Fidel Herrera y Miguel Ángel Yunes Linares.

Ni tampoco con el fuego cruzado entre Héctor Yunes Landa y una parte de los duartistas.

Ni tampoco entre Érick Lagos Hernández y Jorge Carvallo Delfín.

Ni entre Marcelo Montiel Montiel e Iván Hillman Chapoy.

Ni entre Ricardo García Guzmán y Joaquín Guzmán Avilés por el dominio político, social y económico del norte de Veracruz.

Ni entre Gerardo Buganza Salmerón y Yunes Linares.

Como tampoco nada ganó Veracruz con la guerra entre Patricio Chirinos Calero y Dante Delgado Rannauro.

Ni con la guerra entre los Merlín Alor y los Vázquez Parissi y las Vázquez Saut en los caminos del sur.

Ni la batalla campal entre Ana Guadalupe Ingram, Ainara Rementería y Carolina Gudiño.

Ni con la guerra entre Amanda Gasperín Bulbarela, alcaldesa de Rodríguez Clara, y Dominga Xóchilt Tress, directora de Espacios Educativos de la SEV.

Por eso, resulta extraño y raro que mientras una parte de las elites partidistas quisieran fuego cruzado, el senador Pepe Yunes apueste al diálogo, la tolerancia y la pluralidad, y la gestión social, y hasta le llamen un político tibio por su, digamos, excesiva dosis de prudencia, cuando, bueno, sus resultados ahí están.

Más de dos mil millones de pesos federales para programas sociales en Veracruz.

Más aún si se considera que el único aval de un político son los hechos, pues el camino al infierno está poblado de palabras y declaraciones a la prensa, intrigas palaciegas y bombardeo mediático.

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