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Domingo, 20 de Setiembre de 2020
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Expediente 2014

LUIS VELÁZQUEZ

 

Que cada quien se cuide…

 

Antes de caer atrapado en el Alzheimer, mi padre dio el siguiente consejo: Cuídate.

La última palabra que mi madre dijo antes de morir fue la siguiente: Cuídate.

El otro día, un primo, que vive en Estados Unidos, en un rancho de California, donde ordeña las vacas y siembra, envió un correo electrónico y al despedirse escribió Cuídate.

Un familiar, que vive en la ciudad de México, cada vez que habla por teléfono para preguntar cómo estamos se despide exclamando Cuídense.

La semana anterior, la escritora y académica María Esther Hernández Palacios dijo que el número de secuestros, desaparecidos, asesinados y extorsionados han aumentado en Veracruz, y luego pronunció la siguiente palabra bíblica: Cuídense.

En Coatzacoalcos, un bebé de 5 años, Karime Alejandra, fue secuestrada hace dos meses y sus padres organizaron una marcha cargando una cartulina modesta y sencilla, con la siguiente leyenda: Hoy secuestraron a Karime. Mañana puede ser tu hijo. Cuídalos.

Un amigo político con quien siempre se platica sobre la administración pública en Veracruz se despide con una sola palabra, la misma. Cuídate.

En la iglesia del pueblo, el presbítero siempre dice en su homilía dominical y sabatina la misma frase. Cuídense.

Y agrega que por favor, si nadie necesita salir a la calle apenas anochece… que se encierre en su casa a piedra y lodo.

La mayor parte de los contactos han adquirido la costumbre de mensajearse entre sí repitiendo como estrofa del himno nacional la misma palabra. Cuídate.

En casa, cada familia suele cuidarse a sí misma y, en efecto, han blindado con medidas de seguridad, hasta donde es posible, puertas y ventanas y sopesan comprar un perrito.

Es más, cada vez aumenta el número de familias en calles y colonias que se integran en “El Vecino Vigilante” para cuidarse unos a otros, en ningún momento, con un doberman, candados en las puertas, sensores, y menos confiando en el policía de la cuadra, sino contratando hasta un elemento de seguridad privada (uno en el día y otro en la noche) para cuidar a todos.

Claro, algunos vecinos tienen dinerito suficiente para contratar uno, dos, tres, guardaespaldas que cuiden a todos en casa, y cuando los hijos salen a su vida social los pistoleros se van con ellos, al grado de que si el muchacho se va con la novia al motel, ellos esperan afuera del cuarto motelero.

En el café, un mesero, que en el bolsillo siempre carga la Biblia para leerla de vez en vez, saluda y se despide con la misma palabra. Cuídate, hermano.

Así, el verbo cuidar ha mudado en el Veracruz de hoy en el verbo más solicitado y convocado por todos, a tal grado que para garantizar la seguridad en la vida, más que en los bienes, cada familia ha de rascarse y arañarse como pueda.

Y aún así, ni modo, resulta que a veces los malosos rebasan por completo todas las medidas de seguridad y secuestran y desaparecen y cobran el rescate y ejecutan y sepultan en fosas clandestinas.

En su novela “Conversación en la catedral”, un personaje de Mario Vargas Llosa, que es reportero, Zavalita, pregunta a su interlocutor cuándo se jodió Perú.

Y la respuesta fue una sola: Perú se jode todos los días.

Por eso habría de aplicar la frasecita en Veracruz.

 

ANTE LA IMPUNIDAD SIGUEN DELINQUIENDO

La administración pública de la tierra jarocha ha sido rebasada en su tarea de garantizar la seguridad en la vida.

Es decir, cuidar en la calle, en las avenidas, en los poblados, en las carreteras, a los 8 millones de habitantes de Veracruz.

Y en ningún momento significa que los 8 millones de habitantes sean protegidos uno por uno, sino por lo siguiente:

Uno. Si los malosos cometen sus atropellos a la vida, secuestrando, desapareciendo, asesinando, sepultando en fosas clandestinas…

Dos. Y si los malandros miran, sienten, perciben, registran que pocos, excepcionales, son castigados, detenidos, indiciados, sujetos a un juicio penal y condenados…

Tres. Entonces, ante la impunidad manifiesta, se crecen al castigo.

Y por tanto, siguen delinquiendo.

Cierto, cierto, cierto, el gobierno de Veracruz se ufana y echa incienso publicando boletines con fotografías de las bandas delincuenciales detenidas.

Y no obstante, la ola de violencia sigue, imparable, de tal manera que el zar antisecuestros ha ubicado a Veracruz en segundo lugar nacional en plagios, luego de Michoacán, donde el presidente Enrique Peña Nieto nombró un Comisionado por la Paz y la Seguridad, de igual manera como en Tamaulipas.

Por eso, la realidad es avasallante: a mayor impunidad, más plagios y desaparecidos y ejecutados y extorsionados.

Y, por tanto, la población más indefensa, a la deriva, en la incertidumbre y la zozobra, con el miedo hasta el tuétano.

Es más, si el gobierno de Veracruz resolviera con eficacia el grave problema de la violencia que hemos padecido los 8 millones de habitantes, bastaría para enaltecer el trabajo del gobernador y su equipo.

Más, incluso, que crear empleos y empleos de calidad y más que garantizar la salud pública y más que levantar la calidad educativa.

Mientras tanto, ni modo, que cada familia se cuide y cuide a los suyos.

A eso hemos llegado…

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