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Expediente 2014: Linchado en Veracruz

LUIS_VELAZQUEZHemos llegado en Veracruz a la degradación social. La misma ley dominante en pueblos de Oaxaca, Chiapas, el estado de México, Hidalgo, Tlaxcala, Michoacán y Guerrero, se ha impuesto en la tierra jarocha.

Es decir, los vecinos haciéndose justicia por su propia mano. Los vecinos linchando a los presuntos secuestradores. Los vecinos, ejecutando a los hombres bajo sospecha de ilícitos.

Tal cual sucedió, por ejemplo, háganos favor, en el puerto jarocho, ahí donde se efectuaran los mejores Juegos Centroamericanos de la historia y en donde el presidente Enrique Peña Nieto permaneció durante tres días en la Cumbre Iberoamericana, contento y feliz, se afirma, porque Veracruz es una entidad segura.

Pues bien, en el puerto jarocho, declarado por decreto “la ciudad más bella de México”, donde ha sido rescatado el Centro Histórico con la moda lampedusiana, es decir, cambiar para seguir igual, la ley del viejo oeste se ha restablecido.

Fue en el fraccionamiento Valente Díaz. Los vecinos cometieron el siguiente atropello a los derechos humanos de Hedilberto Ambriz Chávez, de 40 años de edad, de oficio mecánico eléctrico, bajo sospecha de presunto secuestrador:

Uno. Lo detuvieron.

Dos. Lo amarraron a un poste de energía eléctrica.

Tres. Lo vendaron.

Cuatro. Le quitaron los zapatos.

Cinco. Lo madrearon a golpes… hasta que le quitaron la vida.

Sexto. Le colocaron una cartulina con la siguiente leyenda: “Por pendejo secuestrador… me hicieron esto”.

Séptimo. No obstante, incluso, que su esposa gritaba y gritaba y gritaba que lo estaban confundiendo y era inocente.

Mera coincidencia, el drama, la tragedia ocurrida el mismo día de los Santos Inocentes, cuando Herodes ordenó matar a todos los niños porque había nacido el hijo de Dios.

Veracruz, pues, en las grandes ligas, por un lado, del hartazgo contra la inseguridad, pero del otro, los ciudadanos, la gente, los vecinos, desencantados de la autoridad, y por eso mismo, justicia por sí mismo.

Claro, ninguna duda habría de que la autoridad revirará diciendo que el ajuste de cuentas se debió, digamos, a un asunto pasional.

Bueno, la Procuraduría de Justicia expidió, rápido y audaz, un comunicado.

Uno. Que no fue linchamiento.

Dos. Que tampoco es presunto secuestrador.

Tres. Que los presuntos asesinos, oh paradoja, oh Señor de las Tinieblas, están identificados.

Y cuatro. Pero que, oh Dios mío, que se omiten los detalles… para que por ningún lado la investigación sea entorpecida, lo mismo que solía exclamar Sherlock Holmes cuando la prensa se le iba encima. Elemental, elemental mi querido Watson.

Es decir, la palabra oficial contra la palabra popular en un procurador ególatra, en quien la frivolidad rebasó a su voluntad democrática para administrar la justicia elemental.

“CERCA DE LA GENTE”

 En muchos, muchísimos hogares de norte a sur y de este a oeste hubo coraje, indignación, molestia cuando, por ejemplo, en Coatzacoalcos, una niña de 5 años, Karime Alejandra, fue secuestrada, desaparecida, asesinada y sepultada en una fosa clandestina.

También cuando, por ejemplo, en Orizaba, fue secuestrada y desaparecida y asesinada la sobrina del arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios.

Y cuando en Carlos A. Carrillo la sobrina del exalcalde, de 19 años de edad, fue secuestrada, desaparecida, asesinada y sepultada en fosa clandestina.

Y cuando en Ixhuatlán de Madero, los sacerdotes Hipólito Villalobos Lima y Nicolás Cruz Martínez, fueron asesinados en el curato de la iglesia en el mes de noviembre de 2013.

Y cuando uno tras otro fueron secuestrando, hasta la fecha, 144 menores de edad, declarados desaparecidos, y lo peor, en la impunidad.

Y cuando uno tras otro fueron ejecutados diez trabajadores de la información entre reporteros y fotógrafos y editores.

Y cuando de pronto, zas, comenzaron a aparecer fosas clandestinas con cadáveres putrefactos.

Y cuando los ríos Blanco y Coatzacoalcos mudaron en un cementero flotante de los carteles y cartelitos.

Y cuando no obstante que las familias pagaban el rescate de un pariente plagiado, los malandros lo ejecutaban y en el mejor de los casos tiraban el cuerpo en la vía pública, y lo peor, en una fosa común.

Ahora, la indignación y el coraje, la sorpresa y el temor, alcanza su nivel estelar con el linchamiento en el puerto jarocho del mecánico eléctrico de 40 años, ni más ni menos, en la ciudad más bella de México” gobernada por el neopriista, Ramón Poo, él mismito que alardea estar ejerciendo el poder “cerca de la gente”.

DESAFÍO AL ESTADO DE DERECHO

 La degradación social, pues.

La administración de la justicia rebasada por el Estado Fallido, donde los vecinos se hacen justicia, aun cuando, claro, pudiera deberse, como hipótesis, a que los ciudadanos participantes en el hecho fueron azuzados por externos, quizá, acaso, los malandros.

Vaya usted a saber.

Pero el hecho y la circunstancia exige un investigación a fondo, porque ni modo, hemos entrado a las grandes ligas de otras entidades federativas (el estado de México, parece, lleva el liderazgo) de linchamientos.

Claro, en el sexenio de Patricio Chirinos, el 31 de agosto de 1996, Rodolfo Soler Hernández, incautó, violó y ahogó en el río a Ana María Borromeo, en el pueblo de Tatahuicapan, en la sierra de Soteapan (¡oh presa Yuribia con 25 días sin agua a Coatzacoalcos), y los vecinos lo detuvieron y amarraron un árbol y prendieron fuego.

Luego, claro, 30 vecinos, más un trío de cabecillas, fueron detenidos y sentenciados por homicidio, pero, bueno, ellos dijeron que tal cual son las leyes indígenas, según ha relatado en una magistral crónica la escritora Fernanda Melchor.

En el tiempo de Fidel Herrera, un líder campesino, Ramiro Guillén Tapia, se roció gasolina y prendió fuego, molesto, irritado con la indolencia y el menosprecio oficial que le negaba una audiencia.

En fin, que con el linchamiento en el fraccionamiento Valente Díaz, Veracruz se proyecta en la escala mundial. Un estigma más, pues. Una estrella más en el cielo jarocho.

Los narcos, dominando el Veracruz de la Fuerza Civil y el Veracruz seguro y el Veracruz blindado y el Veracruz de las corporaciones policiacas.Pero también, oh paradoja, la población integrada en el Vecino Vigilante desafiando el principio elemental en un Estado de Derecho.

 

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