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Viernes, 18 de Setiembre de 2020
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Expediente 2014: ¡Pobre Veracruz!

LUIS_VELAZQUEZAhora ya sabemos las razones por las cuales el gobierno federal decide construir penales de alta seguridad en Veracruz.

Igual que en el siglo pasado, cuando Porfirio Díaz Mori utilizó el castillo de San Juan de Ulúa como cárcel privada, también ahora los reclusorios de la tierra jarocha tienen el mismo destino, entre otros, claro.

Porfirio Díaz, por ejemplo, envió a las mazmorras de Ulúa a los obreros de Río Blanco y Cananea, Sonora, y también a los campesinos sublevados de Catemaco con Hilario C. Salas al frente.

Y de igual manera a los políticos y articulistas y directores de periódicos apóstatas irredentos.

Ahora, Enrique Peña Nieto ha enviado al penal de Villa Aldama a ocho de los once detenidos capturados en el Zócalo de la ciudad de México el 20 de noviembre, acusados de motín y homicidio en grado de tentativa, además de que antes fueron incomunicados y golpeados por órdenes de la Procuraduría de Justicia de la honorable nación azteca según la denuncia de los familiares.

Desde antes, el peñismo tenía confinados en prisiones jarochas a un montón de malandros ligados a los carteles de la droga y hasta aquellos profesores inconformes con la reforma educativa.

Una vez más, ni hablar, Veracruz salvando a la república.

De nuevo, Veracruz, como afirmaba Adolfo Ruiz Cortines, “el centinela sin relevo de la soberanía de la patria”.

Veracruz, creo en ti, como dijera de México Ramón López Velarde.

“México, también creo en ti” exclamó el grupo puertorriqueño Calle 13 en el Palacio de los Deportes, clamando por los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

“No están solos” gritaron miles de fans.

Algún historiador por ahí dice que por Veracruz ha entrado y salido todo lo bueno y todo lo malo.

Por aquí, entraron los españoles refugiados en tiempo de Francisco Franco en la madre patria y Lázaro Cárdenas presidente.

Por aquí huyó al exilio en París en el barco Ipiranga Porfirio Díaz.

Pero también por aquí entró el sifilítico Hernán Cortes y “El Pirata” Lorencillo.

Veracruz, de igual modo, el basurero del país para encarcelar a los disidentes, inconformes, sublevados, contestatarios al presidente Enrique Peña y sus políticas.

Ya lo decía Fernando López Arias, gobernador: “Contra Veracruz nunca tendremos razón”.

 

“¡MÁTALOS EN CALIENTE!” 

Veracruz, ni hablar, aguanta todo.

Aguanta que se diga, por ejemplo, que es el peor rincón del mundo para el ejercicio reporteril y para los migrantes de América Central camino a Estados Unidos.

Algo, pues, descubrió Porfirio Díaz en Veracruz que también Peña Nieto. Sólo falta expedir la orden histórica al gobernador de “¡Mátalos en caliente y luego averiguamos!”.

Y más por lo siguiente: el país arde.

Uno. El historiador Enrique Semo lo resume en la siguiente frase bíblica: “México vive una revolución pasiva” que sucede cuando la clase gobernante desprecia al pueblo y por encima del diálogo, la negociación, el acuerdo y el pacto antepone la mano dura y represiva.

Dos. Los abogados del fundador de las guardias comunitarias de Michoacán, el médico José Manuel Mireles, seis meses confinado en la prisión, han advertido que una vez más el gobierno lo traicionará.

Tres. El caso de la “Casita Blanca de Las Lomas” que como publica Proceso número 1986 en su portada, tiene y mantiene atrapado al presidente en un gravísimo “conflicto de interés” y que ha desplomado la credibilidad de Peña Nieto.

Cuatro. La dura pelea en EU de Barack Obama por legalizar a 5 millones de migrantes (aunque sea por dos años, mientras dura en el poder) y que ha originado la respuesta del partido Republicano con 80 mil firmas para descarrilar la iniciativa.

Ni modo, de cara a la historia quedará escrito que a diferencia del presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien enviaba a los presos políticos al Palacio Negro de Lecumberri, el peñismo los envía a los penales federales de Veracruz.

En fin, la vida política y la vida misma es así: llena de claroscuros, blanco y negro; pero que vergüenza, pues bien puede el presidente de la República enviarlos a otros reclusorios de la nación.

¿Por qué, caray, seguir enlodando a Veracruz?

 

MUCHO, DEMASIADO RESENTIMIENTO 

Por eso vale preguntar algunas cositas:

Uno. ¿Qué tiene el presidente en contra de la tierra jarocha con agarrarnos como cárcel de los inconformes con su estilo personal de gobernar?

Dos. ¿Por qué Los Pinos han enviado Comisionados por la Seguridad a Michoacán, Guerrero y Tamaulipas para restablecer la paz y la seguridad en la vida y en los bienes y Veracruz les parece el paraíso terrenal con todo y los fuegos cruzados, muertos, secuestrados, desaparecidos, mutilados, asesinados, sepultados en fosas clandestinas y arrojados en la vía pública?

Tres. ¿Será que a tanto llega su resentimiento contra Veracruz porque aquí balearon y asesinaron a cuatro guardaespaldas de sus hijos en el puerto jarocho, Jon Rementería, alcalde; Fidel Herrera, gobernador?

Cuatro. ¿Acaso se trata de un castigo porque Fidel Herrera le jugó las contras como aspirante a la candidatura presidencial y por más que Peña Nieto buscó el diálogo jamás le fue concedido?

Cinco. ¿Será una venganza porque Fidel Herrera lo plantó a él y a su esposa, Angélica Rivera, cuando estuvo en Xalapa en la toma de protesta de Javier Duarte como candidato a gobernador?

Caray, y de ser así, y lo que el contribuyente se resiste a creer, una cosita son los pecados de un político sexenal y otra el destino social de los 8 millones de habitantes de Veracruz.

Cualquier día, con el coctel explosivo de tanto malandro y presos políticos en los penales jarochos ocurrirá una tragedia de proporciones incalculables…

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