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Expediente 2014: Un migrante en Veracruz

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LUIS VELÁZQUEZ

 

Celedonio Macuiste Tecpile nació y murió en la sierra de Zongolica, de igual manera que sus padres y abuelos: en la miseria y la pobreza.

Sin la posibilidad de un mejor destino.

Fue un migrante; pero en el interior de Veracruz. Cada año brincaba del corte del café al corte de la caña y al corte de los cítricos.

Entonces, como ahora, los dueños de los cultivos tenían hasta una tienda de raya, tipo hacienda porfirista, donde les vendían los productos alimenticios a las familias indígenas participantes en la cosecha del producto agrícola.

Y como era natural, el fin de semana, día de pago, les descontaban de su salario a destajo.

Por supuesto, el patrón del cafetal y el cañaveral también les ofrecía la venta de aguardiente y, con frecuencia, muchos de los indígenas desarrollaban cirrosis.

Y lo peor, mermaban el ingreso familiar.

Todos vivían en una galera gigantesca, con piso de tierra y techo de lámina de cartón y las cuatro paredes un muro de Berlín, sin ventanas.

Cada quien debía llevar sus trapitos para dormir, porque el patrón se los negaba.

Y más, en tierra fría, donde antes de que el sol saliera, si salía, los compas ya estaban en el sembradío para que el día les rindiera, porque pronto anochecía.

Algunas veces, Celedonio llevaba a su hijo Noel al corte y lo sacaba de la escuela primaria, de igual manera como todavía hoy es la práctica, el hábito y la costumbre de miles de indígenas.

Claro, a diferencia de aquel tiempo ahora los hijos emigran a la ciudad de México, a la frontera norte y Estados Unidos.

Pero la migración alcanza niveles insospechados en las regiones étnicas de Veracruz, a tal grado que la tierra jarocha está considerada una de las entidades exportadoras de mano de obra barata al resto del país y de la nación vecina.

 

CONOCIÓ A GONZALO AGUIRRE BELTRÁN

El doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, acucioso antropólogo del mundo indígena, caminó en repetidas ocasiones en la montaña negra de Zongolica.

Y entre otros, Celedonio fue uno de sus guías y anfitriones.

Hombre generoso, ansioso del conocimiento humano, el compa dejaba el corte del café, la caña y los cítricos, y acompañaba al doctor.

“Nunca me dio nada” decía Celedonio. “Mucho nos ofreció para el pueblo; pero siempre nos quedamos esperando”.

Quizá, claro, también se debía a que Aguirre Beltrán era un hombre austero que vivía como Benito Juárez, “con la medianía de su salario”.

Incluso, y aun cuando publicaba libros, siempre advertía que escribir libros rara, extraordinaria ocasión dejaban dinero, acaso, cuando mucho y, a veces, fama.

Una fama que al mismo tiempo es efímera y dura el instante de un petardo en la vida del escritor.

 

FAMILIAS DE MIGRANTES

Celedonio y sus padres y sus abuelos fueron migrantes.

Astacinga, su cuna de nacimiento, como el resto de los municipios de la sierra de Zongolica, adolecen de fuentes de empleo para tanta mano de obra.

Así, los sexenios transcurren y el destino común es el mismo, la migración.

Desde antes de entrar a la escuela primaria los niños saben que el padre es una figura que sólo miran de vez en vez, porque la mayor parte del tiempo la pasa fuera.

Y como ahora, migran a Estados Unidos, y con frecuencia, jamás, nunca, los vuelven a mirar porque en el otro lado el padre pasa los años sin regresar al pueblo y de pronto se ha arrejuntado con una pareja, también migrante, quizá originaria de una parte del continente, y comienza una nueva vida.

Por eso es que, entre otras razones, de pronto la migración de niños de América Central (Guatemala, Honduras y Salvador) a EU se ha multiplicado porque caminan atrás de la figura paterna que de plano los ha abandonado.

También es la historia cotidiana en las regiones indígenas de Veracruz.

 

EL MIGRANTE QUE HOY CUMPLIRÍA AÑOS DE VIDA

Se ha referido la historia de Celedonio porque hoy cumpliría un año más de nacido.

Hasta donde se sabe, un día su hijo mayor, Noel, tomó camino como migrante a la ciudad de México y nunca volvió al pueblo.

Las hijas también caminaron en búsqueda de un destino superior y su esposa, doña Rosita Acahuatl, por fortuna para los hijos, vive aún, parece, en el municipio de Zongolica, es decir, habrían salido de Astacinga donde la miseria y la pobreza se recrudecen; pero en donde tampoco estaría exenta.

Es la historia del Veracruz olvidado. Bastaría, por ejemplo, contabilizar el número de ocasiones en que el gobernador y/o su gabinete legal habrían viajado a las entrañas de las regiones indígenas con hechos y resultados para enaltecer la calidad de vida.Un solo dato que habla de la indolencia y la desidia oficial: los profes de Adolfo Motita y Juan Nicolás Callejas Arroyo como los médicos de la Secretaría de Salud llegan a trabajar el día martes y se retiran el jueves, sin que ninguna autoridad ponga orden.

Más todavía: los profes imparten clases de 9 a 12 horas, incluida media hora de recreo y, por tanto, la calidad de educativa es canija.

Otro datito para cerrar el texto: en la tierra jarocha hay 650 mil analfabetas de 12 años de edad en adelante y la mayoría se ubican en las zonas étnicas y a nadie le importan ni interesan.

Por eso los miles y miles de Celedonios en el Veracruz que ha sido declarado el Houston de México y la Arabia Saudita de América Latina…