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Xalapa

Expediente: 2020 Biógrafa del infortunio


Luis Velázquez
29 de septiembre de 2020


La académica, investigadora, escritora y ensayista, Celia del Palacio, fue reconocida en su trayectoria literaria con una beca del Centro de Estudios Latinoamericanos Avanzados, Calas, para una investigación más sobre la prensa, pero ahora, en América Latina.
Antes, su epicentro ha sido el periodismo en Veracruz y el país. Entre otros libros, 200 años de prensa en Veracruz, violencia y periodismo regional en México, y Prensa, revolución y vida cotidiana en México.
Ahora, en las grandes ligas para escribir, luego de la investigación, un libro sobre la historia y condiciones actuales del periodismo continental.
Por lo pronto, quizá, una tregua en la redacción de sus novelas, entre otras publicadas, Las mujeres de la tormenta, Leona, No me alcanzará la vida, Adictas a la Insurgencia y Hollywood era el cielo.
El Centro “María Sibylla Merian” recibió unas doscientas postulaciones para las diferentes áreas de la investigación y una de ellas fue para la maestra, quien desde Xalapa se proyecta más allá de la aldea y la provincia y trasciende en el altiplano y camina hacia el espacio latinoamericano.
“Calas es un centro de estudios avanzados creado en marzo de 2017 por cuatro universidades latinoamericanas y cuatro alemanas, cuya iniciativa fue del Ministerio Federal de Educación e Investigación del país europeo” dice un boletín de la Universidad Veracruzana.
Su sede está en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, con sedes alternas en Quito, Ecuador, San José, Costa Rica, y Buenos Aires, Argentina.
Y en Alemania
En la UV, la escritora y ensayista fundó el Centro de Estudios para la Cultura y la Comunicación y alcanza el desarrollo pleno, porque una de sus pasiones para investigar es el periodismo, y así, da voz, como ella misma dice, a los “periodistas precarios que nadie toma en cuenta… hasta que los matan”.
Incluso, bastaría un repaso a los trabajadores de la información asesinados desde el sexenio de Javier Duarte a los casi dos años de Cuitláhuac García.
Julio Valdivia Rodríguez, asesinado en Tezonapa, vendía tamales y donas para llevar el itacate a casa.
Jorge Celestino, ejecutado en Atoyac, tenía una tiendita para reparar teléfonos celulares.
Moisés Sánchez Cerezo tenía una tiendita de abarrotes, un taxi y criaba cerdos en Medellín.
Gregorio Jiménez de la Hoz vendía antojitos en Villa Allende, comunidad de Coatzacoalcos.
Pedro Tamayo Rosas, asesinado en Tierra Blanca, vendía hot dos afuera de su casa.
Leobardo Vázquez Atzin, asesinado en Tecolutla, era taquero.
Juan Mendoza Delgado, asesinado en Medellín, era taxista.
Noel López Olguín, ejecutado en Huayacocotla, era fotógrafo de sociales.
Armando Saldaña Morales, reportero radiofónico, vendía publicidad.
De entrada, son a ellos, y/o lo que ellos significan y encarnan, a quien Celia del Palacio ha dedicado las mejores páginas de sus libros y esfuerzos y sueños y utopías.

DESCRÉDITO MUNDIAL DE VERACRUZ


La investigadora y escritora será financiada por el gobierno alemán e iniciará labores entre los meses de enero y agosto del año entrante. Ella considera entrevistar a periodistas de Veracruz, Chiapas, Tabasco y Guerrero. Y por añadidura, un nuevo libro en su haber de unos diez de su autoría, aun cuando también ha publicado en coautoría.
El libro girará alrededor, a tono con sus novelas, digamos, de la vida cotidiana de los reporteros…, pero enfrentando la violencia en cada entidad del país.
Y enfrentando, claro, a los carteles y cartelitos, malandros y malosos, sicarios y pistoleros, “halcones” y espías.
Y con frecuencia, aliados con policías, jefes policiacos y políticos para integrar lo que a la luz del derecho internacional se llama “desaparición forzada”.
La tenebrosa existencia de fosas clandestinas, como en Veracruz con Colinas de Santa Fe, la más grande de América Latina luego de las fosas comunes de los dictadores militares en el continente durante el siglo pasado.
Más por lo siguiente:
En la película “Su último deseo”, una historia alrededor del periodismo centrada en Nicaragua, tiempo de Anastacio Somoza, un sicario dice:
“Entre la bajas no reportadas de la guerra de Vietnam… fueron los reporteros”.
Veracruz, con Javier Duarte, “el peor rincón del mundo para el gremio reporteril”.
Por eso, el libro en ciernes de Celia del Palacio será indicativo y significativo, “el dedo en la llaga purulenta” en un país donde siguen asesinando reporteros y nada, absolutamente nada, pasa ni trasciende ni enmienda la autoridad.

UNA HISTORIADORA ANTE LA REALIDAD

La maestra dice que hay muchos periodistas precarios, “los periodistas que por pura voluntad siguen trabajando, pero están sumamente desprotegidos y frágiles”.
Cierto. En el caso, las circunstancias se recrudecen con los corresponsales de los medios en la provincia y en la provincia de la provincia, aun cuando muchos trabajadores de la información en las sedes urbanas están igual.
Se trata de una verdad universal. Ene número de veces explorada y descrita por otras plumas en la realidad nacional. Y por más y más crónicas, reportajes, historias, libros, películas y hasta canciones sobre el tema, de nada o poco, poquísimo, ha servido.
La realidad está generalizada. Patrones, empresarios periodísticos, ricos, y reporteros, fotógrafos, camarógrafos, editores, publicistas y secretarias, jodidos.
El periodismo como un negocio para que los patrones se enriquezcan, incluso, sirviendo en cada sexenio a la nueva tribu política encaramada en el poder.
Bastaría referir un hecho:
De los más de treinta reporteros asesinados en Veracruz del sexenio de Miguel Alemán Velasco a la fecha, el 90 por ciento eran periodistas de a pie. Solo uno, Raúl Gibb Guerrero, dueño y director general de La Opinión, de Poza Rica, asesinado, y todo indica, por razones totalmente ajenas al periodismo.
Ojalá, ojalá, ojalá, que la investigación y el libro de la académica de la UV sirviera para que los Congresos locales y el Congreso de la Unión legislaran para garantizar una vida digna a los trabajadores de la información.
Pero desde luego, la voluntad literaria para documentar los días y los años del periodismo significa un mérito indiscutible.

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