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Xalapa

Expediente 2020: Hijos de la violencia

Luis Velázquez

30 de noviembre de 2020

Muchos niños y adolescentes asombran en Veracruz. Hablan de muertos, cadáveres, decapitados, con la naturalidad del mundo y dicen que el único que puede acabar con la violencia es Superman. La fe ciega que le tienen al más grande héroe es insólita.

Peor aún: hay chicos de doce, trece años, contando historias de los amigos de su edad que con sus padres han migrado de Veracruz. En unos casos, les avisaron. En otros, desaparecieron así nomás, de un día para otro, y hasta perdieron el ciclo escolar.

Y cuando entre ellos, los compañeros del salón de clases, se han preguntado sobre el destino de los ausentes, nadie sabe. Y con discreción, eluden la plática. Y en voz baja.

Nada temerario sería escribir que la mayoría de menores tienen amigos en cuyos hogares la incertidumbre y la zozobra han dejado estragos.

Padres secuestrados, desaparecidos y asesinados. Hermanos, primos, tíos, parientes, ejecutados. Hogares donde se llora la pérdida de un ser amado.

Hace 27 años, con el gobernador salinista, Patricio Chirinos Calero, empezó el arribo y desarrollo de los carteles y cartelitos. Y los chicos de 27 años para abajo, únicamente han sabido en sus vidas que aquí “la muerte tiene permiso”.

Y que tirar cadáveres en las calles y avenidas y en las carreteras y en los ríos para flotar aguas abajo y de los puentes y árboles forma parte de la vida, como si las películas del viejo oeste y de los hermanos Almada y de “El arracada” tuvieran carta de adopción de norte a sur y de este a oeste de la tierra jarocha.

Y por eso, y ante el manifiesto fracaso oficial para reducir, limitar, desaparecer, el oleaje de violencia, Superman constituye la única posibilidad y esperanza.

Son los menores de edad en el tiempo de la violencia. Los días y noches más oscuros que todos ellos han vivido y continúan padeciendo en cada amanecer.

LA CRUDEZA EN EL DIARIO VIVIR

Para los niños y adolescentes de Veracruz, la crudeza de la violencia (tiros, balazos, fuego cruzado, muertos, desaparecidos, fosas clandestinas, impunidad, etcétera) forma parte del diario vivir.

Sin embargo, nadie (ONG, académicos, fundaciones, iglesias, menos, mucho menos, el gobierno) ha estado pendiente del número de menores, por ejemplo, huérfanos.

Y lo peor entre lo peor, de los estragos en sus corazones y neuronas porque la madre o el padre fueron secuestrados, desaparecidos y asesinados, y quizá, quizá, quizá, arrojados en fosas clandestinas.

Felipe Calderón, igual que George W. Bush en Estados Unidos, les llamaban “daños colaterales”. Ahora, ni en cuenta.

Nunca, por ejemplo, el góber de la 4T en Veracruz se ha ocupado de los niños y adolescentes huérfanos por la violencia.

Mucho menos, de su destino social.

Y, claro, de la salud mental de todos y cada uno de los niños y adolescentes en el tiempo fatídico que corre y galopa dejando la oscuridad más siniestra, sórdida y sombría.

Una que otra vez, el góber se ha detenido, digamos, en los casos de muertos famosos, personajes de la vida social y política.

Pero nunca en 24 meses, con todo y que unos 42 menores han sido asesinados, una sola palabra.

A los ojos del gobierno de Veracruz son invisibles. Pero al mismo tiempo, denota y connota el desdén, el menosprecio, el desprecio, la indiferencia y la apatía por la vida, la vida de los menores.

Y si nueve meses después del confinamiento por el COVID la mitad de los seniles. tienen problemas mentales y 3 de cada diez enfermeras y médicos andan en el estrés y la depresión, y la gente está harta, fastidiada, molesta, irritada, entonces, caray, el daño sicológico y siquiátrico a los menores por tanta violencia es de pronóstico reservado.

Duro y rudo. Canijo. Atroz. Volcánico.

DAÑO SICOLÓGICO A LOS NIÑOS

En sus pláticas, los menores solo hablan de tiros, balazos, muertos.

Los muertos de la violencia y los muertos del coronavirus y los muertos de los suicidios y hasta de los muertos en los moteles.

Incluso, y a partir de la altísima información en las redes sociales y en los medios digitales, a la mano con el celular que tienen la mayoría de los niños, ellos solitos buscan información fresca y actualizada sobre la violencia y se la replican.

Caray, insólito, una chica de 16 años confiesa estar enamorada de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.

En unas ocasiones, sobre la violencia en Veracruz, levantan la mirada sobre el país. Los muertos en otras latitudes geográficas del mundo, digamos, por la guerra, han dejado de ser noticia para

ellos. Les interesa la inmediatez. Más, mucho más, Veracruz, aquella “noche tibia y callada” que sirviera de inspiración a Agustín Lara convertida en un infierno.

El daño sicológico a los niños resulta inverosímil. Muchos quizá creerán que la vida es así. Y en un descuido, hasta soñarán con volverse sicarios, pistoleros, malandros. Y entre ellos mismos jugarán a secuestrarse, desaparecerse y asesinarse.

Un estudio de la maestra Alicia Celis descubrió que, hacia los 8 años de edad, los niños han visto en la tele en su casa entre 8 a diez mil escenas de violencia.

La violencia que ahora tienen enfrente de su casa, en la esquina, en el parque y en las calles y avenidas de las ciudades y pueblos donde viven.

Y en la noticia digital.

Hay en Veracruz quinientas 50 mil personas analfabetas, de 14 años de edad en adelante. Y un millón de paisanos con la escuela primaria inconclusa y lo que manifiesta el deterioro educativo. Pero…

Pero en cambio, todos ellos escuchan, pueden escuchar en su cel. las noticias de un Veracruz en llamas, “atrapado y sin salida” en los balazos y el fuego cruzado.

Es el Veracruz donde todos los días siguen naciendo niños. El peor tiempo del mundo para nacer y vivir.

Las ideas y opiniones expresadas por el autor de ésta columna periodística, no reflejan necesariamente el punto de vista de Crónica de Xalapa ©️

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