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Xalapa

Héctor, inocencia interrumpida

POR WILLIAMS CORTEZ

La llamada telefónica de un vecino liberó al niño de ocho años, del infierno al que era sometido por su madre Dania García y María Guittins, quienes lo encadenaron, lo golpearon sin compasión y  lo condenaron a vivir en un cuarto sin comida ni agua.

 

Él es solo un niño bueno, quiere  jugar, ser feliz, sólo eso, ¿Por qué le hicieron tanto mal?

MARÍA

VECINA DE HÉCTOR 

 

 

Con una mamá Héctor era feliz, cuando tuvo dos su vida se volvió un infierno difícil de comprender a sus ocho años de edad.

Con la llegada de María Guittins Fuentes, la nueva pareja de su madre, Dania García Oviedo, ella lo hizo a un lado. Dejó de ser “su gran amor”, y se convirtió en el  blanco de golpes, humillaciones y encierros a los que ambas lo sometieron.

 

EL NIÑO

Héctor nació el 17 de agosto de 2005. No convivió mucho con su padre, Gilberto Alejandro Espinoza, debido a la separación de sus padres. En la escuela primaria “Patria”, de Martínez de la Torre, lo recuerdan como un niño serio, aplicado, inteligente, de buen promedio y educado. No decía ninguna mala palabra.

Las opiniones se repiten en la escuela “José María Morelos y Pavón”, a donde fue cambiado este año para cursar su tercer grado. Allí asistió periódicamente hasta el fin de curso y se le recuerda como un niño melancólico, taciturno.

Los dos niños que jugaron alguna vez con Héctor a las afueras de su casa, recuerdan que se refería a las dos mujeres que lo criaban, como “mis mamás”, aunque con poca emoción en su voz y mirada distante.

“Parece que no comprendía lo que pasaba con su familia”, dice el mayor de los niños, Daniel, nombre que usaremos por la seguridad del menor.

A los ocho años, a pesar del crecimiento, madurez y obligaciones escolares, los niños desean jugar, pero siguen siendo muy susceptibles a los cambios en su entorno e inclusive éstos pueden afectar su salud mental.

Daniel jugó con Héctor a la pelota y a los muñecos apenas cuatro ocasiones afuera de su casa, hasta que “sus mamás” le prohibieron salir.

“Cuando lo dejaban encerrado, jugábamos a aventarle la pelota por la ventana,  él la cachaba y la traía, como hacen los perritos”, recuerda Daniel.

La casa de Héctor es la penúltima del andador, casi al fondo de la calle. Tiene enrejadas puertas y ventanas, las cortinas siempre están abajo. Afuera sólo hay bolsas de basura, un tinaco y silencio, la mayoría de los días.

Daniel cuenta que un día andaba en el patio de su casa cuando escuchó un llanto infantil ensordecedor. Alarmado, como pudo, se asomó por la ventana.

Era el amigo al que le habían prohibido jugar con él, Héctor, que recibía cinturonazos, una y otra vez, decenas de veces. Los azotes no paraban, caían impunes sobre su cuerpo.

“Luego nos dijo que le pegaban entre las dos, unas 150 o 200 veces, que sus mamás se turnaban cuando se cansaban”.

Aquel día, Héctor se sobaba los muslos y las nalgas agachando la cabeza y esquivando la mirada de su amigo, quien lo observaba horrorizado.

 

LAS DOS MAMÁS

María Guittins Fuentes, de aproximadamente 60 años, y Dania García Oviedo de 35, son veracruzanas. La primera es una afamada médico internista de amplia trayectoria en Martínez de la Torre, en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); la segunda es licenciada en Trabajo Social.

Se conocieron en la clínica 28 del IMSS de Martínez de la Torre, en donde ambas ejercían sus profesiones. Guittins como Subdirectora y García, como Jefa de Personal.

Iniciaron su relación antes, pero el  12 de agosto del 2012 la hicieron pública en sus respectivas cuentas de Facebook, donde se documenta su gusto por el buen comer, sus viajes a playas y hoteles del estado, sus viajes al sureste del país. Reiteradamente se muestran sonrientes y enamoradas, vistiendo igual.

El 19 de julio del 2013 Dania García escribió: “Que maravilloso es poder elegir cómo pasar cada minuto de nuestra fabulosa existencia, y poder vivir con amor cada segundo de esta vida. Yo elijo ser feliz. Gracias Dios Padre por el libre albedrío”.

El 12 de noviembre de 2013 reveló: “El amor no necesita ser perfecto…con ser verdadero basta.”

En abril de 2014, ya como familia, la pareja y el niño llegaron a vivir a la vivienda marcada con el número 119 de la calle cerrada San Carlos, ampliación del fraccionamiento El Roble, al suroeste del municipio. La casa que se convirtió en un infierno para Héctor.

De la pareja, los vecinos comentan, que eran solitarias, no saludaban, no tenían relación con los vecinos y salían mucho, mientras que el menor las esperaba, solo y encerrado bajo llave.

 

UN EMBARAZO

La creciente violencia que sufrió el niño coincide con el anuncio que hizo la doctora Guittins del embarazo de su pareja.

El 26 de junio la médico internista publicó en su cuenta de Facebook: “Ahora sí!!! Estamos embarazadas… Felicidades”, y muestra la prueba de embarazo positiva.

Por esos días, Héctor confesó con inocencia a sus vecinos que sus mamás habían empeorado los castigos. Le exigían lavar los dos autos (el taxi con número económico 796 y un particular con placas YKP-8569), lo azotaban hasta 200 veces con un cinturón de cuero, lo dejaban encerrado, con el refrigerador encadenado para que no pudiera sacar comida ni agua.

“Unas cinco veces nos pidió de comer y le llevamos para que no se malpasara, él dormía solito con su perrito french poodle, porque las mujeres no llegaban hasta el otro día”, relata la señora María, una de las vecinas.

A finales de junio, Héctor escapó de su casa. Dos versiones recabadas apuntan que como pudo llegó a las oficinas del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Martínez de la Torre, ubicadas en la colonia La Soledad, a un kilómetro de El Roble.

 

LOS CÓMPLICES

Al llegar allí, Héctor se encontró con el Procurador de la Defensa del Menor, Senén Morales Benavides, quien pidió al jurídico, Felipe Osorio Ríos, atender el caso.

En sus indagatorias, Osorio descubrió que se trataba del hijo de una de sus clientas, la doctora Guittins, a la que había representado en un asunto legal no hacía mucho.

El funcionario decidió devolverlo inmediatamente a su hogar, pese al llanto y a las  palabras de auxilio de Héctor, quien advertía en vano los castigos que le esperaban.

Así fue. Durante julio el pequeño vivió los peores días de su corta vida. Comenzó a recibir golpizas de manera constante. Humillaciones, malas palabras y otros actos que sólo testificaron las paredes, que a ratos dejaban escapar los sollozos que llegaban hasta los vecinos.

 

¡No me quiten la cadena porque me va a ir peor!, si lo hacen me voy a colgar, ya había ido a pedirles ayuda y no me hicieron caso. ¡No me ayudaron!

HÉCTOR A AUTORIDADES

 

El sábado 19 de julio, Daniel, el niño que solía aventarle la pelota a Héctor para entretenerlo, atestiguó otros abusos que sufría su amigo.

“Él se asomó por la ventana y me pidió agua porque tenía sed, se la llevé. Luego me pidió algo de comer. Vine y le hice una torta, pero cuando se la pasé vi que traía una cadena en el cuello con un candado.

-¿A ver qué tienes ahí?, ¿quién te puso eso?, le pregunté.

-Fui yo, dijo Héctor y se escondió asustado entre las cortinas para que no lo viera, recuerda Daniel, “me espanté mucho y le dije a mis papás”.

-¿Qué sentiste al verlo así?

-Muy feo porque un niño no puede estar así, por más inquieto que sea, no se le puede tratar de esa manera. No me imaginé que su mamá fuera tan horrible. Me da tristeza porque no se me ocurre pensar qué tipo de madre puede tener así a su hijo.

Ese día se corrió la voz entre los vecinos. Planearon reportarlo, pero nadie se atrevía a proceder a sabiendas de las relaciones de la doctora Guittins y del pésimo desempeño de las autoridades cuando el menor fue regresado a su hogar por el mismo DIF municipal, cuando reportó el maltrato al que era sometido.

Por la noche, Héctor fue cruelmente golpeado a cinturonazos en más de 140 ocasiones por ambas mujeres, según consta la investigación levantada por la PGJE.

Hasta el siguiente día, el domingo, un indignado padre de familia encabezó al resto para acudir a denunciar penalmente el hecho ante las autoridades. Luego un periódico local difundió la primera información con fotografías sobre la situación del menor. La noticia llegó a las planas de los medios nacionales.

Cerca de las cuatro de la tarde de ese 20 de julio, arribó a la casa de Guittings y García, un grupo de distintas corporaciones conformada por bomberos, el DIF, Protección Civil Municipal, la Agencia Veracruzana de Investigaciones, encabezados por el comandante Ángel Rodrigo Serrano Cabrera donde constataron la situación del niño.

Los bomberos treparon al segundo piso de la casa, abrieron un boquete en la ventana y a la orden del personal jurídico que dio fe de los actos, se introdujeron para efectuar el rescate.

Una vez adentro, el grupo encontró al menor con una cadena que colgaba de su cuello, atada a la chapa de la puerta del cuarto. Sólo vestía un short. En su cuerpo estaban las marcas, producto de las golpizas y castigos recibidos.

Una cama con un colchón viejo y apestoso, un ventilador desvencijado, ropa sucia y restos de comida descompuesta, eran los objetos con los que el menor convivía día con día.

“Fue desgarrador verlo arrinconado como un animalito temeroso, llorando, sin camisa, en chanclas, jalándose los pelos, cruzando sus bracitos, indefenso, pidiendo clemencia porque sus mamás lo iban a volver a castigar si lo sacábamos de allí”, recuerda uno de los rescatistas.

La crisis nerviosa evidenció lo grave que estaba Héctor. Impotente gritó: “¡No me quiten la cadena porque me va a ir peor!, si lo hacen me voy a colgar, ya había ido a pedirles ayuda y no me hicieron caso, ¡No me ayudaron!”

 

LA PAREJA SIGUE LIBRE

El menor fue llevado a Xalapa, la capital de Veracruz y sede gubernamental. Los médicos que lo revisaron determinaron que el niño padecía de una severa depresión, desnutrición, golpes contusos y laceraciones.

La procuradora de la Defensa del Menor, la Familia y el Indígena, Adelina Trujillo (originaria de Tlapacoyan, municipio vecino de Martínez de la Torre), aseguró que el menor estaba siendo atendido y que se estudiaba entregarlo en custodia a su familia paterna o materna que habían acudido a reclamarlo.

“De ella no se espera mucho por acá, la conocemos muy bien”, comentó una reportera de la radiodifusora local.

El homólogo de Adelina Trujillo a nivel municipal, Senén Morales, el primero con quien el niño acudió a pedir ayuda, se ha negado a declarar, apela a la secrecía de la investigación “para salvaguardar la dignidad del menor”.

Así como él, quien no atendió el llamado de auxilio de Héctor, la pareja y madre de Héctor, María Guittins y Dania García a más de quince días de lo ocurrido están libres y hacen su vida normal.

Aun cuando en los medios se informó que la pareja había huido y que eran buscadas por las autoridades de la Agencia Veracruzana de Investigación (AVI), el reportero local Fernando Muñoz constató que las mujeres nunca huyeron, han sido vistas y grabadas en su domicilio. (http://msnoticias.com/notas.asp?id=104401)

María Guittins y Dania García fueron denunciadas por un paquete de presuntos delitos que incluye, además del maltrato infantil, privación ilegal de libertad, lesiones, omisión de cuidados y violencia intrafamiliar.

Pese a ello, y en lo que parece ser ya un acto más de impunidad, el Director Jurídico del Ayuntamiento de Martínez de la Torre, Richard Torres Ramírez, recientemente declaró que el delito en que incurrió la pareja “no es grave”, y aunque la penalidad que puede alcanzar el maltrato a menores es de seis años, adelanta: “las agresoras podrían salir “bajo fianza”.

 

¿VIOLENCIA GENERA VIOLENCIA?

Para el terapeuta e integrante de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, Enrique Ortiz Méndez, la pareja victimaria del menor pudo haber sufrido violencia física en alguna etapa de su vida, lo que fue reflejado en el trato al  infante.

“Existen varias aristas, pero es una violencia inconsciente que se aplica sobre el niño pero se podría sospechar de un cierto grado de violencia en estas dos personas que las hace repetir esta conducta en contra del niño”, explicó.

Una imagen posteada por Dania García a su cuenta de Facebook parece darle la razón. En ella se lee: “Reglas de la casa. Regla número 1, mamá siempre tiene la razón. Regla número 2, si mamá está equivocada lea la regla 1”.

 

EL DAÑO ESTÁ HECHO

José Sarmiento Morales, uno de los periodistas que ha seguido el caso y constató la impunidad de esta pareja, consideró que el hecho ha causado consternación en Martínez de la Torre y que ha dado pie a un linchamiento en redes sociales hacia estas personas, sobre todo a la doctora que es muy conocida en la zona.

Para el comunicador, este hecho ha dejado más de una lección, a la sociedad y a los reporteros.

“Al principio actuamos con la vena periodística y decimos: ‘hay que sacar la nota’, pero no medimos el daño que le podemos hacer al niño, uno más del que ya le hicieron estas mujeres, ya que existen protocolos sobre los derechos de los niños y las niñas, ahora con Internet todo queda documentado. Héctor dentro de cinco ó 20 años va a encontrar esta información en Internet”, lamenta.

 

DIF OÍDOS SORDOS

Por estos días, el DIF Municipal y su presidenta, Esperanza Velázquez de Olivares refuerzan su presencia en medios. En los seis periódicos y semanarios de la región, aparecen los comunicados destacados: “Agradece Esperanza Velázquez confianza de la ciudadanía”, “DIF y AA organizan pláticas dirigidas a jefas y jefes de familia”, “Aplicamos políticas de beneficio e inclusión social: Esperanza Velázquez”, “Invita Ayuntamiento al Programa Integral de Prevención del Delito”.

El de Héctor no es el primer caso que se hace público en Martínez de la Torre, hace algunos años se registró un caso en la localidad María de la Torre, hoy  los reporteros locales andan tras la pista de unos abuelos que golpean a una menor con discapacidad.

Hace poco fue visto Gilberto Alejandro Esparza, padre de Héctor, merodeando la casa de las agresoras. Cuando éstas llegaban, lo vieron; aterradas recularon y se fueron del lugar. Gilberto ya reclamó la custodia del menor y está a la espera de la determinación de las autoridades para saber si recupera a su hijo antes que cumpla nueve años.

La señora María, vecina de Héctor dice con pesar: “Él es solo un niño bueno, quiere  jugar, ser feliz, sólo eso, ¿Por qué le hicieron tanto mal?”.

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