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Hockey en tiempos de guerra y virus

En 1918 los periódicos canadienses recomendaban a sus lectores que se lavasen las manos, hicieran una dieta sana, buscasen remedios naturales y evitasen el contacto humano “ante la aparición de una peligrosa enfermedad que se transmite escupiendo, tosiendo y estornudando, de modo que lo mejor es evitar las multitudes, no ir a las boleras, no beber de las mismas tazas y copas que otros, y no secarse las manos con las mismas toallas”. Pero el consejo pasaba casi inadvertido en pequeñas columnas. Los grandes titulares eran para el comienzo de la nueva temporada de la NHL, tan solo la segunda de la historia.

Unos meses después, en la primavera del 19, los Montreal Canadiens se trasladaron a Vancouver, tras haber derrotado a los Ottawa Senators, para disputar la Stanley Cup (llamada así en honor de Lord Stanley, un inglés, gobernador general de Canadá entre 1888 y 1893). En el quinto partido, que ganaron losquebequeses, su estrella Joe Hall se desmayó sobre el hielo, y al día siguiente varios jugadores más empezaron a toser.

En la nueva temporada todos los equipos canadienses van a jugar en una misma división

La serie estaba empatada con dos victorias por bando y un empate, y nunca llegó a concluirse. Los Canadiens propusieron retirarse, pero Seattle (ganador del título dos años antes) no quería triunfar de esa manera, y prefirió que quedara vacante. La mayoría de enfermos se recuperaron, pero no así Joe Hall, un nativo de Manitoba, que falleció poco después, a los 37 años de edad, tras haberse convertido la gripe en una neumonía. Jugador combativo, su nombre figura en el Salón de la Fama del hockey sobre hielo.

Un siglo después, otra pandemia también ha alterado la NHL pero no la ha detenido. La campaña pasada se concluyó en dos burbujas, una en Edmonton y otra en Toronto, y la victoria del equipo de una ciudad casi caribeña, el Tampa Bay Lightning (su segunda Stanley Cup). La que comienza la semana que viene se va a disputar en cuatro grupos regionales y con el calendario reducido de 82 a 56 jornadas para minimizar los viajes, todos los equipos canadienses en la misma división, y sin espectadores en los estadios. Esto último no es tan distinto que en 1919, cuando por término medio menos de un centenar de aficionados asistían a los partidos. Eran otros tiempos y el salario mínimo de un jugador no era, como ahora, de 700.000 dólares al año.

En la primera guerra mundial, hubo presiones para que se cambiasen los sticks de hockey por rifles y bayonetas, pero se decidió que el show continuase para estimular la moral colectiva, a pesar de que racionamiento de gasolina dificultaba los desplazamientos. Muchos jugadores se alistaron sin embargo y murieron en la batalla del Somme y otros escenarios europeos, incluidos varios integrantes de los Winnipeg Falcons. Los que regresaron vivos se encontraron con que jugadores más jóvenes los habían reemplazado, y las autoridades solo querían concederles licencias como veteranos.

En la segunda guerra mundial, Canadá no impuso un reclutamiento obligatorio para combatir en el extranjero, debido a la oposición de los políticos de Quebec, que simpatizaban con el régimen francés de Vichy, y de los de las Grandes Praderas (Winnipeg, Sasketchawan, Alberta y Manitoba), que necesitaban mano de obra joven para trabajar los campos. Más tarde estableció una especie de servicio militar del que estaban exentos los casados, los mayores de una cierta edad y quienes tuvieran profesiones consideradas vitales. Aunque muchos jugadores acabaron combatiendo (y 72 perdieron la vida), a la mayoría se les encontraron trabajos en bases militares de Canadá, astilleros y fábricas de municiones, y participaron en una liga militar que hizo sombra a la NHL. Los Toronto Maple Leafs incorporaron a su pretemporada un cursillo de manejo de armas de fuego. En 1939, cuando Canadá entró en la guerra, cinco de los siete equipos de la NHL eran canadienses (ahora son minoría), lo mismo que casi la totalidad de jugadores (ahora está llena de estadounidenses, rusos, escandinavos y checos). Las plantillas se redujeron al ir muchos jugadores a la guerra, y se eliminaron las prórrogas. El nivel y el promedio de edad bajaron mucho (llegó a decirse que era una liga de niños), pero la gente quería divertirse y llenaba los estadios. La conflagración produjo un cambio de guardia, del que salieron reforzados los Maple Leafs y los Canadiens, que dominarían las siguientes décadas.

Hace poco una encuesta preguntó a los canadienses cuál era el acontecimiento histórico más importante, y la victoria enhockey sobre la URSS en 1972 quedó por delante de la participación en la II Guerra Mundial.

Tradición

La NHL ha conseguido salvar la temporada, pero no así la tradición de que cada jugador del equipo campeón, el entrenador y el preparador físico tenga para sí durante 24 horas la Stanley Cup y haga con ella lo que quiera (la copa está muy viajada, habiendo ido a Helsinki, a Moscú, a Suecia y a localidades canadienses remotas con nombres como Calahoo, Kapuskasing, Kitchener y Moose Jaw). Algunos la han llenado de raviolis, la han utilizado como un samovar ruso o como pila bautismal para bautizar a un bebé. Otros la han tirado a la piscina, o la han perdido en una calle de Montreal.

*LA VANGUARDIA

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