Search
Viernes, 18 de Setiembre de 2020
  • :
  • :

Inocencia sin zapatos deambula por colonias

Vecinos comentan que estos niños llevan varios años por esos rumbos, nadie les hace caso

 

POR ROSA VÁZQUEZ/ EXCLUSIVA

 

Jaime García no tiene más de 10 años, su lenguaje es poco desarrollado y su mirada melancólica. A la gente del Sumidero ya no le sorprende verlo caminar con su hermana, ambos con la cara sucia, la ropa rota y los pies descalzos.

Bastó una seña para que Jaime cruzara la calle corriendo a toda prisa, sin ver a los lados o desconfiar de los extraños como comúnmente los padres enseñan a sus hijos. Jaime sólo se aventó a la acera con la esperanza de que le entregaran algo de comida.

Le hice un par de preguntas, no conoce de calles ni colonias, para explicar donde vive sólo dice: “acá arriba, donde está la bodega, en la calle esa, hasta atrás en la casa azul”, habla con dificultad y las manitas abajo, su cabello luce sucio y sus ojos con lagañas.

¿Por qué no traes zapatos?, responde rápido apretando la moneda que lleva en sus manos “me dan zapatos y mi hermano los quita y me los regresa rotos?

¿Y dónde están tus papás? “Mi mamá en el rancho con otro hombre, mi papá no sé”, después dice que vive con su papá pero él se va y les deja 20 pesos.

Algunos de los vecinos ya ni les creen ni les dan, dicen que comenzaron a recorrer las calles de la colonia desde hace dos años, eran más pequeños pero nunca han querido hablar mucho.

Pocos les han preguntado su nombre y hay quien a pesar de conocer un poco de su situación continúa otorgándoles un vaso con agua, una pieza de pan o los zapatos usados que dejaron sus hijos.

Dice que tiene dos hermanas y dos hermanos, él parece ser el tercero, la hermana más pequeña es la que lo acompaña pero no cae tan rápido a la llamada de otras personas, ella se queda sentada en un lugar de venta de café y pan donde a veces les dan un poco de comida.

De una casa cercana sale una mujer joven con el abrazo arriba mostrándoles un par de zapatos, la niña corre por ellos y se sienta de inmediato a ponérselos.

Ana, una vecina de la misma calle dice que ella prefiere ya no darles ropa o zapatos sino comida: “hace como un año los vi así como ahorita descalzos y fui y les compré zapatos, unas sandalias a ella y unos tenis a él, a la semana los volví a ver descalzos”.

La mujer cuenta que cuando les preguntó dónde estaban los zapatos que les había regalado, la niña le dijo que su mamá los había vendido porque estaban nuevos. Desde entonces no les volvió a regalar zapatos.

Otro vecino, comerciante del lugar, cuenta que al principio los niños pasaban pidiendo comida en compañía de dos ancianos, ambos con ropa sucia y descalzos como ellos. Dicen que el señor murió y por eso dejó de salir a la calle con ellos.

Jaime promete regresar a buscarme cuando le prometo llevarle ropa, se le alegran los ojos y vuelve al lugar del café y el pan a sentarse con su hermana. Se han convertido en un paisaje cotidiano del sumidero, hasta donde las autoridades no entran y los vecinos ya no saben si darles donaciones porque nunca han visto el rostro de sus padres y aunque les dan ropa y calzado, siempre regresan con prendas echas trizas y pidiendo más comida.

 

 

 

Comentarios

comentarios




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *