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‘Juanito Pistolas’, entre dunas y el mar Rojo

Al momento de circular con su motocicleta por las orillas del mar Rojo, el mexicano Juan Pablo Guillén tuvo la sensación de frenar y bajar a disfrutar el hermoso paisaje. Aquella imagen le pasó a toda velocidad como las que se acumularon durante el sueño de las dos intensas semanas que marcaron su primera participación en el Rally Dakar

Guillén Rivera, conocido en el mundo del motociclismo como Juanito Pistolas, concluyó la demandante competencia ubicado dentro de los primeros 50 competidores.

Los lugares por los que pasamos eran mágicos. Nunca había visto en mi vida algo así, con ganas de detenerme o voltear a ver… ¡eran unos lugares preciosos!”, expresa Juan Pablo Guillén aún con la adrenalina a tope, luego de unas horas de convertirse en apenas el quinto nacional que completa el Rally Dakar y el primero que lo hace en Arabia Saudita como sede.

El piloto capitalino de 43 años no perdió la concentración ante el atractivo natural que lo acompañó durante su trayecto  de 71 horas en motocicleta durante las 12 etapas.

Terminó en el lugar 48 entre 142 competidores que iniciaron y de los que sólo 63 de ellos concluyeron.

Fueron muchos kilómetros y muchas horas. Me duele la espalda  y las manos no las puedo cerrar. Tuve un momento para encontrarme, para reír y llorar todo el tiempo ahí arriba de la moto”, expresa durante la videollamada en la que presume orgulloso su medalla “Me bañé con ella y no me la voy a quitar ni para dormir”, agrega mientras la muestra por la cámara.

En su llegada a la meta no podía dejar a un lado sus raíces mexicanas. Una situación que marcó los momentos finales de la competencia, así como la premiación.

A mí siempre me han gustado los jorongos, luego me compré un sombrerito y decidí ponérmelos para decir que soy orgullosamente mexicano”.

En su deseo de competir y acabar la competencia tuvo un motor más poderoso que el de su inseparable motocicleta con el número 35.

Mi inspiración y mi motivación fueron mis hijos, Decirles y demostrarles que todo se puede lograr con esfuerzo, pasión, horas de esfuerzo y sudor.

Mis niños  lloraron ahora que hablamos por teléfono. Les hice unas camisetitas iguales como las que yo usé en la carrera y me mandaron sus fotos, estaban muy emocionados.

También mi esposa lloraba, ella me ha apoyado desde que empecé con esto. Me he tenido que ir semanas de casa para cada entrenamiento y ella me apoyó.

El motociclista mexicano dijo que logró ir de menos a más en el Rally Dakar y al momento de ir escalando posiciones le motivaba en cada una de las etapas.

Quería medirme con los mejores, obviamente también acabar mejor. Al final no quise arriesgar de más para evitar alguna caída o que se pudiera descomponer la moto. Ya para mí fue un alivio estar en los 40, junto a los mejores del mundo que son profesionales en esto y que yo sólo lo hago por hobbie.
Me siento muy feliz y satisfecho de todo lo que ha pasado. Todavía no me la creo, son muchas emociones… estoy viviendo un sueño”.
Tambien hubo momento para la reflexión y es que el día que concluyó la competencia, se informó del fallecimiento del piloto francés Pierre Cherpin, en la otra categoría de motos, Original by Motul.

Es algo con lo que sales, los temores en la mañana. Yo me encomendé a todos los ángeles. Es un deporte donde no puede haber un margen de error ya que hasta  una piedra o el polvo pueden provocar un accidente. Es un riesgo que todos aceptamos  y por eso estamos aquí”.

LA BURBUJA ÁRABE

A Juan Pablo Guillén le tocó ser testigo del primer Rally Dakar bajo la nueva normalidad a la que ha obligado la pandemia de covid-19. Si bien fue un proceso exitoso el que vivió, encerrado en un tráiler las dos semanas, también le hubiera gustado tener una convivencia más cercana con los otros competidores.

Todos llegamos en vuelos charter y 72 horas antes de tomarlo teníamos que hacernos una prueba, desde ahí empezaba la burbuja. Luego llegamos a Arabia y estuvimos otras 72 horas encerrados hasta que diéramos negativo en el test, entonces ya podías pasar a lo que es el campamento. Lo cuidaron bien desde el principio. Durante la carrera todo mundo estaba con mascarillas y geles. En el comedor estaba seccionado para que no hubiera mucha gente, cada mesa con un máximo de tres personas.

 No hubo el tema social, me hubiera gustado conocer a los ídolos, pero eso no se pudo hacer por la nueva normalidad.

Viví dos semanas en un camión, ahí había cocineta, baño y regadera. Todo el equipo fue como una familia, son los que me ayudaron en el día a día para poder seguir buscando el objetivo”.

MÚSICO FRUSTRADO
La pasión por las motos la tuvo desde su infancia, pero la posibilidad de tener una, no era un tema que se tocara en la familia. Fueron otras actividades, como la música y el futbol, con las que creció.
Una vez estaba con mi hermano viendo la televisión y vimos unos chavos saltando con la moto. Nuestros papás nunca nos dejaron, estaban prohibidísimas. Ya cuando estábamos más grandes, no pudieron hacer mucho al respecto”.
Fue en 2002, ya a los 25 años, cuando pudo cumplir su sueño,
Empezamos en el monte con unos amigos y luego en el Campeonato de Enduro. Una cosa nos llevó a la otra. Nos fuimos enganchando en ese medio y ahora ya estamos aquí”.

El Rally Dakar aparecía como una meta lejana, pero nunca bajó los brazos. Se fue a radicar junto con su esposa y tres hijos a España para poder participar en las pruebas previas que se realizan en África.

Ha sido mucho sacrificio. Te tienen que aceptar, tienes que clasificar  y luego buscar patrocinadores. “Después te mandan esa carta en la que te dicen que te han aceptado, ésa la tengo desde julio del año pasado y a todo mundo se la presumía, fue mi primer gran logro. Luego cuando subieron mi foto y cuando subieron mi número 35, es algo que nunca olvidaré.”

Juan Pablo Guillén cuenta que durante su preparación también se enamoró del ciclismo y no olvida otro de su grandes hobbies que es tocar la guitarra.

Soy un músico frustrado, mi mamá nos inculcó un instrumento desde chico y me decidí por la guitarra.

Lo hago por pasión y por hobbie. Tenía un grupo, tocábamos en fiestas y en bares; también en mi boda toqué, siempre que puedo lo hago, como en el bautizo de mis hijos”.
Cuenta el origen del apodo de Juanito Pistolas, que le ha hecho famoso en el mundo del motociclismo.
Salió de algo muy chistoso.  Hace tiempo, cuando abrí mi primer email, un amigo me ayudó porque no sabía cómo hacerlo. Él me decía Juan Pistolas y así le puso a mi cuenta, así lo mantuve usando. Una vez llegué a un rally en España y preguntaron: ‘¿quién es Juan Pistolas?’ se empezaron a carcajear.  Aquí en España me dicen Juan Pistolas y decidí que mi cuenta de Instagram fuera Juanito Pistolas, nunca me imaginé que fuera a ser mi apodo”.

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